Eparquio Delgado: «Hablar de que existe una adicción a Internet o al móvil es una tontería»

El psicólogo cree que hablar de trastornos distrae el foco para buscar explicaciones más profundas a fenómenos sociales


redacción / la voz

Escéptico declarado, apasionado de la divulgación científica, escritor y psicólogo clínico, Eparquio Delgado es un azote de las seudociencias, pero también le molesta profundamente, desde su condición de profesional sanitario, que ante cualquier problema se intente crear una adicción. Como la que algunos se empeñan que existen hacia Internet, algo que niega rotundamente. De ello hablará hoy en la Domus de A Coruña (19.30 horas) en una charla que cerrará las actividades del Mes Escéptico, organizadas por el Círculo Escéptico y los Museos Científicos Coruñeses.

-Usted hablará sobre «Adicción a Internet: enganchados a un diagnóstico». ¿Tenemos necesidad de estar enganchados a un diagnóstico, aunque no nos pase nada?

-Es innegable que estamos enganchados a un diagnóstico. No sé si es porque lo necesitamos, porque nos lo han vendido así o porque a alguien le interesa. De hecho, hoy por hoy es innegable que el concepto de adicción a Internet se maneja de forma popular, a pesar de que nadie lo ha reconocido como un trastorno.

-¿Por qué hablamos entonces de algo que no existe?

-Yo no hablaría de existencia o no, porque no tiene sentido, ya que los trastornos son construcciones socioculturales, no son objetos físicos. Primero, la adición a Internet no está reconocida, y segundo, aunque se hiciera, que no se hará, sería un constructo superproblemático. Porque, ¿qué es adicción a Internet? Adicción a qué, a utilizar Twitter, a enviar correos, a ver Netflix... ¿De qué hablamos? En todo caso tendríamos que hablar de adicción a algo a través de Internet.

-Sí, pero, ¿por qué creamos esa necesidad?

-Porque existe una preocupación que tiene que ver con el uso de las tecnologías de la información. Hoy, en todo caso, se habla más de adicción al móvil, que, al igual que la adicción a Internet, también es una tontería. Pero la pregunta que de verdad habría que hacerse es por qué pasamos tanto tiempo con el móvil. Luego hay otro problema que nos preocupa, que es el de dedicar más tiempo a hablar con nuestros amigos por WhatsApp que a estar con ellos. Y yo no creo que la mayoría de las personas prefieran conectarse con sus amigos por el móvil a hacerlo en persona. El problema es otro.

-¿Cuál?

-Es un problema que tiene que ver con unos factores que no son psicológicos, sino sociológicos, como nuestro estilo de vida, nuestros horarios de trabajo, nuestros problemas para conciliar...

-Entonces el problema es otro, más sociológico que psicológico.

-Ahí está el tema, en que hablar de una adicción nos distrae a la hora de acercarnos a un fenómeno que es mucho más complejo, nos distrae de observar otros factores antropológicos, sociológicos y psicológicos en algunos casos, que tienen que ver con la conducta de un uso masivo del móvil.

-Usted es autor de «Los libros de autoayuda, ¡vaya timo!». Si lo son, ¿por qué recurrimos a ellos?

-Porque tenemos problemas que resolver, problemas psicológicos que no son enfermedades. El sufrimiento psicológico existe y es innegable, pero la cuestión es: ¿cómo lo abordamos?, ¿qué hacemos cuando sufrimos? Pues nos acercamos a un mercado que nos ofrece toda una serie de propuestas supuestamente terapéuticas para superar nuestros problemas. Salimos a la calle y nos encontramos con que tenemos fármacos, drogas, psicólogos, opciones de ocio, seudoterapeutas, y luego tenemos un mercado de libros de autoayuda, que es una industria que se ha encargado desde hace un siglo de transmitir la idea de que los problemas psicológicos se pueden resolver leyendo un libro.

-¿Y no es así?

-No. Lo que tenemos que plantear es: «Oiga, usted ofrece pruebas de lo que está vendiendo», «¿funciona realmente?» Y decir que funciona no quiere decir solo que a mí me ha servido, porque ver una película puede que a mí me ayude a afrontar un problema, pero, ¿significa esto que las películas son terapéuticas y que habría que incluirlas como terapia en la sanidad pública? O si voy a ver la Virgen de Lourdes y, de repente, me siento mejor, ¿también lo incluimos como terapia? Para que algo sea considerado como terapia tiene que demostrar su efecto con una validez científica, y la industria de la autoayuda no tiene nada que ver con esto. Solo se crea para vender libros bajo la promesa de ayudar, pero puede hacerlo o no, o incluso dejarte bastante peor de lo que estás.

-A usted, como azote de la homeopatía, ¿qué le parece que estos preparados se sigan vendiendo en farmacias?

-A mí por supuesto que me horroriza que la homeopatía se siga vendiendo en farmacias. Y me parece tremendo porque tengo la sensación de que las farmacias ya no son lo que eran. Antes ibas porque te daban una garantía de seguridad, pero cuando descubres que venden homeopatía, flores de Bach u otro tipo de seudoterapias o productos dermoestéticos, pues llegas a pensar que las farmacias se han convertido en bazares en los que puedes encontrar cualquier cosa. La sensación que da es que uno ya no se puede fiar de lo que va a comprar, y esto afecta a la autoridad de las farmacias.

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