Mackinlay's o la nostalgia de Perillo

La mítica discoteca mantiene el mismo nombre 50 años después. «Tenía que ser algo inglés», dice su fundador


Oleiros / La voz

Quince días antes de que Neil Armstrong pisara la Luna la discoteca Mackinlay’s abrió sus puertas. El recinto de Perillo, que ha pasado por varias manos, cumplió medio siglo el pasado año, y si bien no atraviesa su momento de más concurrencia, el nombre se ha quedado en el imaginario del ocio local de los últimos años del franquismo.

Fue el empresario Manuel Roca quien construyó la discoteca después de que se padre construyera el edificio.

-¿Por qué Mackinlay’s?

-De aquellas había que buscar un nombre inglés, era la moda.

Y Manuel no escogió un nombre al azar. Se tomó muchas molestias porque le gustaba el de una marca de whisky escocés. «Les visité para pedirles permiso por el nombre y el logotipo», recuerda Manuel Roca. Y además del permiso se volvió con una gaita escocesa que guarda con mucho celo.

Abrir una discoteca en Perillo cuando el puente de A Pasaxe aún era una estrecha carretera sostenida sobre pilares y todo el entorno estaba a medio urbanizar fue un riesgo que le salió bien. «Mis clientes eran de la ciudad, donde yo vivía», señala este hombre oriundo de Sobrado, criado en A Coruña y residente en Icaria. El Mackinlay’s no era puntero en actuaciones en directo. Salvo cuando tocaba aniversario. «Cada año que cumplía el local traía a artistas importantes», indica desde su empresa de publicidad móvil, Silman 97, en Bergondo. «El primer año traje a Basilio, el cantante panameño, ¡vaya vozarrón!», espeta antes de contar una anécdota gastronómica: «Le invité a comer percebes, y no sabía lo que eran». Luego, cada mes de julio la sala de Perillo cumplía años con Julio Iglesias, Camilo Sesto o Betty Missiego. «El público me insistió mucho para que la trajera», explica Roca, también un referente en la hostelería de Oleiros, donde acaba de inaugurar el Café Poniente. «Santa Cristina está resurgiendo, está volviendo a tener lo bueno que tenía, e irá mejor en los próximos meses», vaticina.

Volviendo a su primer proyecto, Roca se deshizo del Mackinlay’s cuando mejor le iba. Fue a finales de 1974. «No lo traspasé, lo vendí, dejé casi todo lo que había dentro (entre los objetos que rescató está la gaita escocesa)». Y con los ingresos, construyó otro edificio y fundó un restaurante que con el tiempo derivó en la actual Casa Pilar. «Era el único que tenía cuatro tenedores en Galicia junto con el Hostal de los Reyes Católicos», asegura.

En cambio a Mackinlay’s nadie se atrevió a cambiarle el nombre. Importado de Escocia, fue (es) un local por el que pasaron artistas no solo para actuar sino también para disfrutar. «Allí me hice muy amigo de Andrés Dobarro. Le vi en su momento de gloria. Y en lo que siguió después. Una pena».

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