Buscando alternativas al glifosato

A Coruña descarta volver a este herbicida para eliminar las malas hierbas y en otras localidades gallegas optan por la limpieza manual, el calor e incluso una mezcla de aceites


Santiago / La Voz

El Concello de A Coruña ha dado marcha atrás en el uso de vinagre para eliminar las malas hierbas en la ciudad, un método que implantó la Marea para evitar el herbicida más conocido, el glifosato. Eso sí, el Ayuntamiento descarta volver a este componente, por lo que buscará alternativas ecológicas con productos biodegradables o calor. Pero, ¿hay alternativa eficiente al glifosato? Lo cierto es que no hay una respuesta simple. Depende de lo que se califique como eficiente. Lo que está claro es que el de A Coruña no es el único municipio que ha optado por otros sistemas, con mayor o menor éxito.

Santiago, Ames o Ponteareas son solo algunos de los ejemplos, y cada uno tiene un método diferente. En Ames, explican desde el Concello, se abandonó el glifosato en torno al 2015. Desde entonces la limpieza de hierbas en las calzadas se hace de forma manual, es decir, con brigadas que las arrancan. También recurren al famoso vinagre que ahora ha denostado A Coruña pero de forma muy ocasional, ya que es costoso y hay que aplicarlo varias veces para que sea eficaz. En Compostela, explican desde la asociación ecologista Adega, se opta por arrancar las hierbas y por sistemas de calor, calcinando los hierbajos que nacen en muros o tapias históricas. Evidentemente, este método no es recomendable para una cuneta.

En el caso de Santiago hay que tener en cuenta además que hay mucho patrimonio histórico, por lo que es necesario estudiar con detalle este tipo de limpiezas antes de acometerlas. En Teo, por ejemplo, se optó por una medida intermedia, dejando el glifosato solo para zonas muy concretas en donde apenas hay contacto con las personas. La polémica del glifosato no es gallega, y ciudades como Madrid y Sevilla también dejaron de usarlo recientemente.

¿Son rentables?

Es evidente que hay alternativas a los herbicidas modernos, pero la pregunta es si son rentables, sobre todo en extensiones amplias. Fins Eirexas, de Adega, asegura que hay que preguntarse «rendibles para quen?». Para este ecologista las brigadas que retiran manualmente las malas hierbas son el método más sencillo y rentable si se piensa en el medio ambiente. «O glifosato barato para o medio ambiente non sae. Ademais, as herbas secan pero non desaparecen, polo que unha brigada tería que ir a recollelas de todos xeitos». Tampoco encuentra alternativa en otro tipo de herbicidas químicos, «dicir bioherbicida é un oxímoro, non existen velenos ecolóxicos para o medio ambiente».

Sin embargo, sobre estos químicos, y sobre todo sobre el glifosato quizás por ser el más utilizado, hay un intenso debate en el que la comunidad científica tampoco tiene una postura unánime. Moisés Canle, decano de la Facultad de Ciencias de la UDC y profesor de química, recuerda que la alarma generada cuando la OMS calificó el glifosato de probable carcinógeno surge por una mala interpretación de este informe. El estudio fue realizado por la IARC (Agencia Internacional de Investigación en Cáncer) y en él se sitúa a este componente en la categoría 2A de probable carcinógeno, la misma categoría en la que está el consumo de carnes rojas, y por debajo del alcohol y del tabaco.

Similar a un aminoácido

El glifosato es una molécula pequeña muy similar a un aminoácido esencial. Las plantas, al contrario de los vertebrados y la mayoría de los animales, biosintetizan aminoácidos. Lo que hace el glifosato es engañar este sistema de las plantas para que no puedan sintetizar aminoácidos, por lo que acaban muriendo. La ventaja del glifosato y lo que explica su enorme uso es que es un herbicida que actúa en todo tipo de plantas, mientras que otros se centran en determinadas especies o requieren de una mezcla para tener eficacia.

Canle insiste en dos puntos al hablar del glifosato y de la polémica sobre este herbicida. En primer lugar recuerda que los humanos no hacen biosíntesis de aminoácidos, por lo que el glifosato no actúa en el hombre. En segundo, hace hincapié en la importancia de que se respeten las indicaciones de uso, algo que no ocurre muchas veces en Galicia, «si se recomienda una concentración al 1 % una vez al mes, se acaba echando más y con más frecuencia, eso es un problema porque no aporta nada a mayores y lo que se consigue es contaminar el suelo y que pueda pasar a los acuíferos», concluye. De momento el glifosato no está prohibido «y lo que hay que hacer es seguir investigando cómo hacemos con otros pesticidas o fármacos», concluye.

En la muralla de Lugo optan por la limpieza manual y aceites que inhiben la germinación

Un ejemplo sobre los distintos métodos que usan las administraciones para acabar con los hierbajos es la muralla de Lugo, patrimonio de la Humanidad. En este caso es la Consellería de Cultura quien, a través de su dirección de Patrimonio, se encarga de combinar la preservación del monumento y de su hábitat, con la necesaria conservación y limpieza de las piedras. Y es que se trata de un espacio en el que anidan cirrios (vencejo común), por lo que hay que optar por métodos que no sean agresivos. «As limpezas nos ámbitos patrimoniais hai que estudalas de xeito holístico, analizando o tipo de pedra e se hai colonias animais ou vexetais», apuntan en el departamento que dirige Román Rodríguez. Además de la limpieza manual, investigadores de la Universidade de Santiago probaron allí un herbicida ecológico a base de aceites esenciales de tomillo y romero, que inhiben la germinación de la hierba más extendida en el monumento.

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