Adiós a Petur Eiriksson, la música como una forma de regalo

El trombón bajo principal y miembro fundador de la Orquesta Sinfónica de Galicia falleció en A Coruña a los 52 años


A Coruña

Petur Eirikisson (Olafsvik, Islandia, 1966) consideraba que la música, al igual que la vida, no era otra cosa que una forma de regalo al que valía la pena dedicar hasta el último aliento de energía y así fue como quiso vivir hasta el pasado viernes 8 de marzo.

Se había formado como intérprete primero en su Islandia natal, en Reikiavik, donde comenzó a tocar el trombón en bandas escolares y después en agrupaciones juveniles, hasta que en 1988 dio el salto a Estados Unidos para estudiar en Boston con los profesores Douglas Yeo y John Swallow, y más tarde con Scott Hartman y Sam Pilafian. En 1991 se trasladó a España para tocar en la Orquesta Sinfónica de Castilla y León y en 1992 ingresó en la recién creada Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG), donde además de su trombón bajo principal se implicó en la docencia a través de su Escuela de Práctica Orquesta y de la Orquesta Joven de la OSG.

Eirikisson está considerado como una parte esencial del núcleo original de músicos que convirtió la OSG en lo que hoy es. Como presidente de su comité de empresa luchó por mejores condiciones laborales, de ensayos y organización artística animado por su deseo de convertirla en una gran institución musical y artística.

Un doble glioblastoma que nunca quiso ocultar [abrió un blog para poner nombre y apellidos a su enfermedad en el que dio cuenta de su largo, doloroso y angustioso tratamiento] lo apartó definitivamente de su profesión en el 2017. Pese a ello, no dio la espalda a la vocación de su vida: escuchaba los ensayos de la OSG partitura en mano, tocaba el piano, realizaba arreglos musicales y escribía nuevas piezas. Petur, que había actuado a las órdenes de Claudio Abbado, Lorin Maazel o Zubin Mehta, también se puso a dirigir un coro amateur con la misma entrega, devoción y humildad franciscana con la que dirigiría el Wiener Singverein en cualquier gran sala de conciertos.

Cuando las fuerzas ya no le permitían seguir en pie, tras luchar contra su enfermedad con el coraje y la entrega de un último rey vikingo, algunos de sus discípulos más cercanos pasaban las noches cuidándolo al pie de su cama mientras todavía dictaba música a alumnos y colegas.

Se fue dejando un mundo un poquito mejor, con un hermoso legado en su querida Orquesta Sinfónica de Galicia y en las decenas de alumnos a los que formó como músicos y, sobre todo, como personas.

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