Cuando una beca municipal para estudiar en EE. UU. se convierte en un infierno

Una niña coruñesa convivió con cucarachas, fue forzada a pagar su comida y acabó expulsada de su última residencia


A Coruña / La Voz

A sus 16 años N. F. iba a vivir el sueño americano gracias a una beca del Ayuntamiento para estudiar en Estados Unidos. Allí se fue el pasado verano tras lograr la ayuda municipal gracias a su buen currículo. Nunca había tenido problemas de convivencia y estaba tan ilusionada que incluso había pedido en casa quedarse otro año más.

La beca incluía el viaje, la educación en un centro y la estancia con una familia que se haría cargo de su mantenimiento. N. F. pronto se dio cuenta de que el sueño no iba por buen camino.

A los 20 días de estancia con una familia en Cleveland «sufre una severa infección a causa de los insectos que había en la vivienda, debido a las deficientes y negligentes condiciones higiénicas», cuentan los padres en la reclamación urgente que han presentado ante el Ayuntamiento. Allí han dado cuenta de la situación sin que hasta ahora les hayan dado una solución.

La chica acabó en urgencias. Vivía «en unas condiciones no apropiadas ni dignas, no disponía de sábanas, teniendo que dormir sobre un colchón, cucarachas y chinches eran otros habitantes de la vivienda», dice la denuncia.

El 12 de septiembre, tras quejarse de la situación, tanto la niña como otra de origen brasileño que vivía en el mismo domicilio fueron trasladadas a otro, también Cleveland.

La familia indica que todo fue bien hasta después de las Navidades. «Comenzaron a exigir dinero a la niña, en la vivienda no había comida y ella tuvo que contratar por su cuenta un servicio de Internet para poder comunicarse con su familia», dice la queja. «Además, exigen 50 dólares para su manutención, hecho absolutamente prohibido por las normas de la beca».

En enero la joven coruñesa se negó a pagar y comunicó la situación a la coordinadora que lleva el programa municipal en ese estado. El resultado fue peor, la familia le quitó el rúter que ella pagaba dejándola incomunicada. La niña lo encontró en otra habitación y volvió a ponerlo. «Sin comunicación previa de ningún tipo el padre de la familia de acogida recoge en bolsas de basura las pertenencias de la chica y aprovechando que ella no estaba desahucia a una niña indefensa», dice la denuncia.

Respuesta municipal

Cinco días después N. F. seguía con sus cosas metidas en bolsas de basura, apiladas en el porche de la vivienda de la coordinadora, donde duerme a diario en un sofá porque allí no hay sitio: otros siete niños están en la misma vivienda conviviendo con diversos animales domésticos. «Solo podemos decir que es una situación denigrante, de absoluta indefensión», cuenta la familia, que acusa a la concejalía de Xustiza Social, responsable del programa municipal, de «absoluta pasividad».

A la joven coruñesa la única opción que le dan ahora es cambiarla de estado, pero ella ya está adaptada en su colegio y forma parte de un equipo de baloncesto. No quiere perder a sus amigos y menos el curso, por ese último motivo quiere quedarse en el país hasta acabar los exámenes. Pero lógicamente su familia desea que lo haga en unas condiciones dignas: «No se puede permitir ni consentir arruinar el sueño de nuestros hijos por contratar a empresas que en teoría debieran gestionar eficazmente estas estancias», lamenta la familia, muy preocupada por la situación.

El Ayuntamiento respondió ayer que «é normal e habitual neste programa, tal e como sucedeu outros anos, que se soliciten cambios de familias por diversos motivos». Detalló que un portavoz municipal se reunió con la madre de la muchacha «para tranquilizala e explicarlle os pasos que se darían» y que la persona encargada de coordinar el programa estuvo «en permanente contacto coa alumna, que actualmente se atopa na súa vivenda en espera de realizar o cambio de familia». Desde María Pita aluden a la «acreditada experiencia coa xestión de estancias no estranxeiro» de la empresa, «a mesma que se encargou desta iniciativa en todos os anos anteriores».

Desde la empresa que gestiona las becas en EE. UU., CLS, indican que Estados Unidos «es un país con cultura, forma de vida, naturaleza, educación, religión, etc., muy distintas de lo que habían estado acostumbrados los menores hasta su participación en el programa», dicen. En el caso de N. F. la compañía indica que la primera familia que había alojado a la joven lo había hecho antes con otros nueve estudiantes extranjeros «sin ninguna incidencia reseñable», y dicen que el cambio de familia se hizo en dos días. Según la firma, con la segunda familia no hubo problema hasta el 20 de enero. «En ese punto se produce un desencuentro entre la estudiante y la familia», dicen desde CLS. Afirman que nunca estuvo incomunicada (la familia le quitó el rúter, según los padres de la menor, que ella misma pagaba) pues tenía su móvil y el teléfono de la casa. Dicen, frente a lo que apunta la abogada, que nunca pensaron en cambiarla de estado y que su contacto con la familia española «ha sido constante».

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