Por una red de carriles bici de calidad


Los carriles bici, metropolitano y urbano, que se están realizando en A Coruña adolecen, muy a mi pesar, de serias deficiencias que, mientras no sean solventadas, no atraerán a los usuarios potenciales. Ya sea porque no les ofrecen seguridad, por el mal estado del firme o por lo estrecho de muchos tramos de carril bici finalizados, numerosos ciclistas optan por circular por las aceras. Para corregir esta situación, los carriles bici deben formar una red en las vías y avenidas principales que permita desplazarse en bicicleta con seguridad entre cualesquiera dos puntos de la ciudad, no entre dos puntos aislados de la misma. Y esta red debe realizarse en un tiempo razonable, de lo contrario algunos tramos se verán ocupados por automóviles antes de que la red esté finalizada y operativa. En este sentido, las obras del carril metropolitano acumulan ya un retraso de seis meses, y el tramo de la avenida Pablo Picasso suele estar invadido por automóviles estacionados.

Interpretando el manual holandés de infraestructura ciclista (Crow, 2007), una red de carriles bici debe ser coherente (que ofrezca una buena cobertura del territorio), directa (en caso contrario los ciclistas tenderán a ignorarla y la infraestructura dejará de utilizarse para la movilidad cotidiana), segura (la red debe segregar de un modo eficaz el tráfico ciclista del tráfico motorizado y de los peatones, minimizando los riesgos en las intersecciones y proporcionando a los ciclistas la sensación de seguridad que la calzada por sí sola no les ofrece). Esta segregación puede conseguirse mediante un bordillo, separadores intermitentes, barandillas, líneas de arbolado, pavimento diferenciado, marcas sonoras, o mediante una combinación apropiada de dichos elementos. Una red es segura cuando puede ser utilizada confiadamente por personas de 8 a 80 años), cómoda (con un diseño homogéneo que la haga reconocible y fácil de seguir e interpretar y una buena señalización), atractiva (con pavimento en buen estado y con un color diferenciado, siempre que la pintura sea de calidad y antideslizante) accesible y continua, homogénea y fácil de interpretar.

Por supuesto, la construcción de infraestructuras específicas para ciclistas de poco o nada sirve si no lleva aparejada medidas de calmado de tráfico mediante campañas de concienciación, generalización del límite de velocidad a 30 kilómetros por hora, dispositivos de videovigilancia, radares móviles, pasos de peatones correctamente señalizados o regulación semafórica más favorable para el peatón. Estas y otras medidas, como un transporte público colectivo de calidad, consiguen calmar el tráfico y pueden convencer por lo menos al 40% de quienes utilizan el vehículo privado de modo sistemático de plantearse utilizar otro medio de transporte más respetuoso con el medio ambiente.

Por Roberto Rilo Presidente de Crunia

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