La expulsión de los sefardíes coruñeses

Por orden de los Reyes Católicos, en 1492 embarcaron en la bahía para marchar a África


A Coruña

Algunos la intuían, para muchos sería demoledor. Llevaban siglos y generaciones viviendo en la ciudad de A Coruña. Aquí tenían sus casas, su sinagoga y, en la afueras (cerca de A Palloza), su osario donde estaban enterrados sus antepasados. Eran, son, judíos sefardíes, por ser Sefarad el nombre que dieron a Hispania/España.

Hasta el siglo XV, en el reino de Galicia las relaciones de los cristianos con los judíos fueron tolerantes, no exentas de episodios antisemitas. Sin embargo, a partir de 1480, durante el reinado de los Reyes Católicos, bajo los auspicios de la Inquisición, la hostilidad contra los judíos aumentó. Por razones religiosas, políticas y xenófobas, los reyes fueron tomando medidas cada vez más duras contra ellos. En 1480 ordenaron que no morasen con cristianos y tuviesen sus juderías separadas, en 1483 promulgaron su expulsión de Andalucía y el 31 de marzo de 1492 firmaron los decretos de su expulsión general de las Coronas de Castilla y Aragón. Les dieron cuatro meses para que se marcharan y «que jamás tornen ni buelban». En ese plazo podían vender sus bienes y saldar sus deudas, dándoles permiso para partir con su hacienda, pero prohibiéndoles sacar oro, plata, monedas y mercancías vedadas por las leyes.

Pregonada la orden, en A Coruña los judíos se aprestaron a marchar. Sabemos parte de lo que ocurrió por la denuncia que hizo el coruñés Marcos Alonso a los reyes. Según su relación, desde la bahía coruñesa partieron diversas naos transportando judíos de A Coruña, Ferrol, Pontedeume y Villafranca del Bierzo a África. 

Un platero rico

En una de esas naos, fletada por Juan de San Juan, mercader coruñés, embarcó Isaac, judío platero y vecino de A Coruña, con otros judíos de la ciudad y de Villafranca. Llevó consigo, contraviniendo la orden real, «lo que tenia de moneda e oro e plata e perlas e otras cosas de valor en quantía de dos quentos e medio de maravedís», es decir, por valor de 2,5 millones de maravedís. Una fortuna.

También nos dice la denuncia que el corregidor de la ciudad y otras personas del reino de Galicia sabían que se llevaba dicha moneda, oro y plata y que a los arrendadores de las alcabalas (impuesto sobre las compraventas), conocedores de lo que pasaba, les había quedado por ello «dos pastas de plata grandes» (masas de polvo de plata para hacer monedas o joyas). Todo parece indicar que los judíos coruñeses y los demás que salieron de A Coruña pudieron, gracias a sus dádivas y a la ayuda y permisividad de las autoridades, mercaderes locales y de los capitanes de naos, llevarse su fortuna. Nada más sabemos, solo que los reyes iniciaron en 1493 una investigación para comprobar lo acontecido.

Sin embargo, una duda asalta a los investigadores. ¿Ese Isaac, sefardí coruñés, platero y rico, es el mismo Isaac, sefardí coruñés, hijo de Salomón di Braga, que había encargado en 1476 y poseía la magnífica Biblia iluminada de A Coruña (hoy conocida como Biblia Kennicott)? Quizás sí, pero no hay certeza. Y ¿dónde estaban situadas la judería y la sinagoga de A Coruña? Otras historias y libros sin fin.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

La expulsión de los sefardíes coruñeses