El amanecer que inspiró a la humanidad

En la Navidad de 1968 los tripulantes del Apolo 8 fotografiaron la salida de la Tierra sobre el horizonte lunar. Esa imagen lo cambió todo


REDACCIÓN / LA VOZ

En la Navidad de 1968 la humanidad contempló por primera vez su hogar a través de una de las imágenes más icónicas que ha dejado la carrera espacial, tomada por los tripulantes del Apolo 8 el 24 de diciembre. En la instantánea, conocida como Amanecer de la Tierra, se observa el planeta sobre el horizonte de la Luna. La octava misión del programa Apolo, la primera tripulada, tenía como objetivo entrar en la órbita del satélite para tratar de localizar zonas donde poder alunizar. Los astronautas Frank Borman, James Lovell y Bill Anders habían completado cuatro de las diez vueltas previstas cuando se encontraron con aquella escena. «No fue una toma planificada. La tripulación estaba sacando fotos de la Luna cuando Bill Anders vio como comenzaba a salir la Tierra tras el horizonte lunar. ''Es una foto hermosa''. ''No la saques que no está en la agenda'' respondió un tanto aguafiestas Franck Borman. Por fortuna Anders no le hizo caso y pulsó el disparador. Pronto el espectáculo se volvió sobrecogedor, George Lowell le decía a Anders ''¡saca muchas!'' ''¡rápido!'' ''¡es espectacular!''», relata el astrónomo gallego Borja Tosar. Anders, autor de la instantánea, describió aquel histórico momento asegurando. «Vinimos todo este camino para explorar la Luna pero lo que realmente descubrimos fue la Tierra». El retrato sirvió además para poner punto final a un viejo debate. «Aquella fue una foto impactante. La redondez de la Tierra, aunque ya aceptada desde la antigüedad, quedó claramente plasmada en una imagen por vez primera. Pero no solo eso, la sensación geocéntrica de gran parte de la humanidad quedó seriamente dañada al ver que, efectivamente, nuestro planeta se parece a otros, al menos esteticamente», asegura José Ángel Docobo, director del Observatorio Astronómico de Santiago. «La fotografía ilustra definitivamente el abandono del geocentrismo, de la creencia de que somos el punto de referencia del cosmos. Ese pequeño planeta sumido en la inmensa oscuridad del espacio no puede ser el centro de nada, y mucho menos del universo», añade Marcos Pérez, director de los museos científicos de A Coruña. La imagen también permitió comprobar hasta que punto la civilización humana se sustenta sobre elementos que no son reales. «Una de las cosas que más destacan los astronautas de sus viajes es la falta de fronteras. Desde el espacio los conflictos políticos se relativizan. La realidad es que todos somos inquilinos de un mismo planeta», recuerda Tosar.

La lección que se extrajo de la fotografía continúa intacta medio siglo después y adquiere hoy un significado todavía mayor. Esa pequeña canica azul sigue siendo actualmente el único lugar que contiene agua en estado líquido en la superficie, una particularidad que parece estar directamente relacionada con la existencia de vida. «Nos hace ver lo frágil que es el mundo en el que habitamos y lo mucho que lo tenemos que cuidar pues, de momento, es lo único que tenemos en un universo cuyas dimensiones no podemos ni imaginar», advierte Docobo. La perspectiva cósmica que nació con el Amanecer de la Tierra resulta de gran ayuda para afrontar los grandes desafíos de la humanidad. 

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