¿Te atreves con un chuletón de 600 euros?


Lo vi con mis propios ojos. En el interior de una especie de urna colocada sobre el mostrador del local tenían expuesto un chuletón de buey de 6,240 kilos. «Estas piezas no son habituales. Es un espectáculo. Este fue un buey excepcional. Se lo compramos a un ganadero de Carral asesorados por Marcos Gálvez, de Vaca Premium. Fue sacrificado en el frigorífico de Bandeira por Daniel Cochón. Pasaba de los 1.700 kilos en vivo, y en canal casi 900, una cifra a la que llegan muy pocos animales. Es como tres toros de lidia juntos», comenta Leo Cao, copropietario del restaurante Divino de O Burgo, Culleredo, en A Coruña. La siguiente pregunta que le hice fue a qué precio está la carne de buey. «A 95 el kilo», contesta. Es decir, euro arriba, euro abajo, el chuletón que tanto llamó mi atención sale a 600 euros. Leo, que sabe tanto de carnes como de relaciones públicas, me presentó a un cliente habitual del local. Estaba con su familia y se interesó por el monumental trozo de carne. Finalmente lo pidió y entre unos pocos dieron buena cuenta de él. Es decir, hay gente que se atreve con chuletones de 100.000 pesetas. El de la imagen es hermano del otro, pesa cinco kilos y medio y su maduración es de noventa días. Hagan ustedes los cálculos.

POCOS EJEMPLARES

A pesar del precio, no apto para todos los bolsillos, apenas le queda un poco de un lomo de este ejemplar. «Las jornadas que ahora mismo tenemos en marcha son de buey y de vaca rubia gallega, que tiene muchísima aceptación», destaca. En el restaurante van de mesa en mesa con los chuletones para que los clientes elijan el que más les apetece. «Siempre buscamos lo mejor y la gente que aprecia la carne lo agradece. Aunque cada vez hay menos animales que se críen sueltos, con pasto autóctono. Son difíciles de encontrar», explica este gallego-argentino fanático del fútbol.

«Al igual que los equipos tienen ojeadores que les informan de los mejores jugadores de la comunidad, nosotros buscamos las estrellas para nuestro restaurante», comenta sonriente al lado de unos chuletones que «parecen de dinosaurio. Creo que en España tan solo unos diez locales nos podemos permitir tener en carta este tipo de vacuno mayor, estas piezas de récord», confiesa. Hay que tener el estómago y la cartera preparados.

TIEMPOS DE DESAYUNO

Cada vez hay más locales que apuestan por el desayuno. Pero no solo por el clásico café con churros o bollería, sino por tener desde primera hora de la mañana una cocina abierta de la que salen salados y dulces variados. Es un concepto en auge en el que los desayunos se fusionan con los brunch. Días atrás tuve la oportunidad de catar las diferentes propuestas de Ingooco (In good company), un cuidado negocio que abrió en el centro de A Coruña una emprendedora oriunda de Verín. Dos cosas llamaron mi atención, la cantidad de gente que había en el local (incluso mesas reservadas para media mañana) y el nivel de las propuestas. Poco antes del mediodía probé unos huevos benedictine con cecina y parmesano maravillosos. También un sándwich de pan polar con jamón y queso gouda, gofre con frutas y chocolate caliente, tortitas imponentes con salsa de tofe y plátano flambeado y un brownie cheesecake.

Estoy seguro de que probé alguna cosa más, pero a mitad del desayuno-brunch (está en carta a un precio de 15 euros) creo que entré en un estado de bienestar estomacal que me impide recordar con nitidez todo lo que fue pasando por aquella mesa. Una locura. Como si te ponen un chuletón de seis kilos delante de tus narices. 

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