Santiago Caamaño, ludópata rehabilitado: «Gastaba todo en las apuestas, una vez perdí 13.000 euros en solo dos horas»

Desde una cuenta de Twitter cuenta su experiencia y alerta a niños y jóvenes sobre los peligros del juego


Redacción / La Voz

Tiene 25 años, trabaja como teleoperador y estudia Psicología. Pero además de ello, bajo el nombre de Ludópata Rehabilitado Santiago Caamaño es un activista digital contra los excesos de la industria del juego. «Hace un año que me rehabilité y empecé a dar charlas en los colegios y me di cuenta de que el problema es más grave de lo que yo me imaginaba», señala

-¿Qué se ha encontrado en esas charlas para pensar eso?

-Cuando llego hago una pregunta: ¿cuántos han jugado a las apuestas deportivas últimamente? Levanta la mano más de la mitad de la clase. Siempre. Hablamos de chicos de 14 y 15 años.

-Los menores no pueden jugar.

-En teoría, no.

-¿Usted entró como menor de edad en estos salones?

-Sí y, cuando tuve mis recaídas, vi que siguen entrando.

-¿Por qué ocurre eso?

-Porque no hay control de acceso en los salones, que es algo de risa. Todo eso con publicidad emitida a todas horas con caras famosas e ídolos de los chavales. Eso llama a jugar y así es mucho más fácil terminar enganchado.

-Además, están las máquinas de apuestas en los bares.

-Sí, el borrador de la Ley do Xogo ni lo contempla. En los bares es aún más difícil controlarlo

-¿Como se enganchó?

-Empecé a jugar con 14 años al póker. Primero con fichas, luego apostábamos un euro. Luego, más y ya me pasé al póker on line, falsificando los datos de mi madre. Cuando llegaron las apuestas deportivas ya me dediqué solo a eso. Fue desde los 17 a los 22, que fue cuando pedí ayuda.

-¿Qué es lo que engancha de las apuestas deportivas?

-La inmediatez. Cuanta más hay, más engancha. Puedes apostar el número de córneres, quién marca el penalti, si hay un gol en los próximos 10 minutos... Todo.

-¿Cómo se sentía al jugar?

-La sensación de jugar en un salón de juegos es la mejor que tuve en mi vida. Es un subidón total. El problema son los problemas que vienen luego. Allí pierdes la noción del tiempo. No sabes si es de noche o de día. Cuando vas habitualmente te tratan muy bien. Me invitaban a beber. Les decía que quería un kebab, me lo buscaban y me lo pagaban. Me lo ponían encima de la máquina. Te hacen sentir como en casa.

-¿Eso es común?

-Si vas todos los días ya te empiezan a mimar. Eso no me ha pasado solo en un sitio. Por eso entiendo que no sale de los camareros, que viene de arriba. De pronto, te ofrecen un cubata diciendo que tienen un botella allí para los amigos. El alcohol distorsiona una parte del cerebro. Pierdes más aún el control y aumenta tu forma agresiva de jugar.

-¿Cuánto gastaba en un día?

-Lo que tuviera. Si tenía 100 euros, gastaba 100. Si eran 1.000, gastaba 1.000. Si ganaba algo, lo dejaba allí también. Un día gané 13.000 euros y los perdí en solo dos horas. No tenía límite. La única forma de irme con dinero es que cerrase el local.

-¿Se escondía?

-Sí. Con mis amigos, por ejemplo, jugaba 5 euros, como ellos. Pero era un disimulo. Cuando quería jugar de verdad cogía el coche. Me iba a Santiago, por ejemplo. Me pasaba el día jugando sin que nadie me molestara. Si había alguien conocido cambiaba de local. Yo quería la soledad

-¿Vergüenza?

-Más que eso era estar en una burbuja. Yo estaba concentrado en ganar, no quería a nadie.

-¿De quién es la culpa de todo?

-El jugador tiene culpa como la tiene el fumador. Eso del juego responsable no existe, igual que no existe el pitillo responsable. Pero, ojo, la ludopatía es una enfermedad y tú no eliges cuando la tienes. Entonces, hay una publicidad abusiva a todas horas, poniendo a Cristino Ronaldo o Neymar, que son ídolos juveniles. No dejan abrir cada dos por tres una sala en barrios obreros sin control de acceso. Todo eso se tiene que controlar.

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