«Xa era hora de que fixeran algo así»

Unanimidad en la parada para alabar la mejora que supuso llevar el transporte más allá de la estación. El bus metropolitano suma un 10 % más de clientes un año después de que estrenara las paradas del centro


A Coruña / La Voz

Viernes por la mañana en los jardines de Méndez Núñez. Se percibe cierto trasiego de gente, sobre todo mayores, caminando hacia o desde Entrejardines. Flujos más o menos continuos de caminantes, pero también de buses por el asfalto, y no de los rojos, sino de los que llegan de fuera.

Desde hace un año Entrejardines se ha convertido en una sucursal de la estación de autobuses, y su impacto en la movilidad de la ciudad no es menor. Forma parte de las nuevas paradas al centro de los buses metropolitanos -que también se detienen en la Palloza, plaza de Ourense y plaza de Pontevedra-, siendo la más frecuentada de ellas. Por la estación de ferrocarril pasan cada año 1,4 millones de viajeros. Por las nuevas paradas del bus, 1,3 millones, casi los mismos, aunque con mucho menos aparataje.

De hecho, basta con una línea amarilla y una amplia marquesina. Bajo ella se refugian preventivamente media docena de personas de la amenaza de lluvia.

«Disculpen, me gustaría saber qué les parece que el bus llegue hasta aquí en vez de quedarse en la estación». Hay absoluta unanimidad en la respuesta, y en alguna de ellas, casi vehemencia para defender el cambio. «É unha marabilla poder chegar até aquí», cuenta Julia Esmorís, que espera el transporte público para regresar a A Laracha, de donde ha llegado horas antes. El viaje a A Coruña, indica, lo hace con frecuencia, el viernes, en concreto, para acudir a una consulta en el Abente y Lago. Tampoco le importa que no le deje en la puerta del hospital, porque desde Entrejardines, indica, se llega dando un paseo.

Más se explaya sobre las mejoras que ha supuesto el cambio de recorridos Balbina Rey, que desde Perillo acude con mucha frecuencia a A Coruña. «Xa era hora de que fixeran algo así», dice recordando el engorro que para ella suponía tener que ir a la estación de autobuses y hacer transbordos. Recuerda que además de detenerse en Entrejardines ahora existe la opción de hacerlo en la Palloza y la plaza de Pontevedra. «Parar no centro está moi ben, non hai quen diga o contrario, menos mal que o puxeron», abunda, y concluye: «Isto é o mellor que puideron facer».

A su lado José Antonio Arias, que también regresa a Perillo, se suma a las apreciaciones positivas sobre el servicio que lleva un año prestándose en la ciudad. «Estou moi contento, e si non o cobraran aínda estaría máis, veño todos os días a visitar á familia», dice con ironía.

Facilidades

Con paso rápido enfila Manuel Pereira, a sus 80 años, hacia los jardines tras bajarse del bus que hace la ruta desde Arteixo. Él se sube a diario en Vilarrodís, donde vive, y desciende en Entrejardines para hacer horas después el camino inverso.

«Veño todos os días a pasear, aquí teño os meus amigos, non é nada complicado, e é máis práctico para aquí para todo», indica Pereira, satisfecho con la reordenación del transporte.

La novedad que supuso la llegada de los buses al centro el año pasado no era, realmente, tal novedad. Los más veteranos recordarán que hasta los años setenta buses y troles llegaban el centro a diario. Fue en esa década cuando se decidió construir una estación de autobuses y retirar esos vehículos de las calles, precisamente para no interferir en un tráfico cada vez más intenso.

La estación se abrió en el año 1975 en su ubicación actual, y aquella paz de tráfico que se buscaba tenía también sus daños colaterales con lo que supondría para los usuarios tener que hacer transbordos a las líneas urbanas. Poco antes de su apertura, los obreros de Vilaboa se quejaban de que el viaje diario, que antes pagaban a siete pesetas, se les iba a poner en el doble de precio precisamente por la necesidad de coger desde Cuatro Caminos otros bus para su destino.

Pero la estación llegó y se quedó y siguió funcionando bajo la premisa del transbordo hasta el año pasado. Lógicamente, quien llegase desde O Burgo o desde Santa Cristina se tenía que armar de paciencia si optaba por el transporte público para alcanzar el centro de A Coruña. De hecho, seguramente se logró aliviar el tráfico quitando los buses de las calles, pero en paralelo subió el tránsito de coches, que permitían llegar mucho más rápido al destino elegido.

Pasados 43 años desde la apertura de la estación parece haberse demostrado, con 350 buses circulando cada día por el centro de la ciudad, que las premisas que animaron la construcción de aquella infraestructura -descongestionar el tráfico- estaban equivocadas en lo tocante a los metropolitanos, porque no hay más retenciones. Quién sabe, al final hasta es posible que vuelvan a circular los viejos troles.

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