«El humor transgresor es como la música de vanguardia, me agota»

El humorista Juan Carlos Ortega presenta en A Coruña y Vigo «Relatividad general», un show en el que repasa, desde su muy personal punto de vista, 14 sentimientos


Se confiesa introvertido, curioso y solitario. Juan Carlos Ortega raba los programas radiofónicos desde su propia casa, superponiendo en capas infinitas efectos y voces. Las de los variopintos personajes de sus delirantes sketches. También dibuja y escribe libros de divulgación científica. Para muchos es un humorista de culto. Él prefiere, sencillamente, ser un poco humorista y un poco culto.

­-Las dos palabras que más se citan cuando se habla o se escribe de usted son «absurdo» y «surrealismo».

-Lo de absurdo, bueno, lo puedo entender. Pero lo de surrealista... Yo creo que lo que hago, en realidad, es humor súper realista. Me gusta que los personajes y las historias parezcan muy reales. Que todo parezca real, pero que siempre asome una nota que desentone un poco.

­-Uno de los personajes a los que más recurre es a las personas mayores.

-Sí, me gustan por dos cosas. Primero, porque si un joven dice una barbaridad o algo insólito nos parece normal, pero si lo dice alguien mayor choca mucho. Y segundo porque, por muy raro que sea lo que diga, como es una persona mayor te lo crees. Por eso me funcionan muy bien.

­-Hoy da la sensación de que el humor tiene que ser necesariamente transgresor.

-¡Uy, sí! Eso es horroroso, una pesadez. Me cansa muchísimo. No lo soporto. El humor puede ser transgresor como consecuencia pero no puede ser su causa inicial. Como eso de que no hay que reírse de los de abajo, de que hay que reírse de los de arriba. En todo caso habrá que reírse de los de al lado, de los que tienes cerca. Esta cosa del humorista que viene a criticar al poder, sea este cual sea, me da una pereza brutal. Cada vez más humoristas se pierden en tratar de ser provocadores y olvidan que lo que tienen que hacer es humor bueno que divierta.

-Ya no sé si preguntarle entonces por aquello del «posthumor».

-Me da un poco de vergüenza decirlo, pero no lo conozco.

-Es un concepto que creó el crítico y periodista Jordi Costa para referirse a «la comedia donde la obtención de la risa ya no es la prioridad».

-¡Ah! Lo miraré. Pero da la sensación de que eso vuelve a enlazar con esa idea de transgredir. Es como esos músicos de vanguardia que intentan huir de las armonías. Uf, me cansa. La función de la música es crear melodías emocionantes y la del humor es hacer reír. Y si se te ocurre otra profesión cuyo objetivo no sea hacer reír, ostia, llámale de otra manera.

-Le voy a leer un fragmento de su hoja de promoción y ya me dirá: «La ironía orteguiana, tan fácil de disfrutar como sofisticada en su elaboración, es una gema en el país del exabrupto».

-¡Madre de dios! Supongo que eso lo sacan de entrevistas antiguas o de cosas que dijo alguien. ¿Sofisticada elaboración? Para mí sentarme, inventarme un sketch y grabarlo no es nada difícil de hacer. Y lo de fácil de disfrutar, bueno, hay gente que mi humor no lo entiende ni lo pretende entender. Y están en su derecho también.

-¿Y se siente la gema en el país del exabrupto?

-No todo es exabrupto. Hay cosas buenísimas. Yo disfruto mucho con Faemino y Cansado, con Arturo González-Campos, con Los Especialistas Secundarios, con El Monaguillo, con Javier Coronas... Hay muchísimos buenos humoristas en España.

-¿Y en Galicia? ¿A quién conoce?

-Yo conozco mucho Galicia, he tenido dos novias gallegas. Lo raro es que no viva ahí (se ríe). Sigo mucho los podcast que hace Álex Fidalgo con muchos cómicos gallegos, pero no me pongas en el apuro de tener que decir nombres. De los humoristas gallegos me gusta mucho esa cierta humildad real, no postiza, que transmiten. Hoy hay demasiados humoristas y monologuistas que cuenta las cosas como si estuvieran de vuelta de todo.

-No parece que fuera usted el chistoso de la clase, ¿verdad?

-No, qué va, para nada. Uf, era muy callado. Chistoso no he sido casi nunca. El humor lo empecé a hacer cuando comencé a trabajar en la radio. A mí la gente esa que quiere hacer bromas continuamente... me cansa mucho. Como me cansaría alguien que se pusiera poético todo el rato o que adquiriese cualquier registro como monotema.

-Dice que los chistes suyos que más se han viralizado son los peores.

-Totalmente. Me da mucha rabia. Me suelen decir: «Haces muchas cosas de sexo». Y no, joder. Son el uno por ciento. Pero es que es lo que la gente comparte.

-En el 2017 se definió como un «inadaptado». ¿Cómo va ese proceso?

-Como trabajo solo y me relaciono poco no me hace falta adaptarme. Lo llevo sin mayor problema.

-¿Es la radio su medio favorito?

-Sin duda. Es que me encanta hacer cosas con sonido. Mi hobby es grabar cosas con un microfóno y un ordenador. Y me dedicaría a eso aunque no fuese mi trabajo.

-Ha escrito mucho sobre tópicos, ¿cuál es el que más le irrita?

-Ese de que hemos hablado de que el artista ha de ser transgresor y el humor ha de tener mala leche. Ese me da mucha rabia.

  • A Coruña Sede Afundación, viernes, 20.30, 19,60 euros
  • Vigo Teatro Afundación, sábado, 19.00, 19,60 euros

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