Mujeres en la revolución de 1820

Defendieron con su presencia y pluma valores de libertad y la Constitución


Invisibles, pero no ausentes. El 21 de febrero de 1820 en A Coruña militares y paisanos liberales detuvieron a las autoridades absolutistas y proclamaron la Constitución de 1812.

Un grabado, conservado en el Archivo Municipal coruñés, refleja lo que sucedió. Al fondo de la escena se ve la fachada del palacio de Capitanía, marcando el reloj las 12.30 horas del mediodía. En uno de los balcones del segundo piso, un hombre agita un pañuelo. Es el teniente coronel José Aranda, uno de los cabecillas de la rebelión, que da la señal para asaltar el palacio. En la plaza, diferentes figuras, siguiendo el plan previsto, se encaminan hacia la entrada. Unos llevan sombrero hongo, prenda empleada por comerciantes y burgueses; otros portan el bicornio militar. Alzan sus espadas y se juegan la vida por la libertad. Vemos como los más adelantados y decididos, los paisanos José Varela y José Regal, agarran a uno de los guardias para que no dispare más con su fusil. Sabemos sus nombres por la Relación histórica de los acontecimientos publicada en 1820 por el capitán Urcullu. Y al mismo tiempo que los liberales entran por una de las puertas, por la otra escapan dos eclesiásticos con capelo, simbolizando a los serviles o partidarios del absolutismo. También en la plaza están dos mujeres. En ningún relato histórico aparece mencionada su presencia.

 Pero el autor del dibujo las representó entre el reducido número de personas que sabían lo que iba a ocurrir y que participaron en la revolución. Si nos fijamos, una va vestida con sobriedad, cubriendo su cabeza con una mantilla de paño; en cambio la que parece más joven lleva un vestido camisa estilo imperio. Se trata de un traje de una sola pieza, de muselina y organdí, estéticamente inspirado en la antigüedad clásica greco-romana y que se puso de moda con la revolución en las décadas iniciales del siglo XX, especialmente entre la burguesía; fue un estilo que dio más salud y libertad a las mujeres, ya que se pudieron librar de cotillas, que oprimían el torso, y tontillos, armazones para ahuecar las faldas, típicos de la moda aristocrática del siglo XVIII, dándoles un aspecto ligero y elegante de ninfa. Por los gestos de esas mujeres podemos suponer que forman parte de las familias burguesas o militares que vivían en A Coruña contrarias al absolutismo y partidarias del liberalismo.

Una poetisa

De todas las mujeres que ese día estuvieron con los revolucionarios conocemos un nombre: Joaquina Calzada. Llegó a la ciudad siguiendo el destino de su marido, el coronel Juan Manuel Ausel, participante en la rebelión. El día 22 compuso y publicó un poema, en cuatro estrofas, en octavas italianas, titulado Canción por un Patriota, animando a la lucha contra los serviles, que fue recogido y alabado por Urcullu en su Relación. Poco más sabemos de ella, salvo que publicó otros dos poemas y está incluida en las relaciones de escritoras y poetisas españolas. ¿Y el niño de la imagen? Es el futuro y por él hacen la revolución.

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