Los Pixies resumidos en 9 temazos + 1

La leyenda del «indie-rock» actúa mañana en Galicia. Lejos de despertar interés por su último trabajo, el olvidable «Beneath The Eyrie», los americanos son lo que son por su glorioso pasado


A Coruña

Había muchas ganas de Pixies. Aunque desde su reunión, en el año 2004, los americanos se han dejado ver con regularidad en los escenarios de los festivales de referencia de España y Portugal, la primera visita del grupo a Galicia ha desbordado todas las previsiones. Mientras que en Madrid y Barcelona, las otras fechas nacionales de la gira, se ha optado por aforos más discretos (los 1.800 de la Riviera y los 4.600 del Sant Jordi Club respectivamente), en A Coruña son 6.000 personas las que han agotado todas las entradas disponibles del Coliseo. De haberse estirado, serían aún más. ¿Qué le lleva a la gente a acudir en masa? Pues lejos de lo expuesto en su último trabajo -un flojísimo Beneath the Eyrie para olvidar-, existe un repertorio mítico que vale su peso en oro. Y, visto lo visto, también en nostalgia indie. Por ello, se impone un repaso por algunos de los hitos de los de Boston.

1 «isla de encanta» (1987)

¿Pero qué demonios es esto que está sonando? Esa seguro que fue la pregunta que formularon los pocos oídos que escucharon en su momento el minielepé Come On Pilgrim. Con él debutaban Pixies, mostrándose como una anomalía radical. Ahí se incluía esta pequeña miniatura en baja fidelidad. Un alocado cantante recitando frases inconexas en espanglish («Me voy adonde no hay sufrimiento»), una guitarra con lija del cinco y una canción que crecía y crecía hasta la catarsis final. Algo estaba cambiando en el subsuelo del rock americano.

2 «gigantic" (1988)

¡Oh, Kim Deal! La voz más deliciosa del indie-rock americano protagoniza esta canción mágica compuesta por ella. En los últimos set-list del grupo no aparece, quizá para que Paz Lenchantin (la actual bajista del grupo, que por cierto cumple con nota sobre las tablas) no tenga que aguantar la sombra de su ausencia y las inevitables comparaciones. Pero puede darse la sorpresa. Muchos se derretirían. ¡Ese arranque! ¡Esas melodías deliciosas con aroma a años sesenta! ¡Ese estribillo que dice «a big, big love» como dos golpes directos en el corazón! Maravillosa. Una pequeña obra maestra pop.

3. «Vamos» (1988)

Una de las canciones totémicas de los Pixies. En tres minutos y medio se dan cita muchas de las notas que han convertido a Frank Black, Kim Deal, Joey Santiago y David Lovering en mitos. El tono abrupto. Las guitarras que se exprimen de un modo totalmente insólito. El desquicie lunático de una letra sin pies ni cabeza. Los gritos delirantes. Las soluciones melódicas imprevistas. Y, por supuesto, la sensación de que todo puede estallar en cualquier momento, mientras el ritmo avanza firme como si no pasase nada.

4 «debaser» (1989)

¿Cuántos grupos se formaron tras oír esta canción? El tema inaugural de Doolittle es un auténtico himno de esos que aturdió a toda una generación. Quizá hoy, tras ser escuchado y requeteescuchado hasta la saciedad, carezca el poder abrasador de entonces. En tiempo real aquella canción afilaba los nervios, tensaba los músculos y convertía el alarido de Frank Black en el grito definitivo. Pieza inspirada en Un perro andaluz de Buñuel, volvía loco a Kurt Cobain. No hay que dar muchas vueltas para ver en Nevermind de Nirvana (1991) la enorme sombra de estos Pixies que alcanzaron su mayor grado de perfección con el productor Gil Norton. En 1989 había quien decía: «Ya no se hace música como la de antes». Dejar caer la aguja sobre este disco servía para callarlo para siempre.

5 «here comes your man» (1989)

Más allá del bofetón punk-rock, los Pixies albergaban un extraordinario corazón melódico en sus canciones. Y en algunos momentos como este lo mostraban con toda brillantez. El público más alejado de los postulados agresivos de los Pixies encontró aquí una vía de acceso. En el underground también se fabricaban caramelos irrechazables.

6 «gouge away» (1989)

La línea de bajo con la que arranca esta canción se podía colocar al lado de la secuencia inicial de Strawberry Fields Forever de The Beatles o el riff que inaugura You Really Got Me de The Kinks. Nos encontramos ante uno de esos carismáticos momentos musicales de máxima inspiración copiados hasta la saciedad. El corte final de Doolittle, de alucinada inspiración bíblica, conforma todo un canon de canción Pixies. El manejo de la tensión resulta tan logrado que escucharla y cerrar los puños es uno. Llega un momento que asfixia. Menos mal que están ahí los maravillosos coros de Kim Deal dando oxigeno en un corte magistral. Otro más.

7 «rock music» (1990)

Esto no es una canción, es un huracán. No llega ni a dos minutos, pero la maraña guitarrera y los aullidos de Frank Black (junto a los de Tame, los mejores chillidos de toda la historia de los Pixies) es de las que te sacuden el pecho. Aquí no existe el trato de favor de clásico. La canción sigue impactando como el primer día. Al terminarla, aunque el oyente ya tenga 50 años, solo va a querer una cosa: ¡más!

8 «velouria» (1990)

Para el disco Bossanova, los Pixies hicieron un aterrizaje muy particular en un mundo de ciencia ficción con cowboys galácticos y surfistas siderales. En ese sentido, Velouria se convirtió en una canción bandera, con sus soniditos espaciales de fondo y todo. Melódicamente perfecta, con un punto euforizante y -¡oh sí, Kim!- ese bajo y esa segunda voz llevándola al infinito es un tema irreprochable, pese a que lo normal es no entender ni una palabra de lo que dice.

9 «head on» (1992)

Discutido en su momento, Trompe Le Monde, se ve en la actualidad como otro gran álbum de los Pixies con temazos como Planet Of Sound, U-Mass o la homónima Trompe Le Monde. Pero quizá el momento más sobresaliente del disco se encuentre en esta versión de Head On de The Jesus and Mary Chain. Girando la manilla de la fuerza y el vigor, lograron que un gran tema se convirtiera en algo estratosférico. Hasta los escoceses reconocieron, al escucharla, que tenían que haberla grabado así desde el primer día.

10 «on graveyard hill» (2019)

No, no es lo mismo. Nada de lo publicado por Pixies desde su reunión a esta parte está a la altura de la leyenda. Hay temas sueltos apreciables, pero en todo caso palidecen ante sus monumentos predecesores. Al contrario que mitos del indie-rock como My Bloody Valentine o Afghan Whigs, que firmaron discos notables en sus retornos, aquí a lo más que llegan es a temas como On Graveyard Hill. Si te dijeran que lo ha grabado una banda de imitadores, lo creerías.

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