Adiós a las armas, llegan las TIC

Hércules de Armamento abandona la fábrica de armas de Pedralonga, custodiada ya por militares de la Brilat hasta su cesión a la UDC


A Coruña

La fábrica de armas vuelve a estar en manos del Ministerio de Defensa. Será una breve parada antes de emprender el camino para convertir los terrenos de Pedralonga en la Ciudad de las TIC. Aunque sin actividad desde hace años, hasta ahora la fábrica permanecía vinculada, al menos nominalmente, a la industria armamentística. Faltaba que la última concesionaria, Hércules de Armamento, saliese de las naves tras años de impagos del canon y tras fracasar en su intento de reactivar la fábrica.

Defensa recurrió a la Justicia para que Hércules abandonara Pedralonga y el juzgado le dio la razón. La empresa logró retardar durante meses el momento, pero ayer llegó. Los que quedaban vinculados a la empresa optaron por abandonar por las buenas. Poco después de las siete de la mañana salían de las instalaciones, en las que entraron en ese momento Antonio Bernal, delegado de Defensa en Galicia, y Miguel Ángel Corcoba, gestor del área de patrimonio del ministerio en A Coruña. Poco después, según la Delegación del Gobierno, el responsable de Hércules firmaba oficialmente la entrega de la fábrica. Eran las 8.50 horas y se ponía fin a seis años de historia fallida, los transcurridos desde que la empresa ganara el concurso.

La fábrica está en manos militares desde las doce de la mañana del martes. A esa hora, medio centenar de soldados de la Brilat, según el Gobierno, entraron en las naves para velar por la seguridad de ese enclave. Seguramente será de las últimas ocasiones en las que se vean allí militares, porque la parcela de Pedralonga está llamada a convertirse en un polígono de empresas tecnológicas puntero en Galicia.

Larga recuperación

«El Gobierno cumple con su compromiso con la ciudad y sus instituciones, recuperando una concesión que desde el primer momento se tuvo la constancia de que era insolvente», decía ayer el delegado del Gobierno en Galicia, Javier Losada, para quien «el proceso de recuperación culmina de forma especialmente satisfactoria para los extrabajadores, para los coruñeses y para las empresas tecnológicas que podrán disponer de un espacio único para el desarrollo de su actividad», indicó Losada.

La salida de Hércules, pospuesta durante meses por la empresa pero finalmente voluntaria, pone fin también a la vinculación de A Coruña con la fabricación de armas, historia que comenzó en 1937 con la construcción de una fábrica donde hoy está Correos, y que culminó con la fábrica de Pedralonga, inaugurada en 1958. Cientos de familias vivieron de esa actividad en un espacio que, con cine, supermercado y aulas de formación, se convirtió en una pequeña ciudad.

El fin de la fábrica empezó a fraguarse en los años 90 y se aceleró con la venta de Santa Bárbara a la estadounidense General Dynamics.

La americana entró en el 2001 y, tras varios amagos, cerró en el 2013. En A Coruña se fabricaron fusiles, obuses, piezas de tanques y hasta pequeños misiles. Todo eso forma ya parte del pasado.

Aires de cambio

Las instalaciones de Pedralonga empezaron a salir de su letargo el año pasado, y lo hicieron por dos vías. Mientras Hércules prolongaba la agonía, la Universidade da Coruña y el Clúster de las TIC anunciaron su proyecto de crear allí la Ciudad de las TIC. El Ayuntamiento primero y la Xunta después se subieron a ese carro. Esta última generó ciertas con otro anuncio: la posible ubicación allí del nuevo Chuac. El hospital, finalmente, se quedaba donde está y se daba vía libre al nuevo polo tecnológico.

No será inmediato pero la universidad, las empresas y las Administraciones tienen voluntad de que, esta vez sí, sea algo real. El rector, Julio Abalde, confirmaba esta semana el interés de poner el plan en marcha.

El primer paso será la firma por parte de Defensa de la nueva cesión, ya aprobada. El Gobierno estima que se podrá rubricar a finales de este mismo mes o, como muy tarde, a principios de marzo.

Con los papeles firmado la universidad entrará en Pedralonga y se hará cargo de la vigilancia y también de preparar un proyecto —que saldrá a concurso— para recuperar los espacios que sean necesarios para poner en marcha el polígono tecnológico. Los fondos, indicó Abalde, saldrán del Igape, del Estado y de las empresas interesadas, aunque también se solicitarán líneas de ayudas a la Unión Europea para esa actuación.

Cerca de 15 empresas con 2.500 trabajadores están interesadas en instalarse allí, y se espera que al final sean bastantes más en un sector que no para de crecer en la ciudad desde hace años. De hecho, A Coruña y su entorno aportan el mayor número de compañías del ramo en Galicia y generan en torno al 40 % del empleo total, según los datos de la Xunta. Unas 9.000 personas viven de las nuevas tecnologías en el área. La fábrica de armas facilitará que el número siga creciendo.

«Cinema Paradiso» en Santa Bárbara

Rodri García
La sala de cine tiene capacidad para unas 150 personas y entre las sorpresas que ofrece están las dobles vigas del techo.
La sala de cine tiene capacidad para unas 150 personas y entre las sorpresas que ofrece están las dobles vigas del techo.

Cine, gimnasio, grandes aulas y vetustos laboratorios languidecen en Pedralonga

La fábrica de armas de A Coruña, «por las medidas de seguridad que la producción de armamento lleva aparejada, es una gran desconocida para la mayor parte de los ciudadanos». Esto escribió, a finales de los años noventa, el historiador Carlos Pereira Martínez en su libro Fábrica de armas de A Coruña. Seis décadas de historia. Las miles de noticias sobre estas dependencias y las movilizaciones de sus trabajadores no han evitado que para muchos siga siendo desconocida.

Pereira calificaba la publicación como «la primera historia, sintética eso sí, de esta fábrica que tanto ha significado, y significa, para los habitantes de esta comarca (miles de personas trabajaron en ella, centenares de jóvenes estudiaron en su Escuela de Formación Profesional, practicaron de una forma organizada el deporte en sus múltiples equipos, disfrutaron también de sus instalaciones)». Y ahí siguen -en lo que es otra fábrica de armas- el cine, los laboratorios, el gimnasio, las grandes aulas desvencijadas, cubiertas de polvo, con los pupitres apilados y los enormes encerados negros. Son instalaciones que están en inmuebles en cuyo exterior puede leerse: «Edificio fuera de servicio».

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