Adelaida Pittaluga: «Soy como James Bond: tengo tres nacionalidades distintas»

«Las cómicas coruñesas estamos pisando fuerte en A Coruña», dice la monologuista


a CORUÑA / LA VOZ

En el Olimpo coruñés del humor, hay diosas como Adelaida Pittaluga. Ella forma parte de una generación de comediantas locales que saben extraer buenas risas con sus monólogos.

-¿La carcajada es paritaria?

-Antes eran todos chicos, pero ahora las cómicas estamos pisando fuerte en A Coruña. Afortunadamente, cada vez somos más monologuistas. Y nos llevamos muy bien entre nosotras; tan bien que hacemos espectáculos juntas.

-Y llenan, que es lo que cuenta.

-La verdad es que actuamos un montón y llenamos todos los sitios a donde vamos.

-Cada una tiene su estilo. ¿Qué tipo de humorista es usted?

-Soy una monologuista muy física, porque soy actriz y soy bailarina. No puedo quedarme quieta detrás de un micrófono. Me puede la escena.

-¿Los chistes se mueven?

-Un chiste se puede hacer solo con un gesto.

-En uno de sus monólogos más exitosos, le enseña a bailar a los hombres.

-Sí, bailo de dos maneras. Por un lado, hago el «Nivel-Chicas», que sería el intermedio avanzado, y luego hago el «Nivel-Chicos», que tiene una gama más amplia: menos uno, menos infinito. [Risas]. Hay que echarle un cable a los chicos.

-A usted le sale enseguida la vena de profesora de zumba.

-También enseño reguetón, salsa, bachata, chachachá… Con chistes de por medio, claro.

-Y le pone nombres a los pasos.

-Uno es el «paso invernalia»: pongo chaqueta-pongo el abrigo-pongo chaqueta-pongo el abrigo… [Cantando y bailando] Otro es el «paso chef»: corto juliana-echo sofrito-corto juliana-echo sofrito… Ja, ja, ja… [Llevamos cinco minutos hablando y ya me duele la barriga de la risa].

-En el centro de mayores de Abanca, da clases de más cosas.

-Yo soy como el Monopoly. [Risas] Tengo alumnos de 3 a 90 años. En el CEIP María Barbeito doy clase de teatro a parvulitos y a niños de Primaria. También doy en Down Coruña y en el espacio +60 de Afundación.

-¿Cómo es un día en su vida?

-Me organizo bien. Ahora me pongo el chip de baile, ahora el chip de teatro, ahora el chip de la escritura… Es muy enriquecedor.

-¡La Pittaluga se ha hecho con la ciudad! Está en mil sitios...

-Un amigo siempre me dice que si me presento a alcaldesa, gano. [Risas] A veces, cojo desvíos para ir a mi casa porque, sino, me saluda todo el mundo. Me voy parando, voy conversando y llego cuarenta minutos después.

-Toda esa alegría que desprende, ¿la lleva también por dentro?

-Sí, es el punto de vista que uno tenga. ¡La felicidad se elige!

-¿Siempre le brillan así los ojos?

-[Se levanta y le planta un abrazo a la entrevistadora] ¡Gracias! Mi madre, que era profesora de inglés, fue la que me transmitió este placer por la docencia.

-¿Qué hay detrás de las risas?

-Por ejemplo, el abuso de la tecnología en los niños. Una madre me dijo que su hija era muy lista porque buscaba tutoriales en Youtube para saber cómo jugar con sus muñecas.

-¿Considera que hoy se puede hacer humor con cualquier cosa?

-Ay sí, los ofendiditos... ¡Están por todas partes! Pero yo no suelo buscar la polémica.

-Así que de su país ni hablamos.

-Nací en Uruguay, de niña me fui para Venezuela, pero a los 6 años ya estaba viviendo en España. Y llevo 17 años en A Coruña. Cuanto más viajo, más sentido de conjunto tengo. En realidad, soy como James Bond: tengo tres nacionalidades distintas. ¡Solo me falta el maletín con el millón de dólares para ser como él! [Risas]

-El humor no entiende de banderas, ¿eh?

-El humor es la cosa más democrática que existe. Mientras hagas reír, da igual como seas.

«Estoy muy agradecida a la vida y a A Coruña. Me siento acogida» 

Adelaida Pittaluga es una todoterreno. Monologuista, actriz y, ahora, escritora. Acaba de autoeditarse el cuento que creó para que su hija fuese más aplicada en el baño cuando era pequeña. Se titula La princesa primorosa, un cuento para ducharse y también para bañarse y cuenta con las ilustraciones de Ana Miranda.

-Sus hijos ya tienen 21 y 23 años.

-El libro se lo dedico a mi hija cuando tenía cinco años. Ella fue la que me inspiró. Se escapaba y no había quien la metiera en el baño. Todos tenemos una etapa guarra que empieza en la primera adolescencia. [Risas]

-La princesa se convirtió en un cerdito por no bañarse.

-A mis hijos les inventaba cuentos y canciones para todo.

-¡Qué maravilla una madre así!

-Estoy muy agradecida a la vida y a A Coruña. Aquí me siento muy acogida. No puedes estar en un sitio y tener la mente en otro. Emigrar no es fácil, pero, a mí me enseñaron a valorar y a incorporar la cultura de donde estoy.

-Eres de donde estás.

-¡Me chifla la comida de aquí! Aunque cocino en tres idiomas y hago unas mixturas tremendas.

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