Centenarias: «Esta tienda de azafranes tiene 218 años»

Comercios seculares sobreviven, y conviven, con la era digital. «Si el fundador levantara cabeza estaría orgulloso»


A Coruña

Han cumplido cien, ciento cincuenta e incluso doscientos años. En una comunidad de centenarios, A Coruña también presume de tiendas seculares. Son unas supervivientes. A la era digital y al bum de las grandes superficies. Cuando nacieron no había ni línea telefónica ni agua corriente. Hoy, algunas venden en la nube.

Vivir en una ciudad portuaria marcó su carácter. Fue así como la Joyería Amor arrancó como casa de cambio de moneda de oro y plata en 1885 y los ultramarinos proliferaron. Casa Claudio ?origen de la cadena de supermercados? en 1889 y La Gran Antilla en 1840 abrieron como tal. «Tuvieron que adaptarse a los nuevos clientes. Sobrevivir a la competencia bestial de los grandes centros comerciales y ahora, a las ventas on-line», dice Adolfo López, presidente de la Federación Unión de Comercio Coruñesa (FUCC).

No todas las amenazas son externas. «El paso de una generación a otra siempre es un momento delicado», admite el comerciante. Cafés, farmacias, chocolaterías o joyerías. Apenas son una decena con un hilo conductor, sus establecimientos nunca cerraron al público en más de cien años.

Azafranes Bernardino. Fundada en 1800, es la tienda más antigua de la ciudad y puede que también de toda Galicia. «Recibimos la medalla del bicentario de la Xunta. En España ocupamos el puesto número 25 de las tiendas más antiguas», comenta Carmen Pico Abad, su actual propietaria
Azafranes Bernardino. Fundada en 1800, es la tienda más antigua de la ciudad y puede que también de toda Galicia. «Recibimos la medalla del bicentario de la Xunta. En España ocupamos el puesto número 25 de las tiendas más antiguas», comenta Carmen Pico Abad, su actual propietaria

Azafranes Bernardino

Fundada en 1800, es la tienda más antigua de la ciudad y una de más longevas de Galicia. «Tiene sobre unos 218 años. Recibimos la medalla del bicentenario de la Xunta. En España ocupamos el puesto número 25 de las tiendas más antiguas», comenta Carmen Pico Abad, su actual propietaria. Con su hijo, representa a la tercera familia que despacha tras el mostrador. Venden todo tipo de especias. Pimientas, cardamomo, jengibre, cúrcuma y, por supuesto, azafrán. Eso sí, han trasladado la tienda a San Andrés mientras la fábrica continúa en la Galera. «Compramos el azafrán en hebra al mismo proveedor desde hace décadas. Aquí se muele, se tuesta y se envasa a mano. Desde 1918 tenemos la patente del cierre de los sobres. Un cierre sin pegamento», cuenta Carmen Pico. 

«Hace poco vino el bisnieto del fundador, Bernardino, que vive en Alemania. Él era de Puente Genil (Córdoba). Se enamoró de una santiaguesa y se quedó en Galicia. Creo que si Bernardino levantara hoy la cabeza estaría orgulloso», afirma Pico. Confía en el futuro del negocio e incluso va más allá de A Coruña. «¿Por qué no a nivel internacional? Es un pena que estos productos tan buenos solo se vendan aquí. Creo que podemos crecer fuera de nuestras fronteras», confiesa. Su clientela es «generacional, muy fiel y no la engañas. Últimamente, vienen muchos jóvenes», dice satisfecha Carmen.

Objetos Religiosos Cerería de San Nicolás. Fundada en 1910, esta tienda también fue una fábrica de velas. Nunca cambió de sitio. «Aunque en 109 años se hicieron algunos cambios, sobre todo de mantenimiento, ni el escaparate ni el interior de la tienda cambiaron apenas. Están casi intactos», presume su responsable, Irene Pena.
Objetos Religiosos Cerería de San Nicolás. Fundada en 1910, esta tienda también fue una fábrica de velas. Nunca cambió de sitio. «Aunque en 109 años se hicieron algunos cambios, sobre todo de mantenimiento, ni el escaparate ni el interior de la tienda cambiaron apenas. Están casi intactos», presume su responsable, Irene Pena.

Objetos Religiosos Cerería de San Nicolás

Fundada en 1910, esta tienda también fue una fábrica de velas. Nunca cambió de sitio. «Aunque en 109 años se hicieron algunos cambios, sobre todo de mantenimiento, ni el escaparate ni el interior de la tienda cambiaron apenas. Están casi intactos», presume su responsable, Irene Pena. Lleva toda la vida tras la cristalera con vistas a la iglesia de San Nicolás. Empezó con 15 años como empleada. Desde hace diez es la jefa. «La cerería siempre fue de la misma familia. Como a los nuevos no les apetecía continuar y a mí me daba pena que esto cerrara lo cogí. La gente se sorprende de lo bonita que es la tienda. Piensan que por vender objetos religioso será muy seria. Siempre se llevan una sorpresa. Tengo clientes de fuera de A Coruña y de Galicia», destaca Irene.

Farmacia Villar. Abrió sus puertas en 1827. Ricardo Villar tuvo clara su vocación desde niño. Representa a la sexta generación de una saga de farmacéuticos. «Atendemos a generaciones de familias coruñesas, desde los bisabuelos a los nietos», destaca. La farmacia se tuvo que separar de la droguería, el local contiguo por las normativa. Sus locales centenarios son un emblema pero, a veces, también un obstáculo. «Rehabilitas para tener una farmacia moderna, adapta a los tiempos», admite Villar.
Farmacia Villar. Abrió sus puertas en 1827. Ricardo Villar tuvo clara su vocación desde niño. Representa a la sexta generación de una saga de farmacéuticos. «Atendemos a generaciones de familias coruñesas, desde los bisabuelos a los nietos», destaca. La farmacia se tuvo que separar de la droguería, el local contiguo por las normativa. Sus locales centenarios son un emblema pero, a veces, también un obstáculo. «Rehabilitas para tener una farmacia moderna, adapta a los tiempos», admite Villar.

Farmacia Villar

Abrió sus puertas en 1827. Ricardo Villar tuvo clara su vocación desde niño. Representa a la sexta generación de una saga de farmacéuticos. «Atendemos a generaciones de familias coruñesas, desde los bisabuelos a los nietos», destaca. La farmacia de la calle Real se tuvo que separar de la droguería (el local contiguo con entrada a la calle Olmos) por la normativa. Sus instalaciones centenarias son un emblema pero, a veces, también un obstáculo. «Rehabilitas para tener una farmacia moderna, adaptada a los tiempos, pero no siempre es fácil trabajar en un inmueble que tiene casi 200 años. Te planteas el traslado, por el momento seguimos aquí. Este edificio se construyó antes del agua corriente en A Coruña. Tiene un pozo propio», admite Villar.

La farmacia nunca dejó de innovar. Ni cuando fue de las primeras en Galicia en comercializar la aspirina de Bayer ni ahora, cuado siguen realizando fórmulas maestras. Ricardo tiene tres hijos. «En el tema de las vocaciones siempre hubo total libertad, aunque a uno sí le gusta eso de hacer experimentos», sonríe Villar. 

El riojano. Fue en 1896 cuando un vecino La Rioja abrió un pequeño ultramarinos en A Coruña. «Los jóvenes están regresando a las tiendas de barrio», destaca Isabel Anidos. Pertenece a la tercera familia que se hace cargo del negocio.
El riojano. Fue en 1896 cuando un vecino La Rioja abrió un pequeño ultramarinos en A Coruña. «Los jóvenes están regresando a las tiendas de barrio», destaca Isabel Anidos. Pertenece a la tercera familia que se hace cargo del negocio.

El riojano

Fue en 1896 cuando un vecino de La Rioja abrió un pequeño ultramarinos en A Coruña, en la calle Orzán. «Los jóvenes están regresando a las tiendas de barrio», destaca Isabel Anidos. Es la quinta persona que corta el bacalao aquí, por cierto, su producto estrella. «Una de las cosas más bonitas que me dijeron es que El Riojano huele a tienda, huele a familia». En un mundo en el que se vive tan aprisa, las nuevas generaciones han vuelto a valorar el producto fresco y cercano. 

«Está llegando mucha gente nueva a A Coruña. Al llegar a una ciudad que no conocen, vienen aquí atraídos por el boca a boca. Les llama la atención lo tradicional de la tienda y los alimentos que vendemos, claro», dice Isabel. Lleva aquí desde los 19 años. El local original era otro bajo a unos metros de distancia y que daba a San Andrés. Tenía el suelo de terrazo y todas las baldas de madera. «Hubo que reformar. Estar aquí, tras el mostrador todo el día, es muy esclavo. Un día tuve que tomar la decisión, si seguir o no y aquí estamos», concluye.

Imprenta López. En 1885 el bisabuelo de Beatriz López arrancó su empresa: un taller de encuadernación. Ella es la tercera de la familia que lo dirige. En plena era digital reconoce que tuvo dudas, pero cogió el relevo. «El papel nunca va a morir», afirma convencia. «Al menos, yo espero no estar para ver su muerte», añade con una sonrisa al momento. Estudió filología hispánica. Asumió las riendas de la empresa familiar «porque no quería echar por la borda todo el esfuerzo de mi familia».
Imprenta López. En 1885 el bisabuelo de Beatriz López arrancó su empresa: un taller de encuadernación. Ella es la tercera de la familia que lo dirige. En plena era digital reconoce que tuvo dudas, pero cogió el relevo. «El papel nunca va a morir», afirma convencia. «Al menos, yo espero no estar para ver su muerte», añade con una sonrisa al momento. Estudió filología hispánica. Asumió las riendas de la empresa familiar «porque no quería echar por la borda todo el esfuerzo de mi familia».

Imprenta López

En 1885 el bisabuelo de Beatriz López, vigués, arrancó su empresa en la punta noroeste de Galicia: un taller de encuadernación. Ella es la tercera de la familia que lo dirige. En plena era digital reconoce que tuvo dudas, pero cogió el relevo. «El papel nunca va a morir», afirma convencida. «Al menos, yo espero no estar para ver su muerte», añade con una sonrisa al momento.

Estudió filología hispánica. Asumió las riendas de la empresa familiar situada en la calle Juan de la Cierva «porque no quería echar por la borda todo el esfuerzo de mi familia». Innovar es el único camino, también en una imprenta. «Además de encuadernar, hacemos muchos trabajos de merchandising, encargos de imprenta para empresas, sello de caucho... no podemos quedarnos en la tipografía», zanja Beatriz.

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