Fechas de nacimiento escritas en hierro

Algunos edificios, la mayoría modernistas, conservan su año de construcción en números forjados

Casa Escudero, en A Coruña. Una de las fotos que ilustran el calendario de la Asociación de la Prensa de La Coruña.
Casa Escudero, en A Coruña. Una de las fotos que ilustran el calendario de la Asociación de la Prensa de La Coruña.

«En el Modernismo era muy habitual que aparecieran el año y las iniciales del nombre del promotor». Esto explica el arquitecto José Mantiñán que está trabajando en la instalación del ascensor en uno de los inmuebles emblemáticos de Modernismo coruñés: la llamada casa de los cisnes en la plaza de Lugo. La fecha solía estar en los dinteles de las puertas principales, con los números elaborados en hierro y aún puede verse en inmuebles como la Casa Escudero, en la esquina de las calles Juan Flórez y Ferrol; por esta última está la entrada principal a la vivienda y en ella se puede leer «Año 1915», dentro de la estructura de un portal enrejado que en estos días de visitas foráneas sigue llamando la atención de algunos curiosos que se paran ante él.

También en la manzana de casas del número 1 de la plaza de Lugo se conserva el año, 1886, aunque no las iniciales del constructor de esta. Ambas estaban en la entrada de uno de aquellos amplios portales que en este caso ha sido dividido: en un lado está la puerta de acceso a las viviendas y en el otro, la tienda Joy. El propietario de este comercio muestra el alto techo que se conserva y permite intuir cómo era la otra mitad antes de la reforma. También apunta que el año que ahora está medio envuelto por un adorno navideño es el de la finalización de las obras, algo así como la última piedra. En este caso la edificación, vinculada con inmuebles de las calles Picavia y Padre Feijoo, tiene un interés especial «siendo uno de los pocos casos de manzanas completas que existen en la ciudad», destaca Esteban Fernández Cobián en la Guía de arquitectura de A Coruña, editada en su día por el Colegio de Arquitectos.

En el número 15 de la calle Juana de Vega también se puede ver en el dintel de la puerta de entrada el año 1880, aunque no las iniciales del constructor. Sobre esto último explica José Mantiñán que en la mencionada casa de los cisnes en cada uno de los arcos de la entrada estaban colocadas unas iniciales, M R S, pertenecientes a Manuel Reboredo Silva que fue el impulsor de los edificios construidos en los números 10, 11 y 12 de la plaza de Lugo. En muchas de las viviendas de este estilo arquitectónico se nota cómo las reformas llevadas a cabo en los bajos hicieron desaparecer esos elementos identificativos de fecha y nombre.

La presencia del hierro como un elemento artístico en las edificaciones modernistas es habitual y, así, cuando a comienzos del siglo pasado Pedro Mariño proyectó el mercado de Eusebio da Guarda (que lo financió y por eso lleva su nombre aunque sea conocido como el de la plaza de Lugo) e incluyó herrajes artísticos elaborados en la fundición de Wonenburger.

También de principios de siglo es otra de esas fechas de nacimiento escritas en hierro que está en el número 11 de la calle Galera. Allí figura el año 1900 en la parte trasera de la vivienda del número 14 de la calle Real. Curiosamente, en la fachada no se conservan ni fecha ni iniciales.

Los trabajos de talleres de fundición como Wonenburger aún sorprenden

La calle Ferrol «es como un prontuario donde se puede observar la evolución de la arquitectura coruñesa durante el primer tercio del siglo XX», señala Esteban Fernández Cobián. Y es que los edificios de los números 8 al 16 son obra de «cuatro equipos de arquitectos [Julio Galán Carbajal (8 y 10), Eduardo Rodríguez-Losada (12), Tenreiro y Estellés (14) y Mariño y Rey Pedreira (16)], sin duda los más significativos de sus correspondientes momentos históricos», escribe Cobián, para destacar en la obra de Galán las «rejerías de forja con arabescos y puntas de flecha». El uso del hierro puede verse también en el bajo de uno de los inmuebles cercanos a la Casa Escudero con un llamativo forjado decorativo que lleva el sello Wonenburger. Es la fundición de la que hay un buen número de obras en distintos lugares de la ciudad, desde tapas de alcantarillado hasta enrejados y elementos decorativos entre los que destaca la casa del número 22 de calle Real, obra de Julio Galán.

Sobre la industria del hierro existente en la ciudad escribía Francisco Tettamancy y Gastón en su Historia comercial de La Coruña, publicada en 1900: «Por el año 1844 se creó una importante fábrica de fundición de hierro y loza», promovida por el industrial Joaquín Galiacho y que hacía «balcones cómodos y elegantes, cocinas económicas de hierro...». La situaba cerca del puente de A Gaiteira que separaba A Coruña del entonces Ayuntamiento de Oza. Pero no era la única fundición ya que en la misma zona «existe hoy la fundada hace 30 años por el finado Manuel Solórzano, que es un modelo en su género» y la regentaba, cuando escribía Tettamancy, Fernando Solórzano. Aludía asimismo a «otra fábrica de la misma índole», ubicada en el Camino Nuevo.

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