«Muchos abandonan las terapias para dejar de fumar por el precio de los fármacos»

El Chuac conmemora el Día sin Humo sensibilizando a la población y reclamando la subvención de los tratamientos de deshabituación

Día Sin Humo en el Chuac
Día Sin Humo en el Chuac

A CORUÑA

Una especie de alcoholímetro sirve este viernes a las puertas del Chuac para comprobar cuánto monóxido de carbono se lleva en el cuerpo por fumar. «El nivel ideal es 0-1, el que fuma una cajetilla al día sube a 25-30, pero hemos tenido pacientes que llegan a 60, ¡parece que se comen los cigarrillos», explica María José Camarero, enfermera de la Unidad de Tabaquismo del Hospital Universitario A Coruña. En la medición influye, además de la cantidad, la forma en que se fuma: «Hay gente que apaga el pitillo antes, hay otra que aspira muchísimo... por eso varían las mediciones». De una u otra forma, «el tabaco es malo, muy malo, cada vez se descubren más patologías asociadas al consumo», insiste la experta, que una vez a la semana atiende a aquellos pacientes con patologías de base remitidos a la consulta de deshabituación tabáquica por diferentes especialistas, desde cardiólogos a neumólogos, endocrinos, cirujanos vasculares o anestesistas. Porque, aunque no todo el mundo lo sabe, «los riesgos de la anestesia aumentan si eres fumador», subraya.

Intentar que lo dejen es el trabajo de esta unidad del Chuac, que atiende anualmente a medio millar de pacientes. «El éxito es del 50-60 % entre los que siguen, porque muchos abandonan», lamenta Camarero, que señala un factor clave: el precio de los fármacos para ayudar a la deshabituación. «De cada diez, sin fármacos abandonan la mitad», estima. El protocolo para dejarlo incluye la prescripción de fármacos durante tres meses con seguimientos que a veces se prolongan un año si se producen recaídas. A medio camino «se quedan bastantes, porque los fármacos no están subvencionados, y aunque siempre decimos que tiene el mismo coste que fumar una cajetilla al día, muchos fuman tabaco de liar, que es más barato, y ellos mismo te dicen que no es lo mismo comprar el tabaco día a día que desembolsar 120 euros por una caja de pastillas para un mes», explica la enfermera. Por eso «estamos luchando para que los subvencionen parcialmente, al menos la mitad, para incentivar», recalca. 

«Nosotros no los abandonamos, si tienen recaídas prolongamos el tratamiento, los acompañamos en todo el proceso», subraya Camarero, quien advierte que a la consulta cada vez llega gente más joven que ha tenido problemas severos a los que el tabaco no colabora, como «chicos de 40 años que ya han pasado por un infarto, o con problemas circulatorios, o que tienen que pasar por el quirófano y deben dejar el tabaco».

Para quien esté dispuesto a asumir el reto de vivir sin humos, su recomendación es clara: «Hay que buscar apoyo, primero en el centro de salud, en el médico de familia y la enfermería de atención primaria». 

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