Hombre y mujer, ¿el gran conflicto del siglo XXI?

«Casa de muñecas» viaja de A Coruña a Madrid en una versión de solo dos actores, revelando la vigencia de esta joya, la plena actualidad del drama que plantea. Ibsen como no lo has visto... ata en galego


Ibsen habla de un matrimonio de hoy, de una pareja como la suya (o, si lo prefieren, la de sus vecinos), en un texto de hace 140 años. Esta vez, en una versión solo para dos actores que acentúa el conflicto de pareja e interpela al respetable. «Es una versión cercana al público, lo escuchas respirar. En una de las funciones que hicimos, cuando Nora le comunica a Torvaldo que va a abandonar la casa, que se marcha; yo, que interpreto a Torvaldo, le digo: 'Estás loca, no puedes irte, te lo prohíbo'. Y una mujer del público suelta: '¡Sí, hombre!'», cuenta Xoán Carlos Mejuto, que lleva este noviembre con Estudo Momento junto a Iria Ares del barrio coruñés de Monte Alto al madrileño de La Latina una polémica joya del XIX. «Casa de muñecas se representa con frecuencia en Madrid», señala Mejuto, quien advierte en la circunstancia «un honor grande y una responsabilidad» no menor.

¿Qué aporta de novedoso esta Casa de muñecas? «Nuestra Casa de muñecas nació de una forma modesta, cuando trabajábamos con otros clásicos, en una residencia artística en la sala Gurugú, de A Coruña. Nació sobre todo con la vocación de hacer más asequible un clásico que en Galicia no tiene la frecuencia de exposición que puede tener en Madrid», revela el actor y productor.

Ibsen los eligió, aseguran. «Fue el texto el que nos escogió a nosotros -afirma quien interpreta a Torvaldo-. Nos miramos y dijimos: '¡Hay que ponerlo en escena!'. Es un texto de una actualidad rabiosa». Aquí se recorta claramente sobre los accesorios del paisaje el conflicto hombre-mujer, el de la libertad y la pareja, un conflicto vivo en un momento decidido a cuestionar clichés, roles, «qué es lo masculino y qué lo femenino», qué preeminencia tienen aún uno sobre otro. «Que en el siglo XIX un autor escribiese un texto así... no es que tuviese una iluminación, pero sí la valentía de señalar algo que empezaba a suceder, la lucha de las primeras mujeres, de las pioneras, en exigir derechos y libertades; sobre todo, la igualdad de oportunidades».

En la Sala Off La Latina, en el mítico barrio que fue escenario de los triunfos de Lina Morgan, este mes se ofrecen ocho representaciones de 1879. Casa de muñecas, una versión respetuosa del clásico centrada en la compleja relación matrimonial entre sus protagonistas, Nora y Torvaldo, que logró el primer Premio Luisa Villalta por la Igualdad en el 2018. «Es la primera vez que una mujer de familia acomodada abandona su hogar, a su marido y sus hijos, para vivir una vida en libertad», subraya Iria Ares, la actriz en la piel de Nora. ¿Vivimos en una Casa de muñecas?

EL ARTE DE LAS PREGUNTAS

¿Es quizá más lúcida la mirada del clásico que la contemporánea? ¿Debemos recurrir a la voz de Ibsen, a las de Torvaldo y Nora, para hacernos cargo del problema, para entenderlo y manejarlo? «Los clásicos siempre ayudan. Son clásicos porque trascienden el tiempo. No es tanto la lucidez en un sentido de acierto de la opinión del autor como el enfoque artístico del problema. Una obra de arte es buena cuando formula las cuestiones, cuando sabe exponer las preguntas. No tiene por qué estar acertada al cien por cien. Cuando las preguntas se formulan de un modo artístico, apelan a algo que tenemos todos los seres humanos, que es la necesidad de crecer y mejorar como individuos y como sociedad. Apostar por un clásico es en este sentido apostar por un caballo ganador», asevera Xoán Carlos Mejuto.

Una de las peculiaridades de esta Casa de muñecas es su versión para dos actores. «Detecté que seleccionando solo las escenas del matrimonio ganaba en intensidad, porque el conflicto del drama está condensado ahí, en el matrimonio, en Nora y Elmer. Hay tres o cuatro escenas prácticamente idénticas al original, pero otras son recompuestas de varios fragmentos de momentos de la pareja, y al desaparecer las interrupciones de los personajes secundarios, el conflicto dramático es mucho más potente. En nuestra versión, el conflicto hombre-mujer se acentúa», afirma Xoán Carlos Mejuto. «Me gusta verlo como si, con esta elección, hubiésemos desvelado un código secreto que Ibsen puso en la obra», señala el actor en alusión a la supresión de las interrupciones de los secundarios.

En Madrid, será la primera vez que se ofrezca una versión de Casa de muñecas solo para dos actores. «De forma cruda», inciden. Y original, sin duda. Hay prevista incluso una función en gallego, a iniciativa de la sala madrileña en la que actúan.

Los Torvaldo y Nora de Estudo Momento, que empezó el año saboreando el éxito del estreno de su Macbeth. O ruído e a furia, estarán en Madrid todo noviembre.

El conflicto de Ibsen sigue sobre la mesa 140 años después, incapaz de celebrar la igualdad a la hora de la cena.

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