Las olas de Riazor llegan directas desde Groenlandia

Las dunas son una fórmula para disipar su energía en una ensenada sin barreras naturales

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Todavía se acuerda. Fue en una madrugada de 1995. Eduardo Toba, uno de los artífices del paseo marítimo de A Coruña, era entonces el jefe de la Demarcación de Costas. «En medio de la noche hubo que llamar a las máquinas para empezar a levantar dunas», recuerda. Esa fue la primera vez que se echó mano de este recurso. «Son un disipador de la energía de las olas. Es, de hecho, el efecto que ejercen las playas con su arena. Cada vez que se rompen por acción del oleaje hay que aprovechar la bajamar para recomponer estas cadenas dunares», defiende el ingeniero de Canales, Puertos y Caminos.

El problema, apunta el profesor emérito de Geodinámica Externa de la Universidad da Coruña (UDC), Juan Ramón Vidal Romaní, es que el espacio para instalar estas dunas se ha achicado. «Las acumulaciones de arena son efectivas, pero en Riazor, desde el siglo XVII, ha dejado de haber dunas porque se ha construido parte de A Coruña sobre ellas. Por eso los romanos hicieron el puerto en O Parrote. Los rellenos sucesivos lo que han hecho es ganar terreno al mar y robárselo a las olas, que ahora no disponen de la franja de playa que tenían antes para disipar su energía y rompen directamente contra el paseo marítimo», explica Vidal Romaní.

Uno de los puntos críticos está en la Coraza. «Para evitar la acción del mar habría que estar a una cota de más 11 metros sobre el cero mareal (nivel del mar), y esa zona está a ocho», apunta Eduardo Toba.

Sin barreras

«¿Qué diferencia el noroeste de España de Dinamarca? Las islas británicas. Las olas rompen en Irlanda. Aquí hay inundaciones porque hay mucha distancia desde donde se genera el oleaje cuando vienen del noroeste, a la altura de Groenlandia, hasta nuestra costa. En Galicia, las Rías Baixas tienen una protección natural, Ons en la ría de Pontevedra o las Cíes en la de Vigo. En las Altas esto no existe. El agua no tiene ningún freno», aclara Enrique Peña, catedrático de Ingeniería Portuaria y Marina en la UDC.

A esto hay que sumar que Riazor y Orzán son playas «reflejantes». «Cuanto más gorda es la arena, como en este caso, menos disipa la fuerza del oleaje. Una parte de la ola vuelve hacia atrás, se superpone con la siguiente y se forman olas más grandes. Es la corriente de resaca», añade Enrique Peña. Por encima, Riazor es un playa más vertical.

todavía peor

Y, aunque ayer hubo mar combinada, mar de fondo del noroeste y mar de viento, la situación pudo ser aún peor. Había pleamar de dos metros, pero no era viva, cuando alcanza los cuatro y medio. «El problema son los oleajes que se puedan producir por situaciones de viento. Cuando sube la marea, llegan con más altura», comenta Eduardo Toba. Ayer se registraron olas máximas de 17 metros. La significativa fue de 11 metros. «Es la media del 30 % de las más altas», puntualiza Enrique Peña.

Matadero ya no es una playa de arena, sino de rocas... y desperdicios

M. M. Otero
matadero

Este es el aspecto de la cala tras el paso de la borrasca, ¿volverá su arena?

Además de las montañas de olas en el mar, la playa sin arena de Matadero fue otra de las imágenes del día de ayer. El arenal amaneció cubierto de piedras. Las que están normalmente cubiertas por la arena que arrastró el oleaje.

«La erosión sobre los arenales actúa esencialmente empujando la arena hacia la costa y acumulándola contra lo que ahora hay ahí, que son muros y un poco de playa. A veces, incluso invade el paseo marítimo y calles circundantes», indica el profesor emérito de Geodinámica Externa de la Universidad da Coruña, Juan Ramón Vidal Romaní. Sin embargo, también puede darse el efecto contario. «En la resaca la arena puede ser arrastrada hacia el mar», añade.

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