Inversiones perdidas, premio gordo para la banca


La épica del ímprobo trabajo, la culpa ajena (si puede ser de conspiradores o funcionarios, mejor) y la responsabilidad diluida en el entorno son tres argumentos que se recitan como mantras cada vez que el gobierno local trata de explicar alguno de sus errores de gestión. Escurrir el bulto, vamos. Ha vuelto a pasar con la pérdida de los 15 millones que se iban a destinar a inversiones en barrios, colegios y dotaciones urbanas, pero que finalmente irán a parar a los bancos para amortizar la deuda.

La primera de las excusas, en la que alguno de los concejales de más peso en el gobierno local es auténtico especialista, tiene dos lecturas: o es puro artificio o es consecuencia de un descubrimiento súbito de que no se obtienen resultados sin esfuerzo. De la promesa de «traballar arreo», a la petición de premio por hacer lo que a uno le toca. El segundo pretexto, el de la búsqueda de chivo expiatorio, se agota de tanto usarlo: en el escándalo de la venta irregular de pisos a un afín a la Marea, en el desalojo de la Comandancia de obras okupada, en el barrido de la alfombra del Rosario...

El tercer argumento de la defensa es, tal vez, el más peregrino. Ahora, en el caso de los 15 millones que se van a la banca y no a las inversiones, el alcalde vuelve a apelar a la «responsabilidade colectiva». Cuando el desalojo de los okupas, que iba a ser modélico y acabó a palos, también la Marea dijo que había sido un «fracaso colectivo». No hay duda de que hay factores del ecosistema que afectan a la evolución de la especie. Pero la ley que obliga a pagar en tiempo a los proveedores es igual para todos los ayuntamientos, y hay muchos que cumplen y pueden simultanear sus obligaciones: abonar lo que se compra, responder de la deuda contraída y seguir haciendo las inversiones que la ciudad necesita. Y, sin duda, lo que no ayuda es que un gobierno en minoría conduzca su ineficacia con una suerte de soberbia que parecía patrimonio de algunas mayorías absolutas. No se puede pedir el auxilio a una oposición ninguneada (parte de ella humillada por méritos propios), y menos cargarle el mochuelo cuando el fiasco está servido.

Si la ciudad va a perder los 15 millones previstos para 85 pequeñas y medianas actuaciones, pero todas necesarias, es porque el gobierno local ha sido incapaz de pagar las facturas a sus proveedores en menos de 30 días. Lo que iba a ser dinero invertido en beneficio de la gente se destinará a enjugar deuda bancaria, que tampoco era una obligación perentoria. Algún pellizco cayó ayer en A Coruña, pero el premio gordo de la lotería municipal es para la banca.

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