El abandono de inmuebles centenarios pone en peligro el patrimonio urbano

El deterioro de obras emblemáticas y de los edificios del bum inmobiliario de los setenta se contabiliza por cientos


a coruña / la voz

Se suele asociar la palabra despoblación con el ámbito rural. Sin embargo, la pérdida de habitantes no es un fenómeno único de las localidades aisladas. A Coruña, destaca Plácido Lizancos, el arquitecto responsable del trabajo Empty Coruña?, «ten o mesmo censo que hai 30 anos». El proyecto, en el que siguen trabajando, subraya una realidad demográfica de la que no escapa la urbe: desde el 2008 un 20 % de sus viviendas han quedado desiertas.

Hay distintas razones. El crack económico, con efectos como los desahucios, es solo uno. «Hai unha realidade, aparentemente igual, pero con distintas casuísticas. Nos Mallos, Sagrada Familia e A Gaiteira abundan os inmobles deshabitados polo seu baixo confort. Construídos na expansión dos sesenta e setenta, teñen habitacións sen ventás, patios pequenos e ningún ascensor; en Pescadería e a Cidade Vella os edificios abandonados soen ser inmobles de máis de cen anos, catalogados; en Monte Alto e Atochas quedaron paradas obras que pretendían facer moles sobre terreos onde había unha vivenda unifamiliar; en A Zapateira quedaron moitas obras inacabadas», detalla el docente de la Escola de Arquitectura de la UDC. En total, llevan contabilizados 2.000 elementos arquitectónicos abandonados en el área de A Coruña -que extienden fuera del municipio, como a Meicende-, y 400 edificios completos sin un alma dentro.

Una ciudad «resiliente»

Aunque la falta de vecinos afecta a todo tipo de construcciones, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) cerca de 20.000 están desocupadas en A Coruña, son los inmuebles antiguos los que más preocupan. «As pintadas e os okupas son o reflexo dunha realidade: a da Coruña baleira», argumenta Lizancos. Las propiedades compartidas por herencias, las exigencias de Patrimonio o la falta de servicios están dejando desérticas instalaciones que forman parte de la historia urbanística local. «Se a comparamos con vilas como Monforte, non está tan ferida, é unha cidade con máis dinamismo, pero tamén é resiliente», opina.

El director ejecutivo de la constructora coruñesa Desarrolla, Gerardo Collazo Esmorís, prefiere destacar que nunca es tarde. «Hoy en día, a nivel técnico se puede resolver cualquier situación de deterioro, tanto de acabados como en el ámbito estructural y de fachadas», apunta. «O parón da crise -coincide Lizancos- permítenos repensar a cidade que queremos». Collazo habla de una nueva etapa: «Se puede palpar una mayor actividad de rehabilitación asociada a la promoción inmobiliaria, tanto para venta como para arrendamiento».

Pero, para que las reformas se consoliden, los propietarios reclaman una mayor línea de ayudas y más agilidad burocrática en las instituciones implicadas. Para los defensores del patrimonio inquieta, sin embargo, el último plan de la Xunta: pretende que no sea necesario su permiso para reformas a no ser que el inmueble sea Ben de Interese Cultural (BIC) o tenga reconocida una protección integral. 

Reparación frente a feísmo

«La vida de una vivienda no es eterna. Tanto la rehabilitación como el mantenimiento son procesos necesarios para que un inmueble no llegue a un estado ruinoso. La restauración aporta vida al inmueble y cambia en gran medida la del usuario por las mejoras que una correcta actuación supone en lo referente a eficiencia energética, acústica, confort y condiciones estéticas», alega el gerente de Desarrolla.

Un impulso que, añade Gerardo Collazo, «además de la mejora estética, dinamiza la actividad comercial y social de los barrios, eliminando el feísmo urbano y el peligro para los transeúntes que suponen los edificios en ruina». Nada es para siempre, más aún cuando se descuida. En lo humano y en lo arquitectónico.

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