De José Sellier a Oliver Laxe, 120 años de una ciudad de cine

Del primer filme de Sellier al último de Laxe, la gran pantalla ha delineado la historia coruñesa desde 1897

RETROSPECTIVA DE SEPTIEMBRE DE 1956 CON GENTE HACIENDO COLA DELANTE DE LA TAQUILLA DEL CINE TEATRO COLON PARA VER LA PELICULA ''SISI''.
RETROSPECTIVA DE SEPTIEMBRE DE 1956 CON GENTE HACIENDO COLA DELANTE DE LA TAQUILLA DEL CINE TEATRO COLON PARA VER LA PELICULA ''SISI''.

Es catedrático de Filosofía jubilado en el instituto de Monelos

Oliver Laxe, apreciado exalumno nuestro del instituto de Monelos, ha marcado un hito histórico al conseguir que su último filme, O que arde, haya sido la primera película en gallego premiada en el festival de Cannes y la tercera consecutiva suya galardonada en el mismo certamen. Su primer profesor de Imagen en el instituto, Luis Vázquez de Sancho, es el autor de un trabajo (no publicado hasta ahora), en el que recoge la amplia tradición de la ciudad herculina desde el punto de vista de la exhibición cinematográfica y que se remonta a los mismos orígenes del séptimo arte. Muchos de los datos que menciono a continuación están tomados de él.

El introductor del cine en la ciudad fue José Sellier, de origen francés, pero que vivió en A Coruña la mayor parte de su vida. En 1897 compró a los hermanos Lumière, que la acababan de inventar, una cámara de grabación, y poco después filmó una de las primerísimas realizaciones del cine español: Entierro del general Sánchez Bregua, a la que siguieron varios cortos más. La primera proyección se realizó el 23 de mayo de 1897 en el denominado Bazar de la industria, en el número 8 de la calle Real, justo donde más tarde se situaría el cine París, que con el tiempo llegaría a ser la sala en activo más antigua de España.

Muy pronto el cine haría furor en A Coruña, fundándose, además del propio cine París, numerosas salas de exhibición, especialmente en los jardines del Relleno -hoy Méndez Núñez, un espacio ganado al mar a finales del siglo XIX y zona de esparcimiento de la población-, tales como el Pabellón Lino, el Royal Cosmograph, el cinematógrafo de Matías Sánchez, el pabellón Pradera, el Olimpo, el Salón Cinema Coruña (situado en el solar donde se halla actualmente el Hotel Atlántico) y, algo más tarde, el Kiosko Alfonso y La Terraza, que además de cafetería y restaurante también ofrecían exhibición de películas. 

Expansión de salas

A CORUÑA
CINE AVENIDA
130802
FOTO XOSE CASTRO
A CORUÑA CINE AVENIDA 130802 FOTO XOSE CASTRO

A partir de las décadas de los años 20 y 30 se produce una expansión de la cinematografía por los diversos barrios de la ciudad. En la Gaiteira se inauguran el Salón Novedades y el Ideal Cinema; el Victoria, en la calle Hospital; el Doré, en Juan Flórez; el cine Cuatro Caminos, en Concepción Arenal; el España, en la Falperra; el Monelos, en la calle Caballeros; el Hércules, en la calle San José; el Savoy, entre la calle Real y la de los Olmos; el Cine Coruña, en la Galera… Para dar paso en la posguerra, en los años 40 y 50, a una nueva remesa de salas, como el Avenida en los Cantones, el cine Goya en Cordelería, el Santa Margarita (más tarde, rebautizado como Rex) en la calle Padre Sarmiento, el Finisterre en la avenida del mismo nombre, el Lux en Peruleiro, el cine Ciudad junto a la plaza de Azcárraga, así como el amplio Teatro Colón que hoy mantiene su actividad en la avenida de la Marina, y el popular cine Equitativa en la plaza de Vigo.

Semejante profusión de locales de proyección, distribuidos por todo el tejido urbano, dan una idea del auge que el cine adquirió en A Coruña a mediados del siglo XX. Hay que tener en cuenta que hasta después de 1960, la televisión no se introdujo mayoritariamente en los hogares españoles. Además, a diferencia de otros espectáculos que nutrían la oferta cultural de la época, el cine estaba al alcance de prácticamente todos los bolsillos.

Cien años de los pabellones del Relleno a los estrenos en el centro comercial

En la época del llamado desarrollismo (años 60 y 70) aún se fundaron salas nuevas en A Coruña como el Alfonso Molina, en la calle Ángel Senra, o el grandioso y moderno cine Riazor, en la avenida de Rubine. En plena transición democrática se creó el cómodo y elegante Valle Inclán, en Comandante Barja (hoy Riazor), que pronto se especializó en cine de arte y ensayo de gran calidad.

A partir de 1980 se produjo un cambio hacia los multicines (Tom y Jerry en San Andrés, Chaplin en la ronda de Outeiro, y el propio Equitativa, que se reconvirtió ), y ya en los 90 y los 2000 llegaron las multisalas ligadas a grandes centros comerciales (Espacio Coruña, Marineda City, Los Cantones Village, Rosales), que finalmente indujeron con su competencia al cierre de todos los cines urbanos de formato tradicional que aún quedaban (el último, en el 2006, fue el Equitativa). Resisten únicamente aquellos locales ligados a instituciones como el CGAI, o el Ayuntamiento, en el caso de las salas del Fórum Metropolitano del Parque Europa.

Signo de los tiempos modernos y posmodernos, el cine-espectáculo ha seguido la evolución de la sociedad a través de más de un siglo de existencia. En la belle époque de principios del XX fue la gran atracción de los pabellones del populoso Relleno, en el período de entreguerras y de posguerra se diseminó por toda la urbe en «salas de proximidad» para dar cabida a todas las clases sociales y a todos los barrios y en los años del desarrollo se exhibió en enormes pantallas y confortables espacios para acabar situado, como un artículo de (súper) mercado más, en las grandes superficies comerciales auspiciadas por la globalización.

Pero la sombra del interés por el cine en A Coruña es alargada, y así tenemos hoy día no solo la persistencia de la afición de los espectadores, sino también la actividad destacada de productores locales que a menudo utilizan nuestro espacio urbano como plató y de directores, como el propio Oliver Laxe, ligados a nuestra ciudad.

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