El 091 busca al padre acusado de agredir a su hija de 16 años en A Coruña

La familia vive en un piso okupado de la calle Cardenal Cisneros, del barrio de la Sagrada Familia


A Coruña

Una joven de 16 años fue presuntamente agredida en la mañana del viernes por su padre en su vivienda ubicada en la calle Cardenal Cisneros, en el barrio de la Sagrada Familia de A Coruña. La niña sufre un fuerte traumatismo en el pómulo derecho que le afecta al ojo. Fue atendida por agentes del 091 y, minutos después, por  los sanitarios del 061. La joven no quiso ser trasladada: «Quiero encontrarme con mis hermanos e iré después al hospital», dijo.

La menor contó que se encontraba en cama y que su padre la obligó a levantarse «y se abalanzó sobre mí y comenzó a golpearme». La joven escapó de su casa, donde se encontraban sus otros cuatro hermanos y su madre, indicó. La progenitora, L. J., de 38 años, asegura que el padre no fue el autor de la agresión: «Mi marido no le pegó. Le riñó porque había llegado tarde, sobre las seis y media de la madrugada, y no quería que estuviese durmiendo. Es que no quiere hacer nada, dejó los estudios, está liada con lo peor de A Coruña y no quiere trabajar. Durante la discusión la niña cayó y se golpeó con la esquina de una puerta», señaló la mujer.

La menor salió a la carrera y se refugió en una cafetería Canosa ubicada en la ronda de Outeiro: «Entró gritando pidiendo socorro, diciendo que su padre la quería matar y se escondió en el baño de caballeros», contó Ramón Vázquez Canosa, propietario del establecimiento.

Amenazas con un taburete

A los pocos minutos llegó el padre al bar. Preguntó dónde estaba su hija «porque la iba a matar», explicó Vázquez. Ni él ni los clientes que estaban en el interior le dijeron el lugar en el que se había escondido la niña, «y al ver el aseo de las mujeres abierto no sospechó que podía estar en el de los hombres», subrayó.

Ante la negativa de darle información, el presunto agresor cogió un taburete y amenazó a los que se encontraban en el bar: «O me decís dónde está mi hija o también os mato a vosotros», relató Vázquez Canosa. Ante esta situación, una joven, que estaba tomando un café, llamó a la policía: «Al enterarse escapó a la carrera hacia Cárdenal Cisneros».

Antes de él salió un cliente del Canosa, que también se había negado a descubrir dónde estaba la pequeña. Al verlo en la acera comenzó a perseguirlo. El joven se refugió en una tienda de pinturas, «detrás de la barra, y rogaba que le ayudásemos porque lo querían matar», dijo Israel Sánchez, empleado del comercio y cuyo padre es el propietario de la Pulpeira de Arzúa. El supuesto agresor quiso entrar, pero Israel le dijo que no lo hiciese y que iba a llamar a la policía. El individuo abrió la cazadora, «en señal de que tenía algún arma escondida entre la ropa», manifestó Sánchez.

Tras unos fuertes insultos y varias amenazas de muerte, «el hombre huyó porque ya escuchó las sirenas de la Policía Nacional, que no tardó ni cinco minutos en llegar a la zona desde que se le llamó», manifestaron otros testigos.

Al llegar las patrullas de la policía, tanto del 091 como del 092, ya no encontraron al presunto agresor. Dos agentes de la Policía Nacional entraron en el Canosa a buscar a la niña, que aún estaba escondida en el cuarto de baño: «No quería salir ni cuando llegaron los  policías. Tenía mucho miedo», explicó Ramón Vázquez.

Los dos agentes convencieron a la menor y le prestaron los primeros auxilios. De inmediato llegó a la zona una ambulancia del 061. Los facultativos le realizaron una primera exploración e intentaron trasladar a la lesionada a un centro médico, pero la joven se negó.

Sobre las causas de la agresión, la menor dijo que su padre «se droga y está casi siempre colocado y la toma con nosotros. Ya no es la primera vez que me pega, pero no como esta vez».

Por su parte, la madre de la joven, L. J., manifestó que su marido «no es agresivo. Ama a nuestros hijos». De hecho, recordó que el presunto agresor había salido de la cárcel el pasado miércoles después de estar preso cuatro meses «por trapichear con drogas», contó la mujer, «y desde que llegó está muy contento por volver a estar a nuestro lado». Asegura que la culpa no es del hombre, «el pasa temporadas en prisión y a mí se me fue de las manos el control de mi hija y se volvió muy rebelde», subrayó.

Desahucio

L. J. explicó que la familia, ella, su marido y sus cinco hijos, todos ellos menores de edad, la más pequeña de 8 años, «vivimos de okupas en el piso». Aseguran que viven en muy malas condiciones: «Mi marido no trabaja, y hasta ahora que salió de la cárcel, como solamente estuvo cuatro meses, no puede cobrar el paro». La mujer tampoco tiene trabajo y que no cobran ninguna prestación. Reconoció que solamente su hija pequeña «acude casi siempre al colegio».

Recordó que ya tiene una carta en la que se le comunica que deberá abandonar el piso, pero dice que no tiene a dónde ir. Sí habló con responsables de Servicios Sociales, «pero de momento no me dijeron nada», subrayó.

Varios vecinos de esta familia y del barrio piden que se adopten medidas «porque el hombre es muy peligroso», manifestó el titular de un bar de las inmediaciones. Aseguraron que cada vez que sale de prisión, y sobre todo, los fines de semana, «esta zona se vuelve muy insegura, porque además de estar él atrae a otros compinches».

Ante esta situación, ruegan a la policía que adopte las medidas oportunas «para apartarlo de las calles», y le piden al Ayuntamiento y a la Xunta que investiguen «en las malas condiciones que vive esta familia, en medio de basura», subrayaron.

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