A pedales, flanqueado por coches y con dudas en el semáforo

Algunas zonas de tráfico compartido no ofrecen seguridad y hay cruces que generan dudas


A Coruña / La Voz

El día de la prueba del carril bici además de sensaciones también afloraron datos relevantes. El recorrido se hizo a las nueve de la mañana, momento de intenso tráfico en la ciudad con muchas personas incorporándose a su puesto de trabajo y desembocando en A Coruña en coche. Empleamos una hora y cuarto en recorrer, despacio, las nuevas vías en los dos sentidos. Durante todo ese tiempo miles de coches llegaron a la ciudad. Sin embargo, solo pudimos contar once bicicletas. Con todo, el carril bici era algo demandado por los colectivos ciclistas.

Este último dato evidencia que los desplazamientos en ese tipo de vehículos siguen siendo algo residual. El problema empeora cuando se cuenta por dónde iban esos ciclistas: de los once, cuatro circulaban por el carril bici, pero los otros seis lo hacían en paralelo, bien por la acera, bien por la carretera. ¿Cómo es posible que existiendo un carril bici las bicis no lo utilicen? Porque los ciclistas, como los peatones, buscan la comodidad y los recorridos más lógicos, y el carril bici tiene zonas complicadas.

¿Quién va primero?

Hay un punto que presenta un riesgo potencial elevado para los ciclistas, el cruce con Menéndez Pelayo, en Linares Rivas. Si el ciclista va por el carril bici -lo que no es siempre fácil porque hay furgonetas o coches obstruyéndolo con frecuencia- se encontrará, en dirección hacia Tabacos, al llegar a Menéndez Pelayo, con un paso peligroso. Las bicis deben comportarse en ese punto como los peatones, y esperar a que el semáforo se ponga en verde para estos para seguir su marcha. El problema es que eso todavía no está claro, y los ciclistas, que circulan en paralelo a los vehículos a motor, interpretan que el verde para los coches es también un verde para ellos y siguen recto.

El riesgo viene de que los coches que circulan en dirección salida tienen también la posibilidad de girar a la derecha, por Menéndez Pelayo, con un semáforo para ellos en ámbar. Así, la bici que cruza recto se topa con el coche que gira a la derecha. El riesgo de atropello no es menor en ese punto tal y como está.

Hay otro lugar problemático, más por la sensación de riesgo que por el peligro real. En dirección salida, desde el Obelisco a la plaza de Mina, hay tres carriles de circulación y el compartido es el del medio. Tiene su lógica, porque el de la derecha se desvía al final hacia la calle Compostela, pero muchos ciclistas no quieren saber nada de tener coches pasándolos por los dos lados.

Sensación de riesgo

Es esa sensación de riesgo la que hace que muchos opten por seguir por la acera. Enfrente, en paralelo a los jardines de Méndez Núñez, las bicis prefieren también la acera o el asfalto, y es que allí el carril bici mide 1,5 metros de ancho frente a una acera de 6,5 metros. Yendo por la carretera con los coches, tampoco muy numerosos, el ciclista tiene la ventaja de ahorrarse los semáforos peatonales y además evita otro de los grandes peligros potenciales del nuevo carril: las incorporaciones. Y es que uno de lo grandes problemas de la nueva vía es que no es continua, hay que salir y entrar en ella, y es precisamente cuando el ciclista se incorpora al tráfico cuando más frágil es su posición. Así, ante la duda, los hay que prefieren directamente seguir con los coches y evitarse ceder el paso cada pocos metros.

Charcos, baches de lado a lado en algunos puntos y tapas de registro tampoco invitan mucho a subirse a la bici en buena parte del recorrido de un carril que, con todo, sí aporta algunas mejoras puntuales importantes. El cruce del viaducto mejora lo que había, pues allí muchos ciclistas obviaban el semáforo y además ocupaban la estrecha acera en paralelo al muro del puerto. También mejorará otro asunto relevante, conseguir que los ciclistas puedan salir de la ciudad sin jugarse la piel en la avenida de A Pasaxe. El carril por allí permitirá que muchos que no se atrevían a pedalear hasta el paseo de O Burgo puedan hacerlo ahora. Eso sí, para llegar hay antes un buen trecho, por Oza, compartido con los coches.

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A pedales, flanqueado por coches y con dudas en el semáforo