Nonito Pereira, una persona irrepetible

Era El Referente. Y su muerte hace que nos sintamos huérfanos. De un sabio. De un amigo. De una persona excepcional.


Hay que agradecer en la vida a aquellos que cuando entras, temeroso y expectante, en territorio desconocido te ponen el brazo en el hombro. Te hacen sentir bien, en tu sitio. Ocurre siempre. En el colegio. En el equipo de baloncesto. En el trabajo. En la vida, en general. Esa sensación nos reconforta y nos da seguridad. También importancia.

Cuando a los 16 años empecé a ir a conciertos al Playa Club una persona generó ese efecto en mí. Era Nonito Pereira, el dueño del local. El día que yo, un adolescente que quería hacer un fanzine, me colé en el camerino para hacer una entrevista con Los Flechazos me cogió del hombro. Me empezó a hablar. De cuando había visto a los Beatles en el 65 en Madrid, de cuando hizo lo mismo con los Who en los setenta en París, de cuando sonaban las Supremes en el Playa Club,... de todas esas cosas flipantes que él había vivido.

Nonito era entonces (y lo sería siempre) una institución musical en la ciudad (y fuera de ella). Sin embargo, estaba preguntándome cosas de mi proyecto de fanzine, hablando de música e iluminándome con su atención. En un momento dado me vi ahí, en uno de aquellos posconciertos mágicos del Playa Club, charlando con él, con Álex de Los Flechazos, con Marcos López del programa Augas Atlánticas, con los mods de mi ciudad y con toda la gente importante. Como uno más. Punto de inflexión. Ya no hubo otra dirección en mi vida.

Con el tiempo descubrí que eso no es lo normal. Que el mundo de la música está lleno de acomplejados perdonavidas que marcan las distancias y levantan muros para sentirse menos inseguros. Yo, sin embargo, tuve la suerte de que aquí el jefe del tinglado respondía a todo lo contrario. Porque, efectivamente, esto es una historia personal pero que pretende reflejar otras muchas que se han podido leer en las redes sociales. En todas se destaca el amor a la música y su sabiduría, pero también la grandeza humana de un tipo que, pudiendo ser el más arrogante del mundo, optó por la sencillez, la elegancia, el buen rollo y esa sonrisa suya tan contagiosa.

Los que escribimos de música en Galicia sabemos que existe un subgénero periodístico que podría definirse como «llama a Nonito, que seguro que te cuenta algo». También que en las zonas de prensa aparecía ese mismo brazo que sentiste de adolescente, acompañado de un comentario chistoso y una risotada final. Siempre estaba ahí, como un monumento andante, quitándose importancia con ironía. «Cuando te empiezan a llamar referente, es que ya estás acabado», decía entre carcajadas. Pero no solo era un referente. Era El Referente. Y su muerte hace que nos sintamos huérfanos. De un sabio. De un amigo. De una persona excepcional que vamos a echar muchísimo de menos.

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