Cuatro alcaldes no han conseguido en 16 años abrir los muelles urbanos de A Coruña

El puerto exterior, operativo desde el 2012, no ha supuesto cambio alguno en la urbe


A COruña / La Voz

El puerto de A Coruña creció sin detenerse durante todo el siglo XX. En los años ochenta se construyó su último gran muelle, el del Centenario. En esos años se empezó a ver que A Coruña no tenía más sitio para extender su puerto, y también que este, con actividades molestas, debería trasladarse y, sobre todo, se empezó a ver que sacar el puerto de la ciudad permitiría recuperar el mar para la urbe y sus vecinos y concebir un nuevo centro urbano con una calidad urbanística similar a la que se estaba desarrollando en viejos muelles de Europa reconvertidos en barrios.

El puerto exterior fue una idea más que acariciada de los años noventa. En el 96 se iba a construir sobre las Yacentes, para ubicarse después en Bens. Iba a costar 100.000 millones de pesetas.

El Prestige precipitó las cosas y facilitó que la ansiada financiación llegase. Gobernaban Francisco Vázquez (PSOE) en A Coruña y Aznar (PP) en Madrid, y aquel nuevo puerto se puso en marcha. Con las obras nació también un convenio (2004) que a día de hoy no ha sido todavía revisado. Más allá de las críticas por la edificabilidad prevista, lo cierto es que han pasado 16 años desde entonces sin que se hayan actualizado unos planteamientos que, solo con los cambios vividos a nivel de movilidad y de diseño urbano en la última década, se han quedado obsoletos.

Vistas del puerto de A Coruña
Vistas del puerto de A Coruña

En tiempos de Vázquez se inició la obra que iba a permitir derribar el muro de cuatro kilómetros que separa la ciudad del mar. Finalmente Langosteira avanzó, pero el muro siguió en su sitio.

Le sustituyó en el cargo Javier Losada (PSOE), hoy delegado del Gobierno. Era el año 2006 y la idea de abrir la ciudad al mar no cayó en el olvido. Es más, durante aquellos años el gobierno local se planteaba la inminencia de la mudanza. En el 2008 estaba previsto que los coruñeses pudieran pasear por Batería y Calvo Sotelo, pero a día de hoy por esos céntricos muelles, con el doble de superficie de los jardines de Méndez Núñez, quienes pasean son, básicamente, las gaviotas, pues apenas queda actividad industrial. A un lado, el tráfico espeso de Linares Rivas, al otro, el silencio y la tranquilidad de miles de metros cuadrados de puerto sin uso. Losada no logró abrir los muelles, ni tampoco se llevó a cabo entonces ningún intento de cambiar los convenios del 2004 o de retocar el planeamiento para la fachada marítima.

La marcha de Repsol

Desde el 2011 gobernó A Coruña Carlos Negreira (PP). El regidor popular tampoco olvidó el proyecto. Fue el primero en pensar que Batería debería quedar fuera de los planes de urbanización comercial y de oficinas, y llegó a plantearse construir allí una gran biblioteca. Negreira remodeló la Marina y el Parrote y abrió la puerta a la marcha de Repsol al puerto exterior, firmándose entonces el convenio para su traslado parcial. Pero Negreira tampoco consiguió mover ni un milímetro los muros del puerto. Pese a que Langosteira estaba operativo desde el 2012 y la actividad empezaba a trasladarse allí, los viejos muelles seguían igual.

La llegada de Xulio Ferreiro (Marea) en el 2015 se tradujo en una sucesión de enfrentamientos entre Ayuntamiento y Autoridad Portuaria, una situación tensada desde María Pita, que exigía cesiones sin contraprestación alguna y que incluso se negó a pagar obras comprometidas anteriormente por el consistorio en la Marina. Los ataques constantes desde el Ayuntamiento solo sirvieron para cortar toda relación: el muro del puerto se mantenía más firme que nunca.

Todavía está por ver qué hará el gobierno de Inés Rey (2019) para cambiar las cosas. La intención la tienen, pero nadie ha concretado aún cómo se abrirán Batería y Calvo Sotelo, ni cuándo.

Del sueño de Langosteira a la espera de una fecha para hacer mudanza

Los muelles interiores y San Diego suman cerca de un millón de metros cuadrados, un espacio con el que sueñan desde hace décadas los políticos que ven allí el lugar natural de crecimiento de la urbe en un lugar privilegiado. Para poder usarlos, hay que sacar la actividad de allí. 

A las yacentes

Con isla artificial. Presidía el Puerto en los noventa Jesús Pintos Uribe cuando se sugirió crear un gran puerto sobre las Yacentes, una especie de isla artificial completada con un puente de seis kilómetros entre A Coruña y Mera.  

A Bens

100.000 millones de pesetas. A Pintos lo sustituyó Páramo Neyra y el puerto exterior previsto se trasladó teóricamente a Bens. Iba a costar 100.000 millones de pesetas. Era 1996.  

A Langosteira

Consejo de Ministros. El Prestige trajo a A Coruña un Consejo de Ministros, en el 2013, y con él el dinero para el sueño. Habría fondos para un puerto que se haría en Langosteira y vaciaría los muelles urbanos.  

Busquets

Un diseño cerrado en el 2006. El puerto exterior se inició en el 2005 y está operativo desde el 2012. En paralelo, el Ayuntamiento encargó al prestigioso urbanista Joan Busquets un plan para los muelles interiores. Hoy el puerto exterior funciona, pero nadie ha retocado los planes de Busquets, no se ha encargado otro planeamiento ni se han resuelto las dudas financieras del Puerto. Así, los muelles siguen cerrados y sin fecha de mudanza.

Una ciudad incompleta: ¿A qué espera A Coruña para llegar al mar?

Eduardo Eiroa

Los muelles interiores siguen cerrados pese a que el puerto exterior funciona desde el 2012

El hecho de que A Coruña sea una península es algo que los coruñeses solo pueden constatar sobre el terreno de modo parcial. El agua se puede tocar por la zona norte y oeste del municipio, pero solo se la intuye al sur y al este. Un muro de 3,8 kilómetros de longitud separa a los vecinos del océano. Entre el muro y el agua, casi un millón de metros cuadrados de suelo público que, a estas alturas, tendría que estar ya incorporado a la malla urbana de la urbe.

Para ello se construyó el puerto exterior -entre otras cosas- y por eso la ciudad se subió al carro de las grandes urbes europeas que buscaban recuperar su mar. Barcelona, Róterdam, Oslo, Génova, Marsella, Hamburgo y Bilbao están en esa lista. A Coruña todavía no, y además no hay ni fecha ni plan concreto para que caiga ese telón de casi cuatro kilómetros y las calles y las zonas verdes se extiendan hacia la lámina de agua. 

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