La Gaiteira pide un censo de solares vacíos tras la venta del corralón

Los vecinos demandan que se regule su participación en la construcción de la ciudad


a CORUÑA / LA VOZ

Coherencia es lo primero que piden los vecinos de la Gaiteira al gobierno municipal tras la venta a la constructora Metrovacesa de 400 metros cuadrados de suelo que conservaba de la parcela del antiguo corralón. «Hace muy pocas semanas organizaron unas jornadas sobre urbanismo en la Fundación Seoane en la que postulaban la necesidad de recuperar los solares y espacios abandonados de la ciudad. No entendemos por qué después hacen todo lo contrario», dice Paulo Sexto, presidente de la asociación vecinal de Oza, Gaiteira y Os Castros.

La adquisición por 288.000 euros de la pieza de suelo público permitirá a Metrovacesa exprimir el aprovechamiento del solar y elevar la rentabilidad de la promoción de 58 viviendas prevista, que pasará a tener tres portales, pista de pádel, gimnasio y zona de juegos infantiles. El ayuntamiento esgrime que la superficie de la que era propietario no alcanza -o lo hace con dificultad- para hacer una obra pública en condiciones, y ya ha anunciado que el dinero de la venta se destinará a comprar suelo en otro barrio. «Desvestir a un santo para vestir a otro», lamenta el representante vecinal que, dejando a salvo las deficiencias que pudieran sufrir otras zonas, señala las carencias de la suya. «Tenemos el parque Europa y tenemos el parque de Oza, pero en la Cubela los niños están jugando en la calle porque no tienen otro lugar. Estamos hablando de un espacio que era de todos los vecinos, para el que presentamos propuestas, para el que pedimos repetidamente limpiezas y todo para nada, porque al final nos quedamos sin él», resume Sexto. 

Sin usos y sin respuestas

La parcela situada entre la calle Gaiteira y el antiguo Camino de la Cubela quedó en desuso tras el derribo en el 2005 del corralón de viviendas preexistente, uno de los últimos conjuntos urbanísticos de este tipo que quedaban en la ciudad. El abandono, la maleza, la basura, las ratas y las gaviotas ocuparon el sitio, la crisis del ladrillo siguió su curso y las llamadas vecinales en demanda de limpieza, recuperación y diálogo con los propietarios en busca de posibles acuerdos no recibieron respuesta desde María Pita, ni durante el mandato anterior ni en este.

«Ahora lo que resulta lamentable es que nos hayamos tenido que enterar por la prensa de la venta de la parcela después de todos estos años presentando propuestas. No entendemos de qué hablan cuando piden participación», afirma el presidente vecinal, que defiende que se abran procesos de debate para decidir intervenciones en el espacio urbano.

Tras la experiencia del corralón, la asociación de la Gaiteira insta al Ayuntamiento a crear un censo de solares abandonados o en desuso, que en primer lugar ofrezca mecanismos administrativos para corregir la falta de limpieza por parte de los propietarios y, a la vez, dé pie a un programa de recuperación consensuado. «Muchas son propiedades privadas, pero entendemos que a la Administración le corresponde hacer cumplir la ley, y también que la contribución de los vecinos en la rehabilitación urbana debe estar regulada», sostiene Paulo Sexto, para demandar a continuación un reglamento de participación. «Se trata nada más que de estudiar qué utilidad se les puede dar, dependiendo de las necesidades de cada barrio, a solares que pueden quedar disponibles, con cesiones temporales o las fórmulas que se encuentren».

El TSXG salvó el patio comunal de la ruina declarada por el ayuntamiento a finales de los 90

Los vecinos de la Gaiteira, Oza y Os Castros dirigieron una propuesta al gobierno municipal en el mandato anterior al actual, en la que formulaban la rehabilitación del espacio del antiguo corralón para alojar una zona de juegos infantiles, un campo de fútbol o un área para mayores. El barrio cuenta con dos parques, pero carece de equipamientos sociales básicos como una escuela infantil o un centro de día. «Los niños tienen que ir a la escuela de Elviña y las únicas instalaciones que tenemos para el cuidado de ancianos o personas con dependencia son privadas», explica el presidente de la asociación, Paulo Sexto, que reclama medidas públicas para recuperar siquiera una parte de la gestión comunitaria que encerraban los antiguos corralones.

Al del número 32 de la Gaiteira llegaron a salvarlo en el 2001 varias sentencias del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, que tumbaron la declaración de ruina inminente aprobada por el ayuntamiento cuatro años antes. Varias familias habitaban aún alguno de los 17 ranchos que integraban el corralón, pero tanto el concello como la empresa promotora alegaban que la ruina de unos acarreaba la del resto, al ser construcciones no autónomas arquitectónicamente. El TSXG negó esta interpretación y concluyó que no existía base real para la ruina. La consecuencia inmediata implicaba negociar con los inquilinos el desalojo para poder construir sobre el solar, edificable según lo dispuesto en el plan general aprobado dos años antes. Cuatro después, de la vieja corrala, protegida en otros lugares, solo quedaba el recuerdo.

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