El hombre que mató a su suegra en A Coruña dice que su esposa estaba jugando con él

Las acusaciones piden 25 años o la pena permanente revisable


A CORUÑA / LA VOZ

Jorge Marcial Mariñas Castro solo quiso contestar a su abogada y a los miembros del jurado. Para aclarar que nunca quiso matar a su suegra, que no se llevaba bien con ella, pero que no la odiaba. Y que si perdió la cabeza aquel día fue porque la víctima había empujado a su hija. Las acusaciones no le creen. Piden para él una pena de 25 años de prisión como autor de delito de asesinato; si bien una de las acusaciones particulares, la ejercida por una de las hijas de la fallecida, adelantó que solicitará la pena permanente revisable, «al considerar que hay pruebas suficientes que así me lo exigen», apuntó el penalista Kostka Fernández.

El acusado se mostró como un enfermo mental de larga duración, con trastorno de la personalidad con rasgos narcisistas, lo que le causó varios brotes psicóticos a lo largo de su vida. Y encima, toxicómano. Consumía cocaína, heroína y hachís.

También se esforzó en dejar claro que entre la hija de la víctima y él existía una relación en el momento de los hechos. No como sostienen las acusaciones, que aseguran que la unión estaba rota y el acusado llevaba meses enviándole mensajes amenazantes, llegando incluso a decirle que mataría a su madre.

¿Qué pasó el 20 de agosto del 2017 en la vivienda de la víctima, en la calle Gerión? El procesado recordó que permaneció la mañana entera en casa ?llevaba un año de baja por depresión? y al mediodía vio una fotografía en las redes sociales en la que aparecía su pareja junto a un hombre en la playa, bajo la que se podía leer: «Nos lo estamos pasando muy bien». Aquello «me enfadó. Pensé que no me podía estar haciendo eso delante de mi propia hija», declaró el acusado a preguntas de su letrada. Así que se vistió y corrió a la playa. Tras comprobar que no se encontraba la silla de su hija y no encontrar a su esposa, se dirigió entonces al domicilio de la madre, donde su pareja llevaba meses residiendo. Al ver la silla de la pequeña en el portal, «supe que mi hija estaba arriba. Llamé a la puerta y la señora ya me dijo que me fuera, que no estaba mi mujer. Le contesté que quería ver a mi hija. La cría, al escucharme, salió de una habitación a verme y la abuela la empujó. Al ver aquello yo dejé de ser persona. No sé lo que hice. Solo recuerdo coger a mi hija y salir de la casa». Lo que no encaja, y así lo manifiestan las acusaciones, es que la víctima murió estrangulada y con múltiples golpes y lesiones por todo el cuerpo, como varias costillas rotas, dos dientes desprendidos y nariz desviada. No obstante, Marcial Mariñas insiste: «Yo no la estrangulé». De hecho, su defensa pide que solo sea condenado por un delito de homicidio por imprudencia, castigado con penas de hasta 4 años de cárcel.

En cambio, las acusaciones sostienen que la mató con premeditación, alevosía y ensañamiento. Porque, como dice el penalista Diego Reboredo, que defiende los intereses de la exesposa del procesado, «durante los meses anteriores la amenazaba diariamente, a ella y a su suegra. Y cuando tuvo a la fallecida delante, le hizo sufrir antes de matarla».

Un jurado: «Soy católico y cruces volcadas y bichos no me gustan. Es culpable»

La sección segunda de la Audiencia Provincial de A Coruña acoge este juicio desde ayer y concluirá hoy. Un jurado popular compuesto por 7 hombres y 4 mujeres deberá decir si es o no culpable de asesinato. Esas personas fueron las elegidas por las partes. Durante tres horas, las acusaciones y la defensa entrevistaron a un total de 40 aspirantes (fueron citados tras un sorteo en el censo). Tenían que elegir a 11 y los eligieron en base a sus respuestas. Tres de los llamados no se presentaron, por lo que se enfrentarán a una multa si no presentan una justificación. Entre los que sí asistieron, hubo uno que fue recusado por todas las partes. Cuando le preguntaron si conocía el crimen y había leído en la prensa sobre el caso, respondió: «Miren, yo soy católico y a mi estas cosas de cruces volcadas y bichos no me gustan. Para mí es culpable». Se refería a la afición del acusado por el satanismo y los reptiles. 

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