El acosador de menores de A Coruña, protegido en un módulo de respeto en Teixeiro junto a Basterra

Vive en prisión junto a reclusos que están a punto de salir o se portan bien. Juan Lara Cao cogió con gusto la recomendación para residir en este módulo, sabedor de que es el lugar más seguro en el que cumplir pena


a coruña / la voz

A Juan Lara Cao se le ve de lejos que no es nuevo en prisión. Los presos siempre dicen que a uno se le nota hasta en el andar cuando entras por primera vez y el acosador de menores se mueve en la cárcel de Teixeiro como pez en el agua. «Callado y tímido, pero se le ve seguro y tranquilo», cuentan fuentes penitenciarias.

Este hombre de 37 años, el más perseguido entre noviembre y enero en A Coruña por acosar a, al menos, 12 niñas, lleva tres semanas ingresado en el módulo 7 de la prisión. El del respeto, como le llaman. Se trata de un bloque con poco más de un centenar de reclusos con buen comportamiento. La mayoría son condenados por malos tratos, «a los que les queda poco tiempo para salir y no se van a arriesgar a un castigo por darle una bofetada a un acosador o violador». No como ocurriría en otros módulos, con una población penitenciaria mucho más peligrosa, donde la ley de la cárcel insta a hacerle la vida imposible a presos como Juan Lara, acusados por delitos sexuales con menores.

El acosador de menores de A Coruña comparte módulo con Alfonso Basterra, entre otros famosos miembros de la población reclusa de Teixeiro. El asesino de Asunta siempre destacó por su buen comportamiento en prisión, de ahí que se encuentre en el módulo 7 y hoy sea uno de los que ha acogido a Juan Lara.

Un módulo de respeto, como en el que se encuentran estos dos reclusos, es una unidad de separación interior dentro de un centro penitenciario. Su finalidad es lograr un clima de convivencia y máximo respeto entre los residentes del bloque. Ahí se busca que el interno deje de sentir las normas como «algo impuesto», para considerarlas como «algo propio», según Instituciones Penitenciarias. El factor fundamental es la participación del recluso en la vida, las tareas y las decisiones del módulo, a través de grupos de trabajo y comisiones de internos.

Si bien la inclusión del hombre en el módulo de respeto es voluntaria, en el caso de Juan Lara ha habido recomendación. Que él cogió con gusto, sabedor de que es el lugar más seguro en el que cumplir una pena.

Este recluso, como el resto, acepta una serie de obligaciones. Se compromete a mantener en perfecto orden de revista su higiene, aspecto, vestuario y cuidado de celda. También a acometer tareas relativas a la utilización y mantenimiento de los espacios comunes. En cuanto a las relaciones interpersonales, debe respetar al resto de compañeros, terapeutas y funcionarios en general. Otro de los compromisos que adquieren los presos es la programación de actividades de acuerdo a un Programa Individual de Tratamiento (PIT), independientemente de las tareas de módulo que le corresponda a su grupo. Aunque todo lo anterior también es de aplicación a los internos de departamentos ordinarios, «lo que realmente marca la diferencia es el sistema de organización, que pivota sobre tres ejes: la participación activa de los internos, la organización en grupos de tareas y una evaluación inmediata de las actividades realizadas y del comportamiento individual y colectivo», añaden desde Instituciones Penitenciarias. 

Pereiro de Aguiar

Juan Lara Cao se está aclimatando a ese ritmo que ya tuvo en el 2009, cuando ingresó en Pereiro de Aguiar tras ser condenado a dos años de cárcel por una agresión sexual a una chica de 19 años en Ourense y a cuatro más por intento de abuso y agresión a siete menores, uno de tan solo 9 años. También allí estuvo en el módulo de respeto junto a su hermano menor, que cumplía una pena de 13 años por agredir sexualmente a un niño.

Juan salió a la calle tres años después, en el 2012. Y se mudó a Santiago, donde tuvo varios trabajos, sobre todo en el mundo de la hostelería. Que se sepa, no volvió a actuar hasta noviembre del año pasado, cuando cogía su coche y viajaba a A Coruña para acosar a menores. Hasta que fue detenido el 20 de enero gracias a la valentía de una adolescente que le plantó cara y le hizo huir, y a tres jóvenes que le ayudaron a retenerlo hasta que llegó la policía. 

El nuevo preso de Teixeiro se acogió a su derecho a no declarar ante el juez

Cuando la Policía Nacional lo puso a disposición judicial el pasado 21 de enero, Juan Lara Cao, asistido por un abogado de oficio, se acogió a su derecho a no declarar. La Fiscalía pidió su ingreso en prisión como investigado por un delito continuado de abusos sexuales y el juez de guardia decidió enviarlo a Teixeiro. Allí permaneció una semana en la Enfermería, donde fue atendido por los forenses, que descartaron cualquier peligro de suicidio. Fue cuando lo invitaron a ingresar en el módulo de respeto y él aceptó de buen grado. En unas semanas, el juez instructor lo llamará para tomarle declaración y, en su caso, revisarle la prisión preventiva. De apreciar que no hay riesgo de fuga ni de eliminar pruebas, podría salir en libertad y esperar en la calle a que se celebre el juicio.

Así actuaba el acosador de menores de A Coruña

La Voz

Antes de su último intento, por el que fue detenido en Monte Alto, estuvo más de media hora observando posibles víctimas en la plaza de Cántigas da Torre

El acosador de menores detenido el viernes en Monte Alto gracias a la valentía de su última víctima, una joven de 14 años que logró desembarazarse de su agresor y gritó para que una pandilla de muchachos que estaba en la zona lo detuviese en su huida, ha repetido en A Coruña un modus operandi que ya había puesto en práctica, hace once años, en Ourense.

En ambas ciudades buscaba menores de edad y en las dos despertó alarma social entre las familias. En ambas, además, la detención se logró al poco tiempo gracias al empeño policial y la información, cuando no la intervención, aportada por las propias víctimas, y por los testigos de sus andanzas. Cuentan quienes lo vieron que el viernes, poco antes de su arresto cuando trataba de escapar de la plaza de Cántigas da Terra, estuvo «más de media hora con una carpeta amarilla bajo el brazo» observando los alrededores, probablemente para elegir a quién abordar. Pasaban de las dos de la tarde, hora de salida de los colegios e institutos, cuyo entorno es su preferido para acechar a los jóvenes. 

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