Peatones cruzan la Estrecha de San Andrés pese a estar cerrada por peligro de desplome de un edificio

Una mujer resultó herida al caerle un cascote que se desprendió de una medianera en el la calle Matadero

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Peatones cruzan la Estrecha de San Andrés pese a estar cerrada por peligro de derrumbe de un edificio

A Coruña / La Voz

El deterioro de inmuebles en la ciudad siguen provocando riesgos. Una mujer necesitó ayer tarde asistencia médica tras caerle un cascote que se desprendió de una medianera en el 76-78 del Matadero. El saneamiento de la zona, entre los dos edificios, uno más moderno y otro más antiguo llevó dos horas a los bomberos.

Esto sucede cuando aún no se ha solucionado el problema en el 11 de la Estrecha de San Andrés, en el que hubo desprendimientos el lunes y que tiene orden de demolición, pero debe mantenerse su fachada, catalogada en el Pepri. Eso indicaron ayer desde el Ayuntamiento, tras la visita de una técnica de la Oficina Municipal de Rehabilitación.  El gobierno local dice que no descarta actuar de manera subsidiaria. Pese a que la zona sigue acordonada y seguirá hasta que se retire la galería, el tráfico de personas por la calle no ha cesado. Tanto del lado de San Andrés como el que desemboca en la calle Pontejos, las vallas instaladas por la Policía Local han sido parcialmente separadas y son muchas las personas que cruzan por la zona del desplome. Incluso, con coches de bebés, según relatan vecinos de la zona a Voces de A Coruña, el programa de Radio Voz. 

El mal estado del patrimonio local y la falta de estímulos para su conservación generó ayer críticas entre el colectivo de arquitectos de la ciudad e incluso entre la propia plantilla de María Pita. En un radio de 200 metros los que se encuentran en una situación bastante parecida abundan. Los hay en Panaderas, en Cortaduría y también en Varela Silvari.

«Las políticas de conservación están muy bien si van apoyadas con una política de refuerzo económico. No se pueden imponer cargas y cargas a los propietarios cuando la mayoría son casas con alquileres antiguos y el dinero no llega ni para aguantarlas», decía ayer un alto funcionario de la Administración local para quien «hay mucha publicidad institucional de que hay ayudas para la rehabilitación, pero normalmente las ayudas nunca llegan porque al que se las pueden dar, después no le dan los créditos».

Alberto Unsain, quien fuera delegado del COAG en A Coruña, criticaba también ayer la política municipal al respecto: «Lo que hay que poner son ayudas, ayudas y ayudas, a lo mejor hay que elegir entre destinar siete millones a la cubierta de Riazor o a que el patrimonio se mantenga vivo y en buenas condiciones», decía. «Aquí no hay ayudas, y a las pocas que hay resulta muy difícil acceder, son escasas y se agotan al día siguiente», sostiene.

Para Plácido Lizancos, profesor de Arquitectura en la UDC, «xa hai un corpo legal fantástico que permite expropiar ou incentivar a iniciativa pública ou privada», una cosa es la norma y otra su aplicación. «A Administración local ten que promover un estudo detallado do casco histórico para ver o que hai e como impulsalo», dice Xosé Lois Martínez, arquitecto, quien entiende que el problema emana de las políticas desde los ochenta.

«Non me caeu enriba de milagre, saín fóra porque me dixo Deus que saíra»

E. Eiroa
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Susto en la calle Orzán por la caída del falso techo del bar Santa Comba Los bomberos trabajaron para retirar los escombros, asegurar la zona y comprobar que no había daños estructurales en el edificio

Pura Cancela, propietaria del bar Santa Comba, acababa de salir al exterior del establecimiento en el momento del derrumbe

Faltaban unos minutos para las diez de la mañana cuando Pura Cancela sintió un fuerte ruido a sus espaldas. Cuando se dio la vuelta descubrió que el estruendo provenía de su local de hostelería: todo el falso techo se había desprendido repentinamente y había convertido el bar Santa Comba, un clásico de la calle Orzán, en un local lleno de escombros.

Cancela, propietaria del establecimiento, contó ayer a Radio Voz, minutos después del siniestro, lo que allí había ocurrido: «Saín cunha mesa para fóra e entrei outra vez, e sentín un ruído como dunha botella de plástico que cae ao chan, saín outra vez e xa vexo caer todo o teito», cuenta.

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