Emilio Veiga: «La formación continua en un profesor es tan necesaria como en un cirujano»

Se enfrenta a una nueva etapa tras más de treinta años dedicado a la educación


A Coruña / La Voz

Tras más de treinta años ocupándose de la educación de los niños, ahora Emilio Veiga ha empezado una nueva etapa como profesor de profesores. Así podría definirse la labor al frente del Centro de Formación y Recursos del que hasta hace poco presidió la Asociación de Directores de Colegios Públicos.

-Un nuevo reto dentro de su dilatada trayectoria como docente.

-Mi primer destino fue en Ponteceso y después me fui a una escuela unitaria en la zona de A Laracha en la que me pasé quince años como profesor de educación infantil, una experiencia inolvidable. Y a mediados de los noventa me vine a A Coruña, coincidió que se jubilaba el director del Juan Fernández Latorre y me tocó asumir la dirección. Por formación universitaria he estado siempre muy ligado a la formación del profesorado, en eso basé mi doctorado. Así que también estuve como asesor del Centro de Formación y Recursos antes de ahora. Y después estos últimos años en el San Francisco Javier estuve como director y profesor de Primaria.

-¿Cuál es el objetivo del Centro de Formación y Recursos?

-Lo que su propio nombre indica: dotamos de formación y recursos a los centros educativos. Detectamos sus necesidades de formación como comunidades educativas. Y ahí incluimos no solo al profesorado, sino al alumnado, y por supuesto a las familias. Esto es una novedad que puede que todavía no se conozca demasiado, pero existe esa posibilidad de formación de familias a través de los que denominamos Escolas de Nais e Pais. Porque también las familias necesitan información sobre lo que hacen sus hijos. Por ejemplo, el niño llega a casa diciendo que está haciendo robots en el taller de robótica, y a muchos padres hay que explicarles la utilidad práctica de eso, que no es otro juego más.

-¿Y tiene demanda esa formación continua?

-La innovación y la formación continua es algo inherente a cualquier profesión, y la nuestra especialmente. Reconocemos la necesidad de que un cirujano tenga sus conocimientos actualizados. Pero, ¿qué pasa con los profesores, las personas en cuyas manos ponemos nuestra joya más preciada, nuestros hijos? Es igual de necesaria y, afortunadamente se está generalizando cada vez más.

-Sobre todo en esta época de revolución tecnológica...

-A través de las nuevas tecnologías buscamos un cambio en la escuela más tradicional, un cambio en el que el alumno es más protagonista y trabaja desde el pensamiento de los niños de hoy en día, que están totalmente inmersos en la tecnología. Pero todo esto sin olvidarnos de los aspectos más humanísticos, más creativos, que pueden potenciarse con estas herramientas.

-Disciplinas como la caligrafía, en la que tanto nos insistían cuando éramos pequeños, ¿siguen teniendo sentido en esta sociedad digital?

-Lo que tenemos que tener claro como padres y como docentes es que la tecnología es un recurso maravilloso, pero nunca puede llegar a ser una metodología en sí misma. Esta sigue siendo el trabajo en grupo, que el niño aprenda a trabajar de forma colaborativa en un grupo multidisciplinar… Y la tecnología puede ayudarnos a conseguir estos fines, pero no ser un fin en sí misma.

-¿Cómo ha cambiado el panorama en sus años de docencia?

-Antes los niños eran más tranquilos. Los de ahora son fruto directo de nuestra sociedad, y como docentes nuestra obligación es tener la formación necesaria y ser lo suficientemente creativos para atender a esos niños. 

«El rugir de la marabunta de los pasillos del colegio es la banda sonora de mi vida»

Con su nuevo destino al frente del Centro de Formación y Recursos, Emilio Veiga ha cambiado su ámbito de trabajo, aunque el objetivo siga siendo el mismo, la educación de los niños.

-¿Echa de menos el contacto directo con los alumnos?

-Aquí el trabajo es muy intenso, muy rápido, así que no me da tiempo a pensar mucho. Pero cuando voy a visitar algún centro, que lo hago muy a menudo, ahí sí que te das cuenta. Ese ruido, el rugido de la marabunta que se oye en los pasillos de cualquier centro, es algo que tengo pegado a la oreja. Son más de treinta años escuchando eso a diario. No es que sienta nostalgia, pero es que es la banda sonora de mi vida.

-¿Qué valoración hace de nuestro sistema educativo?

-Soy producto del sistema gallego y muchas veces lo criticamos porque todo es mejorable. Pero incluso en épocas de recortes, que me cogieron siendo director del CEIP San Francisco Javier, he de decir que jamás tuve una rebaja de presupuestos. También es cierto que no crecieron y por supuesto que nunca llega el dinero para hacer todo lo que quieres. Tenemos un gran sistema educativo que se está copiando en diferentes partes de España, pero tenemos que creérnoslo más.

-¿Cuáles son los retos actuales?

-Queda pendiente la internacionalización. Sacar a nuestros docentes al extranjero para ver lo que se está haciendo en otros países. De la misma manera que tenemos que traer a más gente de fuera para que vea lo que hacemos aquí, que tenemos mucho de lo que presumir. Tiene que haber un intercambio, importar conocimiento y exportar nuestro saber hacer.

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