Daniel Cudeiro, inquieto y soñador de avatares reales

Un accidente de tráfico en Alemania frustra la brillante carrera del joven ingeniero


redacción / la voz

Daniel Cudeiro Blanco (A Coruña, 1995, Tubinga-Alemania, 2018) era un joven inconformista repleto de inquietudes y un gran sueño: crear avatares virtuales en 3D que apenas pudieran distinguirse de los humanos reales. Quería comprender los componentes básicos que permiten a los humanos percibir, interactuar, comunicarse, emocionarse o crear para desarrollar su réplica mediante los principios de inteligencia artificial, aprendizaje automático o visión por computador. Era un enorme reto para un joven de 23 años que hacía poco más de uno decidió dar un giro a su vida para iniciar una nueva trayectoria en el Instituto Max Planck de Sistemas Inteligentes en Tubinga. Pocos dudaban que no lo fuera a conseguir. De hecho, fue el doctorando más joven en la historia de la institución científica alemana, donde fue seleccionado en el exigente y elitista programa que el centro de Tubinga mantiene en colaboración con la Universidad Politécnica de Zúrich. De los 400 aspirantes al puesto, solo escogieron a cinco. Y él fue uno de ellos.

Brillante y superdotado, estaba preparado para lograr su sueño. Hasta que un accidente de tráfico segó su vida el pasado 5 de diciembre. Este lunes, después de doce días de trámites burocráticos, su cuerpo fue trasladado a Ourense, de donde era originaria su familia. Fue incinerado en la intimidad y hoy, a la una de la tarde, se oficiarán los funerales en la iglesia de Nosa Señora de Fátima.

«Desde que era pequeño se caracterizaba por ser un inconformista, no soportaba la injusticia y tenía una inquietud fuera de lo normal», recuerda su padre, Javier Cudeiro Mazaira, catedrático de Fisiología en la Universidade da Coruña y director del Centro de Estimulación Cerebral de Galicia. Su familia -su tío es Jesús Cudeiro, concejal de Urbanismo en el Concello de Ourense- se aferra ahora al recuerdo de un joven inquieto y apasionado de la música, con formación superior de piano en el conservatorio. Así lo rememoran también sus antiguos compañeros en el colegio Santa María del Mar de A Coruña. Con un cociente intelectual por encima de 140 era, técnicamente, un superdotado, lo que no siempre le hizo encajar en la rigidez académica. Cursó primero de bachillerato en Estados Unidos y, a su regreso, tenía muy claro que quería realizar una carrera en un país anglosajón. Con una media de sobresaliente en selectividad y con su pasión por las motos y los coches no tuvo problemas para ser admitido y becado por la Universidad de Southampton (Reino Unido) para estudiar Ingeniería Mecánica. Antes de concluir la carrera realizó prácticas durante unos meses en la aseguradora y registradora de buques Lloyds Register, donde ya le ofrecieron un contrato de trabajo tras desarrollar un innovador sistema para calificar defectos en el casco de los barcos y que aún se sigue utilizando. Pero en su camino se cruzó un nuevo interés: la inteligencia artificial y la programación. Hizo un máster en la Universidad de Edimburgo y, cuando aún no lo había acabado, le ofrecieron, como sueldo inicial, un contrato de 50.000 libras para trabajar en el buscador de vuelos Skyscanner. También renunció porque se enteró de la existencia de un programa de doctorado en Inteligencia Artificial organizado por la Universidad de Zurich y el Instituto Max Planck de Tubinga. Colmaba sus expectativas. Y allí se fue tras superar una dura prueba. Solo la temprana muerte pudo con su inquietud. Y con su sueño.

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