Una ciudad incompleta: ¿A qué espera A Coruña para llegar al mar?

Los muelles interiores siguen cerrados pese a que el puerto exterior funciona desde el 2012


A Coruña / La Voz

El hecho de que A Coruña sea una península es algo que los coruñeses solo pueden constatar sobre el terreno de modo parcial. El agua se puede tocar por la zona norte y oeste del municipio, pero solo se la intuye al sur y al este. Un muro de 3,8 kilómetros de longitud separa a los vecinos del océano. Entre el muro y el agua, casi un millón de metros cuadrados de suelo público que, a estas alturas, tendría que estar ya incorporado a la malla urbana de la urbe.

Para ello se construyó el puerto exterior -entre otras cosas- y por eso la ciudad se subió al carro de las grandes urbes europeas que buscaban recuperar su mar. Barcelona, Róterdam, Oslo, Génova, Marsella, Hamburgo y Bilbao están en esa lista. A Coruña todavía no, y además no hay ni fecha ni plan concreto para que caiga ese telón de casi cuatro kilómetros y las calles y las zonas verdes se extiendan hacia la lámina de agua. 

Accesos

Cerrado a cal y canto. El puerto fue durante siglos una parte de la vida de los coruñeses. Durante el siglo pasado se amplió en varias ocasiones, pero no se cerró el paso a los vecinos. Cualquiera podía entrar a recorrer sus muelles y los domingos estos eran lugar habitual de paseo. Todo eso cambió tras el cambio de siglo y, sobre todo, tras el 11-S y el endurecimiento de la seguridad internacional en los puertos. Desde entonces ningún vecino no vinculado al puerto puede acceder a él.  

La oportunidad

Acuerdo en el 2004. Más allá de las críticas al contenido del convenio firmado en el 2004 para la construcción y financiación del puerto exterior, lo que hubo entonces fue un amplio consenso que permitió un hecho de capital importancia en el futuro urbano de la ciudad: el puerto exterior se iba a hacer. De hecho, se hizo. La obra serviría para quitar los petroleros de la ría, las actividades molestas de la ciudad, y para liberar los muelles urbanos e incorporarlos a la urbe.  

Las fechas

Batería y Calvo Sotelo, en el 2008 listos. «Lo que sí es seguro es que las obras estarán en marcha en los primeros meses del próximo año», decía en el 2007 el entonces alcalde, Javier Losada, aludiendo a la urbanización de Batería y Calvo Sotelo. Doce años después, los muelles están como estaban. Nadie aventura hoy cuándo podrán convertirse en espacios a disposición de los ciudadanos.  

Langosteira

Septiembre del 2012. Hace casi ocho años que entró el primer barco a operar a Langosteira. Desde entonces el puerto exterior está operativo y ha crecido en instalaciones y empresas. De hecho, hay una docena de firmas -todas ellas operaban en los muelles urbanos- que llevan tiempo trabajando allí y que incluso han ido ampliando instalaciones. De hecho, en Batería y Calvo Sotelo ya apenas hay actividad industrial alguna y la poca que queda tiene prevista su mudanza. Dice el gobierno local que quiere abrir esos muelles en el 2021 como muy tarde pero, por el momento, no se han dado pasos firmes en esa dirección. El puerto exterior está hecho, pero el muro de los muelles interiores no cae.  

El último avance

Palexco. La última vez que la ciudad arañó metros de puerto fue hace 15 años, cuando se inauguró Palexco. El edificio, muy cuestionado desde su construcción por tapar las vistas al mar, tampoco permitió alcanzar el agua, pero al menos esta se acercó un poco más. Desde entonces la relación entre el puerto y la ciudad apenas ha registrado cambios. Se cedió el faro de Oza, un inmueble menor, y se permitieron las obras de la Marina y el Parrote, zonas ambas portuarias pero que, de hecho, eran ya de uso ciudadano cuando se reformaron.  

La Deuda

¿Quién paga? Uno de los problemas más graves que subyacen a la apertura de los muelles, es el de aclarar quién paga los 304 millones de la deuda de Langosteira. En su día se vinculó la construcción del nuevo puerto exterior con la venta del interior para obtener una parte de los recursos. Por eso, por decisión del Estado, la Autoridad Portuaria suscribió créditos por esa cantidad, que no puede pagar con sus recursos. Hoy la ecuación está así: las Administraciones no quieren vender el suelo, el Puerto no puede hacer frente a los pagos y nadie aclara de dónde va a salir el dinero. En Valencia, con una deuda aún mayor, hay un compromiso del Gobierno de condonarla. En A Coruña no existe tal compromiso y el Puerto, dueño del suelo, no se espera que ceda gustoso sus terrenos si nadie le soluciona el problema financiero. Así, todo está igual, nada se mueve: el muro sigue.  

¿Qué hace falta?

Voluntad. Más allá de los millones y de los planes urbanísticos, lo cierto es que nada impide que Puerto y Ayuntamiento puedan llegar a un acuerdo para la cesión, aunque fuera temporal, de los muelles en desuso, para que estos puedan ser disfrutados por los ciudadanos. La Marina, de hecho, es propiedad del Puerto y es un lugar de paseo, y lo mismo podría hacerse en Batería y Calvo Sotelo. Falta, eso sí, que las partes negocien y se entiendan.

San Diego se vislumbra en el largo plazo y Batería y Calvo Sotelo solo aguardan por un proyecto y una decisión

Durante el pasado mandato las hostilidades abiertas entre el Ayuntamiento y la Autoridad Portuaria cerraron toda posibilidad de alcanzar algún tipo de acuerdo.

Las cosas han cambiado desde mayo del año pasado y hay planes para crear una comisión bilateral dedicada a la fachada marítima. Faltan años todavía para que se concrete la liberación total de San Diego. Repsol se va a llevar una parte de lo que allí tiene, pero esas obras van con retraso. La mudanza definitiva todavía no tiene fecha. Tampoco está nada claro qué hará el ADIF con su estación. El ente público no tiene un plan claro para su estación de mercancías como tampoco lo está si se mantendrá allí algún tipo de tren o no. San Diego suma 394.752 metros cuadrados cuya reurbanización solo se vislumbra a largo plazo. El PSOE del 2004 preveía hacer allí 4.000 viviendas mientras el anterior gobierno local se negaba a edificar ninguna. Todavía no se ha aclarado qué se hará y qué no se hará allí.

Más fácil es encontrar una salida para Batería y Calvo Sotelo. Los céntricos muelles suman 88.393 metros cuadrados, apenas tienen uso y su apertura no interrumpiría la actividad, ya que la Lonja, el Centenario y San Diego están hacia un lado y hacia el otro solo quedarían Palexco y Trasatlánticos.

La liberación de San Diego y Calvo Sotelo permitiría abrir para uso de la ciudadanía una superficie que casi dobla la que tienen todos los jardines de Méndez Núñez, con la Rosaleda incluida. Allí se preveía en el 2004 una urbanización de uso comercial y hostelero hoy descartada, sin que se haya concretado, hasta el momento ninguna alternativa. Sin planes claros, tampoco hay fechas, y en los últimos años se habló de todo menos de planificación.

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