A Coruña / La Voz

María Pita se quedó este sábado pequeña para alojar al centenar largo de invitados y los más de 300 asistentes que llenaron el palacio municipal. Cuatro salas con pantallas emitieron en directo toda la sesión plenaria, que se inició a las seis en punto de la tarde con puntualidad británica.

En María Pita estuvieron representantes de todos los sectores de la sociedad coruñesa y de las principales instituciones. Entre ellos, todos los exalcaldes vivos de A Coruña. José Manuel Liaño Flores, Francisco Vázquez, Javier Losada -presente también como delegado del Gobierno-, Carlos Negreira y Xulio Ferreiro acudieron a saludar a la nueva alcaldesa, Inés Rey, que ha devuelto al PSOE la alcaldía tras ocho años con el partido en la oposición.

Con ella estuvieron el presidente de la Diputación, Valentín González Formoso y el secretario general del PSOE en Galicia, Gonzalo Caballero. Entre los socialistas pasaron por María Pita el exconselleiro José Luis Méndez Romeu y el expresidente de la Diputación Salvador Fernández Moreda. También estuvo el expresidente de la Xunta, Fernando González Laxe.

El rector, Julio Abalde, el presidente de los empresarios, Antonio Fontenla, el presidente de la Autoridad Portuaria, Enrique Losada y el presidente de La Voz de Galicia, Santiago Rey Fernández-Latorre, asistieron a la investidura, un acto que remató con la interpretación en el salón de plenos del himno gallego por parte de los niños del Coro Cantábile. El fiscal superior de Galicia, Fernando Suanzes, y el director de la Compañía de Tranvías, Ignacio Prada, acudieron a María Pita, donde también estuvieron representantes de buena parte de las asociaciones de vecinos y de las entidades sociales y culturales de la ciudad, además de familiares de los cargos electos.

El pleno fue intenso, con aplausos cuando la alcaldesa fue proclamada y después de que jurasen o prometiesen sus cargos los concejales. Ahí, cada uno con su estilo, la Marea y el BNG recurrieron al «por imperativo legal» para asegurar que acatarían y harían cumplir la Constitución, con los nacionalistas prometiendo ser «bos e xenerosos» y la Marea prometiendo, esta vez sin imperativo legal, cumplir su propio código ético.

Todos los ediles socialistas juraron o prometieron sus cargos -Inés Rey prometió el suyo- y lo hicieron en cada caso portando una rosa roja. Destacó la camiseta naranja, en apoyo de los trabajadores de Alcoa, que vistió el concejal de la Marea Xiao Varela debajo de su americana.

La sesión terminó poco antes de la siete de la tarde, pero Inés Rey tardó bastante más en abandonar el salón. La alcaldesa, que se emocionó recordando a sus abuelos y se abrazó, antes que a nadie, a su familia, se dedicó a hacerse fotos con las docenas de amigos que se acercaron hasta el salón de plenos. Un ir y venir constante de selfis con los maceros de fondo, estampa clásica en las citas más importantes que se convocan en María Pita. La de ayer lo era para Rey y para todo el socialismo coruñés que volvía a la planta noble del Ayuntamiento tras muchos años alejado de ella.

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