No podemos perder más tiempo


Mañana es 8 de marzo y es necesario recordarlo. Es necesario volver a repetir una y mil veces lo que venimos reclamando las mujeres desde hace siglos. Yo no voy a hablar por las que no quieren que se hable en su nombre ni pretendo ocuparles un espacio que reclaman para sí mismas, faltaría más. Pero estoy segura de que todas nosotras, absolutamente todas, queremos que no haya ni una menos. Estemos en Coruña o en Shanghái, en México o en Nueva York, desde cualquier parte del mundo nos queremos vivas. Y vivir es no morir, aunque parezca una obviedad. No morir asesinada en manos de quien un día te dijo que te quería; morir ahogada en la locura de tu propia casa, delante de tus hijos, o morirte en vida si tu marido te los mata, o morirte pensando en que tal vez pueda hacerlo. Morirte al fin.

El año pasado murieron 47 mujeres en España y en lo que va de este han sido asesinadas diez. Desde el 2003 han sido enterradas casi mil. Mujeres ricas y pobres, blancas y negras, rubias y morenas, universitarias y sin estudios, altas y bajas, gordas y delgadas, casadas y solteras, madres y sin hijos, guapas y feas... La única característica que las unía, la única que compartían todas, es solo una condición: haber nacido mujeres. Por eso a veces una tiene el impulso de visibilizar ese holocausto poniendo ejemplos que tal vez alteren la foto fija de contar mujeres muertas como otro registro más de un año más. Otra cifra. ¿Se imaginan que desde el 2003 hubieran asesinado a mil aficionados del Real Madrid? ¿Que hubieran muerto mil curas en nuestro país? ¿Que hubieran matado a mil toreros? ¿Que hubieran enterrado a mil pelirrojos?, ¿a mil cocineros?, ¿a mil profesores?, ¿a mil ingenieros de Caminos?, ¿a mil votantes de un determinado partido político?... Tal vez en ese shock se entendería que las mujeres no hemos levantado la voz de repente porque sí, no nos ha dado ningún tipo de ataque ni estamos locas ni nos hemos vuelto histéricas, las mujeres, aquí y en cualquier parte, nos morimos solo por el simple hecho de serlo. Nos matan en México, en Nueva York, en Coruña o en Shanghái solo por haber nacido mujeres. Por eso no se puede hablar de violencia sin más, porque es una violencia de género, una violencia ejercida por los hombres que matan. Si hubiesen asesinado a mil aficionados del Real Madrid, el día que muriesen dos del Barça no serían, desde aquí lo aseguro, significativos en esa ofensiva marcadamente discriminatoria.

Las mujeres coruñesas tenemos en Emilia Pardo Bazán todo un referente de defensa de nuestro sexo. Un referente de quien creyó en la igualdad absoluta, y un referente de quien escribió contra la violencia terrible que sufrían en el siglo XIX. Dos siglos más tarde las mujeres no podemos perder más tiempo.

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