Una ciudad con las arterias de cristal

A Coruña suma decenas de puntos conflictivos de tráfico que generan retenciones y molestias


A Coruña / La Voz

Los especialistas en tráfico entienden que el mayor problema de A Coruña es su vulnerabilidad, su fragilidad en puntos clave. Si todo va bien y no hay asuntos extraordinarios, la urbe funciona, pero cualquier incidencia puede convertirse en un problema para quien conduce. Los malos hábitos al volante de muchos conductores tampoco facilitan las cosas. Los atascos que se han sucedido a lo largo de esta semana lo ponen de manifiesto.

El túnel

Enésimo cierre. Lo que ocurrió el lunes en la ciudad no es nuevo. Un camión quedó atascado en el túnel de María Pita y el colapso se extendió por varios kilómetros de vías y durante horas, sin que el Ayuntamiento aplicase un plan alternativo para aliviar la situación. El centro se convirtió en una trampa para quienes desembocaban allí, sin más salida que los pasos hacia San Andrés y el paseo, donde se circula con cuentagotas.

A Pasaxe

Estrangulado a la mínima. El puente de A Pasaxe volvió a sufrir el jueves las secuelas de un accidente de tráfico. Una vez más, colas y retenciones sin espacio para dar salida a los conductores que se topan con él. El proyecto de Fomento lleva años en la nevera sin que hasta el momento se haya ofrecido una fecha para el inicio de la ampliación. Costará 25 millones, pero todavía no están consignados.

Alfonso MOlina

A la espera. Con cerca de 120.000 vehículos diarios pasando por ella, la principal vía de acceso a la ciudad sigue generando problemas ante cualquier incidencia que coincida con las horas punta. La ampliación de la avenida es una petición ciudadana desde hace dos décadas. Estuvo a punto de arrancar, sufragada por Audasa, pero en el 2015 el nuevo gobierno local de la Marea decidió que no estaba a favor de aquel proyecto y se paralizaron los trabajos previos. Hubo, finalmente, un acuerdo con la entonces ministra Ana Pastor y se retomó el proyecto incluyendo cambios que pedía el consistorio, si bien algunas sugerencias -árboles caducifolios en la mediana, pasos subterráneos para anfibios y otros- se quedaron por el camino. Sin embargo, el pacto no supuso que empezaran las obras. Hace año y medio Fomento sacó el proyecto a exposición pública y desde entonces nunca más se supo.

Los grandes nodos

Plaza de Ourense. Es uno de los cruces más complejos de la ciudad, cualquier incidencia lo colapsa y en las horas punta las retenciones son frecuentes, volviéndose graves en caso de accidentes o de cualquier otra circunstancia que afecte a las vías que desde allí se dirigen. En ese punto se prohibió el giro de 180 grados, lo que impide que los vehículos que allí se quedan atrapados puedan dar la vuelta en dirección salida. Tampoco se resolvió la permeabilidad de los que desembocan por la avenida de Arteixo y buscan dirigirse hacia los túneles. Esa es una demanda de vecinos y colectivos de transporte a la que no se ha puesto fecha.

El pavo real. La circulación no siempre es fácil en la rotonda, sobre todo desde que allí desemboca la tercera ronda. Es otro de los puntos complicados de la ciudad donde no es difícil, en horas punta, tener que armarse de paciencia. Lo mismo sucede en la rotonda de la Grela. El cruce de la avenida de Arteixo con la ronda de Outeiro es otro lugar complicado, sobre todo para los que bajan en dirección al centro, pues la regulación semafórica hace que, en casos de gran afluencia, se formen colas.

Plaza de Lugo

Doble fila por sistema. Uno de los hábitos que más perjudica la fluidez del tráfico es la práctica habitual de la doble fila. El entorno de las plaza de Lugo es el mejor ejemplo de una situación en la que los conductores reducen la capacidad de las vías incumpliendo las normas. Donde hay dos carriles de circulación, en la práctica solo se puede emplear uno, con las retenciones que eso supone sobre todo cuando se concentran muchos vehículos en las horas más complicadas del día. Los inconvenientes de la plaza de Lugo se repiten en otros puntos de la ciudad. En las calles interiores de barrios como el Agra y los Mallos es difícil encontrar calles sin aparcamiento doblado. Con todo, en vías poco transitadas el impacto suele ser menor. Es mayor en zonas más frecuentadas, como el entorno de los Nuevos Juzgados, en la plaza de Monforte, donde circular con normalidad resulta imposible en horario laboral.

MUltas

Un marcaje suave. En otras ciudades se corrigieron los malos hábitos de los conductores a base de multas. En A Coruña casi siempre se ha empleado esa vía con moderación. El año pasado la Policía Local batió el récord de multas de su historia, con 70.007, pero más de la mitad de esta cifra se corresponde con las impuestas por las dos cámaras de control de tráfico instaladas en la Marina y el Parrote. Restando estas, los números se corresponden con un año normal. Así, por ejemplo, las cámaras multaron 37 veces más que la policía en toda la ciudad a las personas que tenían sus coches aparcados en paradas de autobuses. Por este motivo se impusieron 968 sanciones en el 2017. El tratamiento de la doble fila no fue mucho más intenso: fueron 1.235 multas, más que las 840 del 2016, pero muchas menos que las 3.243 que pusieron los agentes locales durante el año 2014.

Cambios en la movilidad

Carriles bici sin medidas restrictivas. Durante el actual mandato apenas ha habido cambios en la movilidad más allá de algunas actuaciones como la construcción de los carriles bici y el ensanchamiento de aceras. Los cambios que se están llevando a cabo o están en agenda tienen que ver con la movilidad peatonal o ciclista, quitando para ello espacio a los coches. El problema es que en paralelo no se han tomado medidas para eliminar tráfico. Así, sigue sin haber carriles para el bus ni mejoras en las líneas, tampoco aparcamientos disuasorios ni zonas con restricciones de acceso más allá de la Ciudad Vieja. Así, la intensidad de tráfico sigue siendo la misma, pero con menos sitio para los coches. Pérez Ardá es un ejemplo de la incidencia del carril bici. Allí había vehículos de reparto que se subían al bordillo de la acera unos minutos. Molestaban algo a los peatones. Ahora, con los bolardos del carril bici, siguen parando, pero ocupan directamente uno de los carriles de circulación dejándolo inservible. En otros carriles bici, como el de Pablo Picasso, no es difícil ver coches que aparcan encima bloqueando completamente la vía ciclista.

Aparcamiento

En cualquier sitio. Otro mal añadido al tráfico coruñés, vinculado también al aparcamiento, es la facilidad con la que se convierten en plazas de estacionamiento espacios que no lo son. Así, por ejemplo, el carril izquierdo en Paio Gómez, al desembocar del túnel de la plaza de Lugo hacia la plaza de Pontevedra, es un espacio sistemáticamente utilizado para dejar el coche, cuando realmente se trata de un carril de circulación. Setos, bordillos, aceras y viejas zonas verdes en desuso son también espacios habituales, sobre todo en el entorno de los hospitales donde escasea el sitio y el poco que hay lo ofrecen aparcamientos de pago con tarifas elevadas.

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