Lanzan un plan en la ciudad para la desratización en puntos «calientes»

Una empresa usará raticidas y trampas adhesivas o eléctricas para acabar con roedores

Rata
Rata

a coruña / la voz

Siempre se dijo que en las grandes capitales del mundo viven más ratas que personas, que el censo de roedores en descampados abandonados o alcantarillas supera al de los vecinos. No es el caso de A Coruña, pero no por ello deja de ser muy preocupante la presencia de esos animales que tantas enfermedades y repulsa causan. En todos los barrios. No hay zona en la ciudad que no tenga un edificio abandonado, un descampado, un local cerrado eternamente, foco de roedores. De hecho, todos los días se produce una llamada al 010 alertando desde algún punto de A Coruña de la aparición de una rata o de una colonia.

Medio Ambiente indica que el municipio está dividido en 17 sectores que se desratizan una media de tres o cuatro veces al año. El control municipal de plagas se centrará ahora en los puntos «calientes», como zonas verdes, la red de alcantarillado, la semafórica, también la del alumbrado público y las dependencias municipales, entre las que están los colegios y escuelas infantiles, los centros cívicos, la torre de Hércules, los polideportivos y los cementerios.

Se dio el caso esta semana de una situación aún peor, que es la toma de un piso por una plaga de ratas en la segunda fase de Elviña que obligó a la familia a irse. Se fueron de vacaciones y al regresar se encontraron con todo carcomido y la vivienda completamente atestada de excrementos. El Ayuntamiento actuó de inmediato, enviando a una empresa de desratización. Pero no dan abasto. Se las ha visto merodear por un solar de la avenida de la Concordia, en A Gaiteira, en el Martinete, Rey Abdullah, Falperra, Sardiñeira, San Diego, barrio de las Flores, San Nicolás, entorno de Oza, plaza del Coronel Cerviño, el entorno de la iglesia de los Padres Franciscanos, así como en muchos otros lugares. «No aparecen en un barrio porque sí. Aparecen porque en esa zona existe un lugar en el que esos animales se reproducen y encuentran su hábitat. Que luego entren en locales, empresas o pisos es para buscar comida», apunta Gerardo Estévez, trabajador de una empresa de plagas.

Por su parte, el biólogo de la USC Enrique Mariñas explica que las ratas «ya no es que sean desagradables para la población, sino que suponen un serio riesgo de propagación de enfermedades, como leptospirosis, hantavirus, teniasis, toxoplasmosis o triquinosis, sin necesidad de estar en contacto con los animales, puesto que transmiten esos males por sus excrementos y la orina».

Especialista

Antón Veloso trabaja para la empresa de desratización y control de plagas Bioserga. Sabe lo difícil que es luchar contra los roedores. Lo hace casi todos los días en algún punto de la ciudad. Cuando lo llaman, lo primero que hace es «inspeccionar los puntos de acceso al edificio, nave o cualquier construcción». Al tratarse de animales exógenos, que nacen en el exterior y crían fuera, normalmente en descampados, pasan el día buscando comida, de ahí que entren en inmuebles por un punto en concreto y hay que encontrarlo. Una vez alimentadas, regresan al nido». En cambio, añade, los ratones son distintos. Estos «sí nacen y se crían en el interior».

Una vez que se sabe por donde entran y salen, se estudia el lugar y sus características. Generalmente se usan distintas trampas, como pegamentos o incluso unas mallas eléctricas que dan muy buenos resultados. El veneno está prohibido en determinados establecimientos, como en los hosteleros. Ya no porque alcance la comida, sino porque tardan en morir y pueden hacerlo en lugares ocultos, por lo que su descomposición atrae insectos y otros bichos».

«Pones veneno y antes de probarlo, una de ellas va por delante y el resto espera su reacción»

«Las ratas son de los animales, por no decir el que más, con mayor inteligencia». Lo dice Antón Veloso, que lleva años luchando contra ellas en ciudades e inmuebles privados. Resulta sorprendente, cuenta, su forma de actuar. «Son tremendamente sociales; es decir, trabajan en equipo y se informan», dice. Y tienen neofobia (miedo incontrolable e injustificado conscientemente hacia cosas o experiencias nuevas), lo que les hace ser tremendamente desconfiadas, «que dificulta su erradicación». Su inteligencia es tal, que cuando ven un alimento, un veneno o cualquier cosa que les llame la atención, «no se acercan y lo prueban, sino que mandan por delante a una de ellas para que lo pruebe. Mientras, las otras esperan su reacción. De ahí que los venenos que se fabrican no son letales de inmediato. Es más, si pones juntas dos trampas tradicionales con un trozo de queso, una puede caer, pero en la de al lado no se acercará ninguna otra». Recuerdan a aquellos crueles mandatarios que tenían un empleado que actuaba como un conejillo de indias con la comida.

Principales causas

La presencia de ratas en la ciudad «no es un problema aislado», reconoció la alcaldesa, Inés Rey, que señaló dos razones para el repunte de estos animales: la sequía del verano, que favorecería su reproducción, y la comida que algunas personas dan a los gatos. «Si les damos de comer, cazan menos», reflexionó. Inés Rey aseguró que no hay motivo para crear «alarma ciudadana», pero avanzó una campaña de desratización.

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