Héroes de 600 gramos

HOY ES EL DÍA DEL PREMATURO Y YES lo celebra por todo lo alto. Pasamos una jornada en la unidad del Materno para ver cómo estos pequeños héroes y heroínas, que no superan el kilo de peso, luchan por salir adelante con el cuidado fundamental de sus padres

«Dei a luz a un guerreiro de 24 semanas e 650 gramos» Igor nació en el límite de la viabilidad. Ahora es un niño sano y feliz, que «sobreviviu a todo» tal y como indica su madre Noelia

Son héroes que van por delante, que le han pegado un buen mordisco a la vida y luchan con todas sus fuerzas por sobrevivir. «Son unos valientes que van a salir, es un milagro que estén aquí», me dice Lorena, la mamá de Jimena, mientras la sostiene con toda la delicadeza pegada a su cuerpo, latido con latido, para que su bebé sienta esa protección única. Jimena tenía que haber nacido el 11 de enero del 2019, pero vino al mundo por sorpresa el 13 de octubre, con 960 gramos, nada más cumplir la semana 27 de gestación. Un parto inesperado que fue todo un shock.

«Yo tengo 36 años, todo iba por el libro -relata-, pero de repente noté unas molestias, fui al baño y tenía un pequeñísimo sangrado; me iba a ir para casa a descansar, porque soy primeriza y no tengo experiencia, y gracias a que mi cuñada me trajo al hospital ahora puedo tener a mi hija en los brazos. Cuando llegué estaba dilatada de cinco centímetros; la ginecóloga me dijo que de no haber venido, hubiera parido en casa y la niña hubiera muerto».

Jimena es una prematura extrema, que hoy está rodeada de cables (como ven en la imagen), pero su manita se agarra al dedo de su madre como el mejor sostén que la mantiene con vida. «Las madres son la mejor medicina, no hay otra igual. Al principio tienen miedo de contagiarlos al tocarlos, pero no hay ningún sitio mejor para que el niño tenga el confort, la tranquilidad que necesita, que su colo», me explica Loli Eiriz, la supervisora de enfermería de la uci de la Unidad de Neonatología del Servicio de Pediatría del Materno de A Coruña, donde Jimena está ingresada. En su «cajita de cristal» le han puesto una medalla por su valentía, hace unas semanas superó el kilo de peso y se merece una distinción.

EL CALOR DE UNA MADRE

«Esto ha cambiado desde la última vez que viniste hace cinco años», me dice José Luis Fernández Trisac, neonatólogo responsable de la parte médica y coordinador de la unidad, «ahora somos menos agresivos con ellos, respiratoriamente les damos soporte menos invasivo, y sobre todo procuramos que estén con sus madres lo antes posible».

«Cuando se marchan de alta les damos un diploma de graduación, les colocamos su birrete y posan con sus padres para la foto oficial. En el diploma consta su edad gestacional, su peso al nacer y el peso cuando se van. Les ponemos ‘pequeño héroe’ o ‘pequeña heroína’ porque todos lo son». Lo dice él que ha hecho milagros junto a su equipo (en total son 5 neonatólogos, 35 enfermeras y 22 auxiliares) y sigue haciéndolos. El ejemplo del birrete es otro detalle más de lo que se ha construido en esta pequeña «isla» dentro del hospital, en la que se han roto todas las barreras entre los médicos, los pacientes y las familias.

Un universo en el que los profesionales han trabajado en equipo, codo con codo, para conseguir generar una atmósfera de humanidad que no es habitual encontrar cuando se cruzan las puertas de una uci. Me lo repiten una y otra vez los padres cuando me acerco a ver cómo están sus bebés, porque el equipo del Materno nos las ha abierto de par en par para que hoy en YES comprobemos en directo cómo es una jornada con ellos, y para celebrar que el 17 de noviembre es el Día Internacional del Prematuro.

«UN CARIÑO DIFERENTE»

«Esto no es normal, hay un cariño y un mimo diferente, nos dejan estar aquí todo el tiempo que queremos con nuestros hijos en los brazos, de día y de noche, no hay límite; los médicos pasan visita con nosotros por el medio, si tienes que llorar lloras y ellos están contigo, no te dejan jamás; las enfermeras se desviven, les calcetan gorritos a los niños, les ponen medallas cuando ganan el kilo, el mes, celebran con nosotros los logros y se preocupan también por nosotros cuando tenemos nuestros bajones. Fíjate si no en Carmen (otra de las enfermeras), acaba de coger a Ariana en su pecho porque estaba inquieta y le está cantando en su colo, eso se te queda en la retina para siempre», apuntan.

«En el mundo nacen 15 millones de prematuros -señala el doctor Trisac-, y en este hospital nace uno cada día, y de esos, entre 40 y 60 son extremadamente prematuros (por debajo de un kilo y medio y menos de 32 semanas de gestación), así que para nosotros lo mejor sería no tener que festejar el día de hoy. Creo firmemente en la teoría de la evolución, y en que cuando la esperanza de vida sea de 100 o 120 años, el cuerpo de la mujer estará preparado para dar a luz a los 40 años, eso favorecerá que no haya tantos niños prematuros, pero nacer van a seguir naciendo».

SIETE BEBÉS EN LA UCI

Hoy en la uci del Materno hay siete bebés, alguno de ellos no es prematuro, aunque necesita unos cuidados especiales, y se puede decir que tienen un día «intenso». «Cuando nos hemos visto sobrepasados aquí había diez niños», explica Loli, que constata que en estos momentos hay bebés muy delicados.

«Hay que estar muy vigilantes con ellos, el prematuro nace con su estructura neuronal en pleno apogeo y tiene que hacer ese desarrollo en un ambiente hostil. En el útero de su mamá todo es placidez y nosotros tenemos que protegerlo de que no reciba esas agresiones para que su cerebro no sufra. Todo es importante, sus pulmones, evitar hemorragias, pero todos entendemos la diferencia entre que un niño tenga déficit visual y que sea paralítico cerebral. Las medidas con el prematuro tienen que ser extremas». No se trata de que el niño sobreviva, sino de que viva bien, sin problemas.

«El límite de viabilidad lo tenemos en 24 semanas, y poco más de 600 gramos de peso, pero lo que realmente importa es que ese bebé hoy es un niño totalmente normal, sano y fuerte», advierte Trisac. Sin duda, porque Igor es todo un guerrero de 3 años, que no le ha dado ni un solo problema a su madre, Noelia, que más adelante me cuenta con detalle su experiencia, pero avanza que en su crecimiento no notó ningún cambio con relación a su hijo mayor, que nació a término, con 4 kilos, hace 14 años: «Igor era unha minchiña de medio quilo e non colle nin un catarro, criouse mellor ca o outro; eu creo que despois de todo o que pasou é imposible que se poña malo».

«Ser prematuro es una condición que te acompaña toda tu vida -dice Trisac-, como ser rubio, alto o bajo. Hoy lo satisfactorio es que la mayoría salen adelante y sin problemas». Lorena, la madre de Jimena, lo sabe, pero nadie le quita por el momento el miedo. «Ayer me dijeron que había tenido una pequeña hemorragia cerebral, fue un disgusto muy grande, aquí cada día es una cosa y tengo mucho miedo de que tenga algún problema neurológico. A la gente le dices que es prematura y lo primero que te contestan es: ‘Bueno, ya engordará’, lo siguen asociando a la falta de peso, y no es eso, sus órganos no están maduros, tienen que desarrollarse, cogen muchas infecciones, es muy duro, nadie te prepara para algo así».

«LE HABLAS Y LO NOTA»

Ella no se despega de su hija, tiene la certeza de que así respira mejor y hace turnos con su marido para que los dos puedan disfrutarla. «Tú le hablas a la niña y notas que te busca con la mirada, afortunadamente yo pude cogerla a los tres días de nacer, aunque al principio ya las enfermeras le ponían un paño con el olor de mi piel en la incubadora para que me fuera reconociendo. 

Esto es una tranquilidad para las dos, hacerle el método canguro le evita apneas, porque son tan pequeños que se olvidan de respirar. Al principio me asustaba por todo, los ruidos del monitor, los cables, pero ahora ya soy una experta». Aunque no se sabe por qué nace un niño prematuro, Lorena, como casi todas las madres que pasan por esta experiencia, se ha echado la culpa. «No la tienen en absoluto ?zanja rotundo Trisac?, eso ponlo bien claro». «Se sienten fracasadas, creen que tenían que haber parado de trabajar antes, que no atendieron bien la gestación, que no fueron capaces… Y hay que quitarles todo eso de la cabeza. Pasó y punto, no hay un único motivo», apunta Loli.

Casualidad o no, las madres que están hoy en la uci son primerizas, tienen 29 años, 32, 36… ninguna llega a los 40, no hay gemelos ni los niños son resultado de fecundaciones clínicas. Una de ellas está dándole de comer a su hija con una jeringuilla, como si fuera un pajarito, aunque primero le mete su dedo con cuidado en el paladar para estimularla. Su bebé nació con 35 semanas y ese mismo día, a las pocas horas, tuvieron que operarla. Por suerte, ya nació con el reflejo de succión y le resulta más fácil alimentarla, porque esa es otra de las dificultades que tienen las madres de los prematuros.

En esta unidad han hecho una apuesta por la lactancia materna y son centro satélite del banco de leche de Santiago para que no les falte mientras la madre no puede producirla. «A diario hacemos una estimación de lo que necesitamos en la semana, la solicitamos ?explica María Taboada, neonatóloga responsable del banco de leche?, y en 24 horas nos la mandan congelada a 70 grados bajo cero». «El banco es importante, pero también el grupo de enfermeras especializadas en lactancia que hemos constituido aquí -dice Trisac-, les enseñan a las madres a lactar, incluso cuando no pueden hacerlo directamente de su pecho, las alientan en el uso de extractores. Eso ha generado muchos beneficios para los niños».

«Las madres de prematuros -indica Alba Sánchez, una de las enfermeras encargadas de esta tarea- producen durante el primer mes una leche que se adapta a las necesidades anatómicas y fisiológicas del bebé, esa leche tiene una protección mayor, por eso nos interesa que esas madres la produzcan. Esto supone un gran esfuerzo, no es fácil porque no pueden amamantar a un bebé de 800 gramos, de ahí que sea muy importante el contacto piel con piel, que genera un vínculo y un apego, y gracias a eso, la madre libera oxitocina, que favorece la producción de leche. Con el método canguro favorecemos el vínculo, pero también la lactancia. Nosotras estamos para ayudarlas y si no pueden o no quieren lactar, tenemos la del banco, que complementa».

«¿TIENES HAMBRIÑA, SÍ?»

Mientras por un lado Alba le enseña a Yoanna a darle el pecho a su hija Gianna -«fíjate, si se echa la mano en la boca o echa la lengua es que tiene hambre»- , otra enfermera empieza el baile con otro bebé en el regazo: «Le voy a dar ya, ¿tienes hambriña?, ¿sí? Ya, ya, cariño, ya».

La uci se llena de repente de médicos que pasan visita. Ya se reunieron a primera hora con las enfermeras para saber cómo fue la noche y los cambios que había que hacer en la medicación, pero ahora comprueban que esas decisiones hayan sido las correctas. Van niño por niño, y los padres no se mueven de su sitio, nada se altera. La uci de neonatos, cinco años después de mi primera visita, está cambiada. Está pintada de otro color menos intenso, prácticamente en penumbra, las incubadoras están protegidas con cobertores y apenas hay ruido, solo el de los monitores.

«Hemos apostado por un entorno menos hostil, aunque el aparataje es el mismo. La tecnología que lleva un móvil es más compleja que cualquiera de estos aparatos, pero si un móvil cuesta mil euros, un dispositivo de electromedicina ronda los 40.000, lo cual nos tendría que hacer reflexionar como sociedad».

En cualquier caso no hay carencias de cariño. Todo lo contrario. «Aquí hay puertas abiertas de verdad -insiste Loli-, yo siempre les digo a los padres: ‘Si de repente te despiertas a las 3 de la mañana en casa angustiado por cómo se quedó tu hijo, coge el teléfono y llámanos, que siempre estamos. Yo espero que dentro de cinco años puedas venir y ver cumplido nuestro sueño de que los padres duerman en habitaciones aquí dentro con ellos».

«LOS PADRES VEN TODO»

«Trabajar de forma abierta -señala Trisac- transmite seguridad. Nosotros hemos tenido que reanimar a niños por parada cardíaca en presencia de los padres. Esa es la gran transformación que hemos vivido en este tiempo, pero de esa manera comprueban nuestro empeño en solucionar de manera profesional. Antes cuando se moría un niño te pedían explicaciones, ahora nos dan las gracias, saben que hemos hecho todo lo posible. Les permitimos que estén con sus bebés desde el primer minuto de vida hasta el minuto cero, si por desgracia, sucede. Eso les ayuda a recuperarse de la pérdida».

La relación es estrechísima con las familias porque suelen estar con ellos una media de tres meses. «El alta llega casi siempre cuando los bebés tenían programado su nacimiento, de ahí nuestro vínculo tan íntimo ?cuenta Loli?, nos llamamos todos por el nombre y es lo normal cuando se pasa tanto tiempo juntos, en momentos de tanta fragilidad emocional. Calcetar gorros son gestos de cariño hacia sus papás, es nuestro valor añadido; que un médico sepa diagnosticar o una enfermera suministrar un antibiótico se da por supuesto. Una de las grandes cosas que tenemos los que trabajamos en pediatría es que podemos dar y recibir ternura, con los adultos es más limitado, pero con un niño das y recibes. Por eso hacemos los gorros y festejamos todo lo que haya que festejar: el día de la madre, del padre, nos disfrazamos todos en carnaval…».

Loli me enseña, emocionada, fotos de esas «minchiñas» que posan vestidos como la Sirenita, Robin Hood, y me muestra más imágenes de los bebés que se han diplomado como héroes con su birrete. Ahí estará pronto Jimena y los niños que hoy están en la uci abrazados, piel con piel, a sus papás. Esos valientes que se han agarrado con todas sus fuerzas, mucho antes de tiempo, al milagro de la vida.

«Soy una princesa valiente que nació en una cajita de cristal»

Sandra Faginas

Martina, que al nacer pesó 860 gramos, ahora tiene tres años y es una niña sana y feliz

Los ojos de Martina dicen que es una niña feliz. Me coge de la mano cuando llego a su casa, y aunque su hermana pequeña está a su lado, ella prefiere ignorarla (señal de que todo va normal) y centrarse en la conversación conmigo, sabe que hoy la protagonista es ella, que he venido a hablar de cómo vino al mundo.

 

Así que cuando su madre, Ana, saca de una carpetita los recuerdos de su nacimiento, la medalla de haber superado el kilo y su primer pañal, ella me avanza el titular: «Soy una princesa valiente que nació en una cajita de cristal, ¿sabes?».

Seguir leyendo

«Dei a luz a un guerreiro de 24 semanas e 650 gramos»

Sandra Faginas
«Dei a luz a un guerreiro de 24 semanas e 650 gramos» Igor nació en el límite de la viabilidad. Ahora es un niño sano y feliz, que «sobreviviu a todo» tal y como indica su madre Noelia

Igor nació en el límite de la viabilidad. «Era un suspiriño», dice su madre, Noelia.

Si hay niños valientes es también porque hay madres que le echan mucho valor a la vida. Es el caso de Noelia, que no se dio por vencida ni cuando sintió que había caído en un profundo hoyo después de una terrible experiencia.

«Non sabes por que pasan as cousas, pero foi así: eu tiven un primeiro fillo, que agora xa ten 14 anos, sen ningunha complicación, foi todo perfecto, pesou catro quilos e non tiven problema ningún. De sempre dixen que quería ter algún máis, pero gustábame que o maior fose xa grandiño, así que unha cousa por outra, cando tiña oito anos o maior quedei embarazada dunha nena. Estabamos felices, contentísimos, e de súpeto, o Día da Nai, o 5 de maio do 2013, cando estaba de 24 semanas xustas, púxenme de parto. Cheguei no límite a urxencias e parín alí mesmo, non deu tempo a máis, foi un desastre, e a miña nena morreu». Noelia no se rindió, pero tuvo claro que ese horror de la pérdida de un hijo solo sería capaz de superarlo si tenía otro. «Eu sentía que era a miña curación», confiesa.

Seguir leyendo

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de A Coruña

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

Héroes de 600 gramos