Un loro al que le gusta correr, el queso y gastar bromas

Imita el sonido del teléfono y el de los mensajes de WhatsApp


A Coruña

Solo hay que ver cómo se comportan cuando están juntos para saber que la relación que tienen Víctor Fernández y Lolo, su loro yako de cola roja, es especial. Desde que llegó a su vida hace casi tres años desde un criadero de Ferrol se ha convertido en «un miembro más de la familia», y como tal, comparten juntos gran parte de su tiempo de ocio, ya sea para correr por la ciudad, dar un paseo en bicicleta o disfrutar de un chocolate con churros en cualquier terraza del barrio. «Todo lo que hacemos mi madre o yo o incluso lo que comemos, también quiere hacerlo él. Quiere participar en todo», explica su dueño.

El psittacus erithacus, especie a la que pertenece Lolo, se caracteriza por tener una gran inteligencia y una capacidad de memorización y repetición de palabras que destaca por encima de la de cualquier ave. Y si a todas estas particularidades se le suma el peculiar carácter bromista que posee este loro, surgen situaciones cómicas que han llevado a la confusión en más de una ocasión a todos aquellos que lo rodean.

Gran imitador

«Imita a la perfección el sonido del teléfono de casa y el de los mensajes del WhatsApp. Ni te imaginas la cantidad de veces que lo hace. Es todo un bromista», reconoce Víctor. Lolo es un charlatán de rutinas. No hay mañana en la que no se cruce con Socorro Dourado, la madre de Víctor, y no le suelte un «buenos días Socorrito», y ella la devuelve el saludo. Habla por imitación, pero también cuando escucha algún sonido que le llama la atención, y entonces, y sin que nadie le incite, incorpora esa palabra o sonido a su ya amplio repertorio.

Amante del queso

Se alimenta con un pienso específico, pero también con fruta, verdura, hortalizas y semillas. «Cuando quiero que haga algo que no le apetece, le doy queso, normalmente sin sal, porque le encanta, pero también funciona si recurro a las cerezas o las uvas», enumera el orgulloso propietario. Los yakos de cola roja son una especie que necesita socializar y recibir estimulación para desarrollarse al máximo, pero «cuando los confinan en jaulas», advierte su dueño, «se estresan y empiezan a tener malas conductas. Incluso pueden llegar al picaje, un comportamiento patológico que les lleva a arrancarse las plumas, o a no parar de gritar».

Lolo se hizo famoso en la ciudad en junio del año pasado, cuando por un despiste se escapó por la ventana de su casa. Desapareció durante «dos días horribles», pero gracias a Radio Voz retornó a su hogar, del que no ha vuelto a escaparse.

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