La paseante de las orillas

Encuentro con una lavandera cascadeña de pajareo por la ría de O Burgo


Según la Real Academia Española (RAE), pasear consiste en ir andando por distracción o por ejercicio. Pero lo que me ha traído hoy de nuevo por la ría de O Burgo, tan rebosante estos meses invernales de aves, no es exactamente ni una cosa ni la otra. 

A la RAE

No estoy hoy aquí por distraerme. Tampoco para ejercitar mi vista, mis piernas, mi capacidad de atención o mi sensibilidad ante las formas y colores de la naturaleza. Y eso que llevo un rato empleando a fondo esas y otras facultades. Y pese a que, además, me dedico a tomar notas para preparar este artículo, no me ha sacado de casa una tarea intelectual destinada a obtener inspiración. Si estoy aquí es, sencillamente, para pajarear.

Pero resulta que la Real Academia Española define pajarear, en su primera acepción, como cazar pájaros. Y no me vale, claro. Es que, más bien, me pasa al revés: mi intención es ser yo el capturado por la fascinación que me procuran las aves.

La segunda acepción de nuestro sanedrín de lingüistas define pajarear como andar vagando, sin trabajar o sin ocuparse en cosa útil. Ahí ya me siento un poco más cómodo. Pero no del todo. 

Un brillo amarillo

Me explico: cuando sales a observar aves nunca sabes del todo qué te vas a encontrar. No solo qué especies, o en qué número, sino qué actitudes o qué escenas. Sin ir más lejos, cada vez que vengo por esta ría veo algo nuevo. De hecho, es en buena medida la expectativa de novedades lo que me trae aquí. Y sucede que, para dar con ellas, es precisamente necesario vagar: dejarte llevar por tus pasos prestando una atención difusa hasta que, de repente, aparece lo imprevisto.

Por ejemplo, un brillo amarillo junto a un pequeño canal de desagüe. Es una lavandera cascadeña. También ella va y viene. Según camina sin rumbo aparente, de vez en cuando picotea el fango para extraer una especie de breve espagueti color carne. No es que la lavandera cascadeña sea, en absoluto, un pájaro raro aquí. Lo que pasa es que a menudo tiende a comportarse con timidez ante los humanos, por lo que no es frecuente tener una tan cerca como yo ahora. 

Una propuesta

Muchos, seguro, pensarán: «¿Es útil pasar largo rato observando a un pajarito amarillo de larga cola?». Claro que lo es. En muchos sentidos, además. Hoy me quedo con este: sirve para animarme a proponer una vez más a la Real Academia Española que revise los términos pajarear y pajarero/a e incluya entre sus acepciones la práctica de esta actividad que tanto nos satisface a cada vez más personas. Ahí queda este deseo de un servidor para el nuevo año que comienza mañana. 

Pajarear

La lavandera sigue con su paseo pajarero y alimenticio entre el agua y la tierra. Le deseo feliz año y continúo también yo con el mío por esta otra orilla, no menos nutritiva, en la que se encuentran lo que voy observando y lo que voy cavilando.

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