De la fiesta con glamur a los prosaicos restos del botellón

La estampa de la basura en los jardines afea una celebración a la que acompañó el buen tiempo


A Coruña / La Voz

La fiesta de Fin de Año dejó imágenes clásicas en la ciudad, con jóvenes elegantes abarrotando locales y las calles del centro. Ayudó la ausencia de lluvia y viento. Las bajas temperaturas no lograron disuadir a los incondicionales de la última celebración del año.

No hubo grandes incidentes aunque sí viajes al Chuac en ambulancia para pagar los excesos etílicos de la noche. Ninguno quedó ingresado y todos pudieron volver a casa. Eso sí, a casa llegaron tarde -o temprano, según se mire- miles de jóvenes de A Coruña y su área metropolitana.

La para de taxis de los Cantones registró, un 31 de diciembre más, largas colas, pero también el bus interurbano tuvo sus clientes aguardando en Entrejardines para regresar a sus domicilios. Cada vez son menos los que tiran de coche para moverse por A Coruña.

El único pero relevante a la noche se lo pusieron quienes celebraron la fiesta de botellón y dejaron los espacios públicos cubiertos de basura. Los jardines de Méndez Núñez ofrecían un aspecto lamentable por la mañana, con padres paseando con sus hijos pequeños entre los restos del exceso nocturno. Había contenedores, pero alguno amaneció volcado. María Pita tampoco se libró y ofrecía un panorama de papeleras llenas y botellas vacías salpicadas un poco por todas partes.

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