Eternas promesas para Pedralonga


Pedralonga es uno de esos barrios coruñeses a los que no llega la iluminación navideña. No es que sea escasa o que quede algo escondida. Sencillamente, no hay. Pedralonga tiene una identidad muy particular, marcada por la extemporánea convivencia de las pequeñas viviendas unifamiliares que vieron nacer el barrio con nuevos edificios que a veces parecen querer devorar las casuchas desde las alturas. Pedralonga tiene su alma arrabalera atravesada por una bisectriz implacable, la carretera de Eirís, que al menos la comunica con el mundo, pues por el otro lado es prisionera de una avenida, Alfonso Molina, que aísla a sus residentes del resto de la ciudad. Tampoco ayuda a minimizar ese aislamiento que el bus tarde a veces 45 minutos en llegar a los Cantones o que el barrio entero haya perdido ya la cuenta de los años que hace que el Ayuntamiento y Fomento prometieron una pasarela peatonal sobre Lavedra que sigue sin existir.

Tal vez por eso en Pedralonga se ha recibido con sorpresa el doble proyecto para los terrenos de la fábrica de armas. Por un lado, la intención declarada de la Universidade da Coruña de crear allí la Ciudad de las TIC, que sería el mayor parque tecnológico de Galicia, con presencia de grandes empresas. Y por otro, la posibilidad de que la parcela sea ocupada por un formidable hospital de la Xunta, el nuevo Chuac.

Decía que este doble plan se ha recibido con sorpresa, y he de añadir que con cierta desconfianza, después de que planteamientos previos e igualmente ambiciosos para la parcela de la fábrica, como una enorme urbanización tipo Los Rosales que iba a dinamizar y enriquecer el barrio, fuesen quedando almacenados en el saco sin fondo de la utopía. Y sin llegar a dudar de que un día pueda ver la luz alguno de esos grandes proyectos, muchos vecinos se preguntan si no sería posible empezar antes por la sencilla pasarela de Alfonso Molina, tantas veces prometida.

No es, ni de lejos, la única deficiencia de una zona con escasas dotaciones. No tiene ni un mísero parque. Por ese motivo, y por acuerdo expreso con el Ayuntamiento, los niños juegan hoy en una parte de la fábrica de armas en la que hay una piscina infantil y una pista polideportiva, que es justamente la zona que pretende ocupar con su proyecto tecnológico la universidad.

Nada que objetar al progreso de la ciencia y de la medicina, pero no estaría de más que alguien en María Pita vaya pensando cómo aprovechar esa pujanza para el barrio y, de paso, qué hacer con los chavales cuando se les quite ese espacio. Porque los grandes proyectos urbanos son estupendos cuando tienen en cuenta a los ciudadanos.

Por Alfonso Andrade coruñesas

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