Jose Muñoz: «El reguetón ya existe; que lo hagan otros, no nosotros»

El dúo catalán vuelve a Galicia agotando todas las entradas del Coliseo coruñés, el mismo recinto que llenaban hace veinte años


Nostalgia, la justa. Estopa empezó este año reeditando su célebre disco de debut, Estopa (1999), pero pronto lanzó Fuego (2019), un suma y sigue en su particular fórmula de rumba roquera con vacile, chispa y plena efectividad. El público ha valorado ese zigzag e, igual que los años del fenómeno, ha respondido volcándose en masa con ellos. Este sábado llenarán el Coliseo de A Coruña demostrando que siguen en la cima del pop nacional.

-¿Cómo ha envejecido aquel debut?

-Pues tenemos una perspectiva muy positiva. Las canciones han envejecido muy bien. Respecto al sonido, nos hemos dado cuenta de que las formaciones clásicas nunca van a pasar de moda. Ha pasado el tiempo y la gente ha seguido escuchando nuestros discos. No solo el primero, sino todos.

-Siempre que se habla de Estopa se destaca que ustedes son de barrio, como si fuese una anomalía y las estrellas del pop no pudieran proceder de ahí. ¿Le choca?

-Sí, la verdad es que sí. Pero aún más eso que nos dicen con extrañeza: «¡Oye, qué normales sois!». Me sorprende, porque yo pienso que mi hermano y yo estamos como cabras [risas]. Es todo muy subjetivo, si eres normal o no. Lo que no nos gusta es aparentar cosas que no somos. Somos David y Jose, tanto en el escenario como fuera de él.

-En el libreto de la reedición del primer disco se habla de su autenticidad como un valor. ¿Lo ven así ustedes?

-Todo el mundo es de carne y hueso y auténtico. Si llaman auténtico a algo que intenta no ir en la dirección en la que apunta la veleta, pues bien. El no cambiar creo que la gente lo valora.

-¿Es por eso que no han dado muchos cambios de sonido en este tiempo?

-Hemos intentado siempre ofrecer muchos colores. Nos gusta ser impredeciblemente predecibles. Nos gusta jugar a despistar, pero la gente sabe que despistamos. La gente está acostumbrada a que en nuestras canciones ocurran muchas cosas.

-Entonces sus canciones parecían las típicas historias contadas en un bar entre risas con los colegas. Ahora veo menos bar y más hogar. ¿Han madurado?

-Sí, quizá seamos más reflexivos y miremos más a nuestro interior. Antes estábamos más en la plaza y en el parque haciendo botellón. Quizá ahora hablemos menos de ese botellón y esos canutillos y hablamos más de nuestras preocupaciones, miedos y alegrías. Pero todo tratado con el mismo lenguaje de siempre.

-¿Ahora ven el botellón desde la ventana?

-Sí, claro que sí.

-¿Y les molesta?

-No es que me moleste, pero a veces ves que llevan unos coches que el maletero es todo altavoz. Y tío, vale que te has gastado una pasta en el equipo y querrás que suene, pero ¿qué necesidad tengo yo de estar escuchando? ¡Ponte unos cascos! [Risas]. Pero, bueno, cada uno que lo pase bien como quiera.

-En «Fuego» tienen un tema en el que se relata una historia de amor con Siri, la asistente del iPhone.

-Se están creando adicciones nuevas. Y cuando estás un rato hablando con Siri le coges cariño. Yo le cojo cariño a las cosas: camisetas, cinturones, mi maleta a la que solo le quedan tres ruedas... En este caso Siri es un objeto muy humano. La canción empezó como una tontería, cantando mi hermano y yo porque sí. Luego, con el estribillo cogió un trasfondo de que podía ser ciencia ficción o para una serie futurista.

-Ustedes están en la primera división del pop nacional. Últimamente ahí se suele sugerir a los artistas que vayan a Colombia y den un aire urbano-reguetonero a su música. ¿Les ha pasado?

-Claro que nos ha pasado. Nos lo dijeron así: «¿Qué tal si modernizáis un poco vuestro sonido? La rumba y el reguetón no están muy lejos, tienen un mismo sabor sonoro y quedaría bien». Le dijimos rápidamente que no. El reguetón ya existe y hay gente que lo hace. Que lo hagan otros, nosotros seguimos por nuestro camino. Si hay una música que triunfa, no vamos a hacerla para sonar en el radio. ¿Que no sonamos porque solo ponen reguetón? Pues no estaremos en la radio.

-Es una secuencia que se ve en muchos artistas: Enrique Iglesias, Alejandro Sanz, Café Quijano, Alejandro Fernández....

-Es que ese comentario que te digo se lo han hecho a todos. Pero nosotros nunca hemos pensando en hacer una música para salir en la radio. En este caso, en Latinoamérica es muy bestia. Si quieres salir, tienes que hacer reguetón. El 90 % de las emisoras de allí ponen eso. Por ese motivo entiendo la postura de las discográficas, porque es su trabajo. Te dicen que si quieres triunfar allí hay que hacer las cosas así, que es bueno para ti. Pero no es el caso [risas]. Si sonamos, que sea con nuestra manera, no son sus maneras.

-¿Qué le parece que ahora la música callejera sea al reguetón y no la rumba?

-La rumba es de aquí. El reguetón no sale de aquí. Es de Colombia y de Puerto Ricio. Ha pegado a nivel mundial, pero no es lo autóctono. Lo nuestro es la rumba. Es nuestro hip-hop, es la música de la calle.

-La idea que se tiene de la música de los ochenta es la de la Movida, dejando al margen cosas como Los Chichos o Barón Rojo, que era lo que arrasaba en los barrios. ¿Ustedes escuchaban eso o estaban con Alaska y Dinarama?

-¡Qué va! Mi padre nos ponía Los Chichos, Bordón 4, Camarón y cosas así. Luego llegó el punk que nos viene por las amistades. El primer grupo que me abrió a ese mundo fue Siniestro Total. Y a partir de ahí descubrí Kortatu, La Polla Records, Extremoduro… Después nos fuimos a los cantautores, Sabina y Serrat. Creo que somos un producto de todo eso.

-Por cierto, acaban de anunciar el fin del grupo Extremoduro. ¿Qué piensa?

-¡Qué pena! Siempre han sido un referente. ¿Significa que no van a hacer más conciertos? Que no hagan discos, pero que no dejen de hacer conciertos. Nosotros no nos vamos a separar.

-Cuando salió Estopa uno de los artistas que los elogió de inmediato fue Antonio Vega. En su nuevo disco parecen homenajearlo con «Despertar».

-Si hablamos de Extremoduro como referente, Antonio Vega es otro tremendo. Lo conocimos en el estudio Sonoland de Madrid. Nosotros grabábamos en el turno de día y él en el de noche. El técnico le dijo si hacia una colaboración y él se enrolló muy bien. Cuando acabó mi hermano de cantar en la pecera nos encontramos a Antonio llorando de lo que le había gustado la canción. Lo que dices de la canción nos lo han dicho muchos. Es que es muy Antonio Vega. Total.

-¿Tenemos una falsa imagen de Estopa de alegría y buen rollo que a veces impide ver esta más encogida?

-Sí, siempre queremos ofrecer de todo. Desde temas reflexivos a alegres.

-Rosalía dice que la primera cinta que tuvo en su vida fue la de Estopa. Tal y como están las cosas, hoy eso vale mucho.

-¡Mola! La verdad es que esa cita nos está haciendo más promoción en América que nosotros mismos cuando vamos. La admiramos muchísimo. Lo que hace lo hace muy bien, todo muy pensado sin dejar nada sin atar. Ella está en un nivel superior. Nadie ha logrado algo así tan rápido.

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