Rueiro, cultivar aficiones para divertir a otros

Los jóvenes que forman parte del club ensayan música, magia y teatro para ofrecer actuaciones solidarias


A Coruña

«No sabría decir si disfrutan más ellos o nosotros». Esto dice uno de los socios del club juvenil Rueiro que participa en la actividad denominada Living for Others (vivir para otros) y que «consiste en cultivar aficiones como la magia, la música o el teatro para ponerlas al servicio de los demás, ofreciendo conciertos y festivales solidarios en diversos centros», explica Antonio Pérez, uno de los responsables de Rueiro.

Entre las actividades de este club, que acaba de cumplir los 50 años de funcionamiento, estuvo durante algún tiempo la de aprender a tocar la guitarra. Pero hace unos años «nos planteamos qué más podíamos hacer desde esta asociación juvenil, además de las habituales visitas a personas necesitadas que hacemos desde siempre, y se nos ocurrió comenzar una iniciativa solidaria en torno a la música», detalla Pérez. Así nació una formación musical compuesta por chicos de entre 14 y 17 años a la que llamaron Hospiband.

Los ensayos tenían lugar en las dependencias del club y luego participaban en encuentros y festivales con los que buscaban «hacer pasar un rato agradable a personas que necesitan despertar o remover su ilusión, un rato de compañía o de diversión».

Esta iniciativa solidaria fue creciendo y uno de los integrantes del grupo musical explica su evolución: «El proyecto Living for Others empezó con la Hospiband llevando la música a todos los sitios posibles. Cuando vimos que disfrutaban dijimos: '¿por qué no llevarles el teatro y la magia también?'». Y así lo hicieron, con lo cual los ensayos ahora ya no son solo los del grupo de música, que cada vez va ampliando más su repertorio, sino también los de quienes tratan de aprender a ser magos o quieren adentrarse en el mundo del teatro.

El resultado se volvió a ver en la actuaciones que tuvieron lugar a finales de enero en el Hogar María Inmaculada de Bañobre, en Miño, donde ya eran conocidos, puesto que han estado en varias ocasiones. Esta vez, explica Antonio Pérez, «hubo canciones, números de magia y una obra de guiñoles. Cerca de 40 niños y niñas rieron, cantaron y bailaron con el espectáculo ofrecido por chicos de su edad». En esta complicidad de edades, los jóvenes artistas de Rueiro ya tienen experiencia, puesto que «uno de nuestros primeros conciertos fue en un centro de menores, donde chicos sin hogar se divirtieron mucho»; además, «tuvimos ocasión de hablar con ellos después, tranquilamente». Añade que estos jóvenes «ya han ofrecido su talento en diversas instituciones como el Hogar Sor Eusebia, Aspronaga, el centro Pai Menni para personas con discapacidad intelectual de Betanzos y en varias residencias de ancianos, y están encantados de llevar su alegría allí donde se les solicite».

Entre las muestras de cómo son recibidos está desde que en un centro les pidieron un disco hasta el agradecimiento que les llegó por escrito desde Pai Menni: «La verdad es que su actuación fue muy completa, entre el teatro, la magia, la música… por nuestra parte quedamos encantados y nuestros usuarios y los del resto de asociaciones lo pasaron muy bien gracias a ellos (...), hacen una gran labor y tienen mucho talento».

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