El misterio de la cisterna y la sinagoga

La leyenda de los herreros coruñeses, guardianes del Sacramento, y los impíos judíos


A Coruña

 En la Ciudad Vieja existe una calle llamada Sinagoga. Es muy antigua. Su existencia está documentada ya en 1486. Aparece citada en un contrato de foro, descubierto por la historiadora María Gloria de Antonio Rubio y publicado en 2006 en su libro Los judíos en Galicia, como «rúa da Sinoga», variante adoptada hasta finales del siglo XVI por los cristianos de la Corona de Castilla para designar el templo de los judíos. También sabemos, por otro documento de 1494, descubierto y divulgado desde 1996 por la historiadora Dolores Barral Rivadulla, que la judería coruñesa estaba cerca de la Porta dos Sares (hoy Puerta de Aires). 

Además de estos datos históricos existe una tradición local que identifica una determinada casa de dicha calle con la ubicación de la sinagoga judía. Ignoramos si esa tradición es moderna o antigua, o si es de origen popular o culto, aunque sospechamos que es relativamente reciente. La primera referencia escrita que conocemos es de 1862. Ese año, en el periódico Museo de las familias, el escritor Manuel Vázquez Taboada, especializado en leyendas y novelas históricas, publica un artículo titulado «Los guardadores del Sacramento». 

En él, en tono misterioso e histórico, narra como uno de los herreros que trabajaban en la calle Herrerías, al retirarse a casa antes que los demás, en una noche de sábado, al pasar frente a la cerrada puerta lateral de la Colegiata vio luz y oyó rumor de voces. Miró por el ojo de la cerradura y descubrió a un grupo de hombres escupiendo a la imagen de Cristo y pisoteando las hostias. Avisó a sus compañeros y entre todos echaron abajo la puerta y detuvieron a los impíos. Eran judíos y serían quemados por la Inquisición. Por su acción, a partir de entonces el gremio de los herreros coruñeses gozaría del privilegio de acompañar, con espadas, la custodia en la procesión del Corpus, como guardianes del Sacramento.

Su historia terminaba informando de que en la época en que ocurrieron los hechos se descubrió un túnel subterráneo que desde el altar mayor de la Colegiata comunicaba con una casa de la calle Sinagoga donde había una cisterna y los judíos celebraban sus reuniones. Así mismo decía que dicha casa aún existía. Es la primera reseña en la que se asocia la sinagoga coruñesa a una casa con una cisterna.

Desde entonces esta fábula, costumbrista y con resabios antijudaicos y seudohistóricos típicos del siglo XIX, no dejó de repetirse en la ciudad. Así sabemos por el erudito y escritor coruñés Uxío Carré Aldao que de niño la escuchaba y él mismo la publicó, sin citar o saber su procedencia, en El Ideal Gallego en 1922. Más tarde, en 1970, la volvería a divulgar el cronista Juan Naya en su sección de La Voz de Galicia dedicada a las calles coruñesas. Pero ¿dónde estaba dicha casa?

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