El otro protagonista de la boda del año


«Por la tarde hubo una simpática fiesta y de noche se celebró un banquete de gala, al final del cual hubo un baile que estuvo animadísimo y duró hasta la medianoche». Bien podría ser esta una pincelada de la fiesta que Marta Ortega y Carlos Torretta ofrecieron anoche para familiares y amigos en el Real Club Náutico de La Coruña, ya como recién casados… Pero no lo es. Es la descripción de la velada inaugural del edificio de la Dársena, el 16 de julio de 1929, en la crónica publicada por La Voz de Galicia al día siguiente. Los tiempos, las modas, las costumbres han cambiado. Pero el espíritu de la celebración de anoche fue similar al de aquella puesta de largo, con lo más conocido de la sociedad brindando en el amplio salón de la primera planta y una multitud de público arremolinada en la calle.

Tenemos los coruñeses fama de hogareños, de apegados a nuestra ciudad y a nuestra gente. Y así ha sido de nuevo. La familia Ortega celebró el matrimonio de Marta en su casa del paseo de la Dársena, como habían celebrado el anterior en su casa de Anceis (Cambre), y eligieron para festejar este segundo enlace el palacete que ven a diario desde su ventana, el viejo edificio del Náutico que, a su manera, ha sido también protagonista de la boda.

El Náutico nació por el encomiable impulso de un grupo de aficionados al remo y a la vela, pero lo hizo también con una vocación de club social que jamás perdió. Las cenas, los bailes, los guateques -¡cuántos coruñeses han disfrutado de las fiestas de Fin de Año en el edificio o de los sábados de verano en el pub!- han sido motor de una institución que para varias generaciones es parte de la historia de A Coruña y de su paisaje urbano.

La sede social del Náutico siempre ha estado ahí, como un faro que recibe a los coruñeses en la Marina y que guía a los marinos que entran por el puerto. Aunque la sociedad como tal se creó en 1916 (tiene 102 años), el pabellón de la Dársena se inauguró aquel 16 de julio de 1929. Era algo más pequeño que el actual y fue obra del arquitecto Antonio Tenreiro. La reforma integral acometida años más tarde finalizaría el 16 de julio de 1950 tras el trabajo del arquitecto Rodríguez Losada y de la empresa Rodolfo Lamas construcciones, que dieron al palacete la forma y el aspecto con que lo conocemos hoy.

Quizá la centenaria sociedad no pase por sus mejores momentos, lejos de aquel esplendor de los inicios, pero el Náutico, que va a estar esta semana en todos los periódicos y en todas las revistas del corazón, reverdeció laureles anoche con un ilusionante impulso que, bien aprovechado, puede traer viento de cola a sus viejas velas. Tal vez porque alguien, asomado a la ventana de su casa, decidió que era el momento de que recuperase esplendor.

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El otro protagonista de la boda del año