El Ofimático demanda servicios y conexiones para convertirse en barrio

Los primeros habitantes del polígono viven en un lugar con casi todo por hacer


A Coruña / La Voz

Un centenar de familias pasan cada día entre vallas de obra, obreros y cascotes para entrar y salir de sus casas, ubicadas en un barrio donde falta casi todo. Son los residentes en el Ofimático, a los que pronto se sumarán más vecinos. Llevaban años luchando por conseguir entrar en sus pisos y lo han conseguido. Desde ellos se han dado cuenta ya de todo lo que les falta. En el Ofimático hay luz, agua, gas, teléfono, aceras y algunos accesos. Pero allí no hay parques infantiles, zonas verdes ni, por supuesto, colegios y guarderías aunque se sabe que en poco tiempo abundarán los niños. 

Qué falta

Urbanización. El Ofimático tiene todavía para años. Falta por modificar el plan parcial para redimensionar el parque y falta contratar la obra de urbanización de la mayor parte del polígono. Lo que se hizo hasta ahora fue una actuación mínima para permitir que los primeros vecinos pudieran entrar a vivir en sus casas. El resto todavía hay que licitarlo y contratarlo, mientras no se haga no habrá parques, accesos completos ni mobiliario urbano en condiciones. En la actualidad hay cinco bloques de edificios rematados o casi y alguno más en camino. 

Necesidades

Casi todas. La situación de los primeros vecinos del Ofimático se parece mucho a la que vivieron aquellos que a principios del 2005 se convirtieron en los primeros colonos de Novo Mesoiro. Fueron unos 200 los que lograron las llaves en la primera tanda y se encontraron un paisaje plagado de obras. Al igual que en el Ofimático, por allí no pasaba el bus -aún tienen problemas de conexiones-, apenas se veía policía y en las calles mandaba la suciedad. Al principio no había ni centro de salud ni guardería y el colegio aún hoy está en obras. El mismo panorama que tienen en el Ofimático, donde el único servicio, privado, en obras, es la construcción de un supermercado al que seguirá otro. Los pocos vecinos que allí viven están conectados con Eirís, pero Matogrande, a unos metros, les supone una vuelta de kilómetros para llegar hasta allí. «A mí me parece que lo más adecuado es conectar adecuadamente esa zona con el resto de barrios colindantes y con el conjunto de la ciudad», dice Fernando Agrasar, director de la Escola de Arquitectura. «También hay que pensar en entremezclar usos para que ese tejido esté vivo, y dotarlo de equipamientos», dice Agrasar. «Novo Mesoiro es un ejemplo de lo que no se debe hacer», asegura, y apunta que lo importante es que la ciudadanía tome conciencia de la necesidad de hacer ciudad pensando en el entorno, no solo en la vivienda que cada cual se pueda comprar. 

El entorno

Romper fronteras. El presidente del COAG en A Coruña, Roberto Costas, insiste también en la necesidad de mezclar usos para que el nuevo barrio funcione. Además, alerta también de la necesidad de conectar esa zona con su entorno: «El Ofimático está situado entre varias vías importantes, rodeado por fronteras, como Alfonso Molina, que hay que ir salvando», dice. En su opinión, el polígono puede tenerlo más fácil que otros surgidos en puntos más aislados, porque a su lado ya existe otro barrio, Matogrande. «Hay que salvar las barreras para no crear bolsas individuales de vivienda a las que se entra y se sale en coche sin hacer vida allí», dice. 

Una larga historia

Más de 30 años. El Ofimático iba a ser un parque de oficinas y negocios. Así se concibió en el año 1990, con edificios inteligentes dotados de «videotexto y correo electrónico». Lo que se iba a empezar en diciembre de 1992 y que, además, iba a tener estación propia para el metro ligero y el tren de cercanías, no empezó hasta casi 20 años después ya exclusivamente como zona residencial, y lo hizo con polémica y con parte de los propietarios exigiendo cambios para abaratar costes. Un juez paró la obra en el 2015 y el grueso de la inversión está todavía pendiente. 

Mucha densidad y pocos espacios públicos al lado de Alfonso Molina

A mediados de los 90 se creó en A Coruña el barrio de Matogrande. Allí se construyeron 1.205 viviendas en un primer momento, en un área que se iba a completar con el Ofimático, pospuesto 30 años. Matogrande se convirtió en una isla residencial cercada por Alfonso Molina y no relacionada con su entorno. En el diseño de la zona se primó la edificabilidad sobre otros criterios y allí escasean los espacios públicos y las zonas verdes en unas calles atestadas de coches. Más que un barrio, Matogrande funciona como una especie de gran urbanización residencial.

El mayor desarrollo de la ciudad cumple ahora un cuarto de siglo

Los más de 500.000 metros cuadrados de Los Rosales convierten a ese barrio en el mayor desarrollo urbanístico de la ciudad. El Ofimático suma 417.000 metros. En Los Rosales se construyeron 5.160 viviendas -en el Ofimático hay previstas 2.100- y los primeros vecinos llegaron a mediados de los años 90 demandando servicios que fueron llegando poco a poco, como el centro de salud, que se inauguró 10 años después de la llegada de los primeros habitantes de una zona que siempre tuvo un carácter residencial y donde se siguen pidiendo mejoras en las conexiones del bus.

Un lugar mal comunicado y con el primer colegio todavía en obras

Las 3.500 viviendas de Novo Mesoiro, buena parte de ellas de protección oficial, configuran el último gran barrio nacido en A Coruña. A principios del 2005 llegaron los primeros habitantes, que se encontraron una zona mal comunicada con el resto de la ciudad, con un servicio de bus deficiente y con atascos constantes hasta la apertura de la tercera ronda. Allí los vecinos llegaron antes que los servicios y el barrio arrancó sin colegios ni zonas deportivas. Poco a poco fueron llegando el centro de salud, el centro cívico y ahora, 15 años después, tienen el colegio en obras.

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