«Sigue existiendo un estigma sobre la enfermedad inflamatoria intestinal»

Fernando Molezún A CORUÑA

A CORUÑA CIUDAD

La doctora Teresa Diz-Lois ofrece mañana una conferencia en Afundación, dentro del ciclo Charlas Saludables

16 feb 2020 . Actualizado a las 23:32 h.

Mañana tendrá lugar a las 20.00 horas en Afundación una nueva entrega del ciclo Charlas Saludables que organiza la Xerencia de Xestión Integrada de A Coruña y Cee con La Voz de Galicia. En esta ocasión será la doctora Teresa Diz-Lois, médica adjunta del Servicio de Aparato Digestivo del Chuac, la que aborde el tema de la enfermedad inflamatoria intestinal, una dolencia sobre la que existe mucho desconocimiento que abarca la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa y la llamada enfermedad inflamatoria intestinal no clasificada, «que son casos que no cumplen exactamente los criterios de las dos anteriores, pero es minoritaria», aclara la doctora.

—¿Qué planteará en la charla?

—Lo fundamental es dar visibilidad a las personas que padecen esta enfermedad, porque muchas veces se lleva con miedo y con reparo, por temor a que no se comprenda, ya que sigue existiendo un estigma social sobre ella. Y es fundamental saber afrontarla, algo que es muy difícil porque suele ser gente muy joven la que la padece, lo que le suma dramatismo a la enfermedad. Se trata de una dolencia crónica que tiene su pico principal de incidencia entre los 20 y los 30 años, aunque la colitis se extiende un poco más allá. Hay también otro pico de prevalencia entre la gente mayor, pero de una relevancia muy inferior. Por eso es necesario darles esta visibilidad, que se entienda cómo es su enfermedad y ayudarles a sobrellevarla y, sobre todo, a asumirla y superarla.

—¿Es una enfermedad grave?

—El espectro es amplísimo, desde casos leves que prácticamente no necesitan casi tratamiento, y que son los menos, hasta casos realmente graves, que necesitan cirugía, ingresos hospitalarios, que tienen una actividad inflamatoria continua que no responde a los tratamientos. Puede llegar a ser muy grave.

—¿Hasta el punto de resultar incapacitante?

—Desde luego. Para algunos pacientes, en momentos determinados, es totalmente incompatible con hacer una vida normal. De hecho es una causa de incapacidad. Hemos visto casos en los que les era imposible mantener un trabajo, les terminaban echando porque les era imposible estar al cien por cien cuando tienes una crisis. Es muy complicada la vida laboral en muchos casos. Afortunadamente en muchos pacientes conseguimos con el tratamiento que la enfermedad esté inactiva y que puedan llevar una vida totalmente normal.

—¿Qué produce esta enfermedad?

—La causa no se sabe, pero vamos teniendo algunos datos sobre el mecanismo por el que se produce y los factores que pueden asociarse. No es que sean factores determinantes, que si se dan aparece la enfermedad, pero sí que implican un riesgo mayor de que la pueda uno padecer. Unos son genéticos y otros son medioambientales, como por ejemplo el tabaquismo o el uso de antibióticos. Eso desencadena un mecanismo inmunitario de daño intestinal, nuestro sistema inmunitario se activa anómalamente contra el tejido intestinal y produce lesiones, úlceras e inflamación. Así que el mecanismo es inmunitario, y lo que lo desencadena exactamente todavía no lo sabemos. Y por otro lado, también hay factores que parecen proteger contra la enfermedad, como la lactancia materna.

—¿Puede hacerse algo para prevenirla?

—En tema de prevención estamos todavía en pañales, aunque va habiendo estudios que parecen dirigir por dónde irá el camino en este sentido. Pero todavía está muy verde. Eso no quita que todas las medidas saludables, una buena dieta y evitar malos hábitos, pueda ayudar en su prevención, claro, pero no podemos hablar de nada definitivo.

«Aunque suenen radicales las intervenciones quirúrgicas pueden ser una liberación»

La enfermedad inflamatoria intestinal cuenta con cada vez más y mejores tratamientos, aunque todavía queda mucho que avanzar: «En estos últimos años estamos asistiendo a una revolución en este sentido con los tratamientos biológicos. Cada vez tenemos más armas pero hay que seguir investigando», asegura la doctora Diz-Lois.

—¿Cómo son estos tratamientos?

—Son tratamientos inmunosupresores, que controlan las defensas. Y tienen sus efectos secundarios, como favorecer la aparición de algunas infecciones. Además hay que decir que no tienen un alto porcentaje de eficacia en cuanto a la desaparición de las lesiones inflamatorias. Por eso algunos pacientes van de un tratamiento a otro sin que consigamos dar con el adecuado. Hay muchos avances, pero todavía nos queda mucho por mejorar. Lo ideal sería dar con un tratamiento que curase las lesiones y mantuviese la enfermedad inactiva, pero aun queda mucho camino por recorrer.