Jose Muñoz: «El reguetón ya existe; que lo hagan otros, no nosotros»

A CORUÑA CIUDAD

El dúo catalán vuelve a Galicia agotando todas las entradas del Coliseo coruñés, el mismo recinto que llenaban hace veinte años

27 dic 2019 . Actualizado a las 20:59 h.

Nostalgia, la justa. Estopa empezó este año reeditando su célebre disco de debut, Estopa (1999), pero pronto lanzó Fuego (2019), un suma y sigue en su particular fórmula de rumba roquera con vacile, chispa y plena efectividad. El público ha valorado ese zigzag e, igual que los años del fenómeno, ha respondido volcándose en masa con ellos. Este sábado llenarán el Coliseo de A Coruña demostrando que siguen en la cima del pop nacional.

-¿Cómo ha envejecido aquel debut?

-Pues tenemos una perspectiva muy positiva. Las canciones han envejecido muy bien. Respecto al sonido, nos hemos dado cuenta de que las formaciones clásicas nunca van a pasar de moda. Ha pasado el tiempo y la gente ha seguido escuchando nuestros discos. No solo el primero, sino todos.

-Siempre que se habla de Estopa se destaca que ustedes son de barrio, como si fuese una anomalía y las estrellas del pop no pudieran proceder de ahí. ¿Le choca?

-Sí, la verdad es que sí. Pero aún más eso que nos dicen con extrañeza: «¡Oye, qué normales sois!». Me sorprende, porque yo pienso que mi hermano y yo estamos como cabras [risas]. Es todo muy subjetivo, si eres normal o no. Lo que no nos gusta es aparentar cosas que no somos. Somos David y Jose, tanto en el escenario como fuera de él.

-En el libreto de la reedición del primer disco se habla de su autenticidad como un valor. ¿Lo ven así ustedes?

-Todo el mundo es de carne y hueso y auténtico. Si llaman auténtico a algo que intenta no ir en la dirección en la que apunta la veleta, pues bien. El no cambiar creo que la gente lo valora.

-¿Es por eso que no han dado muchos cambios de sonido en este tiempo?

-Hemos intentado siempre ofrecer muchos colores. Nos gusta ser impredeciblemente predecibles. Nos gusta jugar a despistar, pero la gente sabe que despistamos. La gente está acostumbrada a que en nuestras canciones ocurran muchas cosas.

-Entonces sus canciones parecían las típicas historias contadas en un bar entre risas con los colegas. Ahora veo menos bar y más hogar. ¿Han madurado?